| 01-10-2006 - Huellas, n.9
México El “paro de los maestros” en Oaxaca Educar aun en medio Monopolio de la educación Radicalización Urge una solución MANOS A LA OBRA En medio de las manifestaciones y las protestas en Oaxaca algunas personas, desde su pertenencia a CL, responden en primera persona tratando de ofrecer a la ciudad su ayuda y su trabajo cotidiano Soy maestra de educación media superior en Oaxaca desde hace más de 30 años y siempre vi el dar clases como un trabajo más entre otros, hasta que llegué a CL, donde descubrí el valor tan grande de mi tarea que me permite ser sembradora del Misterio en el corazón de los jóvenes que el Señor ha puesto en mi camino. Lo que he aprendido en CL me permitió, además de valorar y amar más mi trabajo, comprender mejor a esos adolescentes inquietos que a fin de cuentas buscan a ciegas lo mismo que yo. Ante lo que vivo en Oaxaca el sentimiento predominante es dolor y enojo por ver a mi ciudad destrozada, sucia e intransitable, por la gente desempleada o sin ingresos, por los negocios que tienen que cerrar, porque los ciudadanos tienen que hacerse justicia por propia mano culpando a unos y a otros y esperando que “alguien” resuelva el problema, aunque ya no esperan mucho de nadie; en pocas palabras, viviendo en la desesperanza. Me duele sobre todo el daño a la niñez y a la juventud de Oaxaca por la falta de clases, sin que los que se dicen “redentores del pueblo” tomen conciencia de ello, porque ni los niños ni México se merecen una omisión como ésta. Paradójicamente, sin embargo, yo vivo en paz, porque sé que aunque no lo pueda entender en este momento, todo tiene un por qué. Si tú me lo das, Cristo, yo lo abrazo. En este no dar clases estoy dando mi “sí” a Cristo. Si esto hubiera sucedido hace algunos años, antes de llegar a CL, yo sería parte de los desesperanzados; sin embargo, ahora pido ser un humilde instrumento para transmitir a otros la certeza que no nos abandona y que en medio de este caos tal vez lo que quiere es que volvamos el rostro y lo miremos a Él. Por ello vuelvo a repetir mi “sí” a Cristo cada mañana, y cuando pido por la paz en mi ciudad y en mi país, como la Virgen repito: “Hágase en mí y en Oaxaca según tu palabra”. Carta firmada Tengo una casa de huéspedes y una tienda de artesanías; en la esquina pusieron desde hace meses una barricada. No se puede caminar libremente, por supuesto que los carros no pasan. Por las noches me llega el olor a llanta quemada, voces, carreras, gritos es lo que escucho. Cuando fue el desalojo, me tocó respirar el gas lacrimógeno, viví horas de gran tensión. Por las mañanas cuando voy a misa de 8:00 a.m. para reunirme con mis amigas de mi Fraternidad San José, me sorprende verme contenta y segura y al regresar miro mi casa semivacía, tengo un solo huésped (cuando antes estaba siempre llena), en mi tienda vendo en un mes lo que vendía antes en un día y, me doy cuenta que esto no me determina; vienen a mí las palabras de don Giussani: «Se vive por amor de algo que esta sucediendo ahora». En estas circunstancias puedo sentirme abrazada por la presencia de Cristo que se manifiesta a través de mis amigos. Muchos a mí alrededor me preguntan cómo puedo vivir así y yo los invito a la Escuela de comunidad. El domingo, escuchando la misa en la catedral, nuestro arzobispo dijo: «Debemos volver a rezar el Angelus al medio día por la paz de Oaxaca». La alarma de mi celular suena a las doce del día para rezarlo, el día de ayer estaba en la sala de espera del Hospital del Seguro Social e invité a la enfermera y me asombró que no solamente ella contestó que sí, sino que invitó a otras compañeras, diciéndome que no se sabían esa oración. Se lo escribí y lo rezamos juntas. Lo mismo sucedió con Don Manuel artesano de tapete de lana que al comentarle la propuesta del señor arzobispo y diciéndole lo que don Gius me ha enseñado del sí de María me contestó que, por favor, se lo enseñara porque quería rezarlo con su familia y sus vecinos. Beatriz Velásquez Ayala Hoy oí por primera vez el repique de las campanas a las doce de la mañana. Sin embargo, me alarme: ¿por qué tocan hoy si solo lo hacen el domingo a las doce? En el messanger mi hermana me recuerda que es la hora del Angelus. Me siento rara, hace muchos años que no lo rezo a las doce, desde que estudiaba con las monjas. Me retiro de la computadora y comienzo a rezar, a un lado tengo una hojita con la letra del canto Reina de la Paz de Chieffo. Trato de entonar el canto que tanto me gusta, y me doy cuenta que no estoy sola, que a través de CL he podido vivir este tiempo tan inestable en Oaxaca. Los primeros días fueron de angustia indescriptible, de tristeza, con un sentimiento de perdida irreparable. Fue un encontrarme conmigo y decir: ¿a que estoy atada? ¿A la familia? ¿A la ciudad? ¿A los bienes? El dolor fue muy grande. Leer la letra del canto, me hace recordar que sola no puedo vivir, que si estoy frente a la computadora tratando de hacer mi vida, es solo porque hay gente como mis amigos, como los sacerdotes de la Fraternidad de San Carlos que acompañan. ¿Qué más puedo pedirte Señor? Sólo agradecerte que hasta el día de hoy me das todo lo que necesito a través de caras concretas, de nombres y apellidos, todos ligados a Ti, por medio de CL. Carta firmada Dentro del trabajo cotidiano voy a hacer visitas domiciliarias y ahí en ellas el Señor me permite percibir cuánto dolor hay en esta ciudad, que parecía a simple vista bella y ordenada y hoy que es una ciudad en problemas se aprecia destruida y se puede mirar más el dolor que antes, yo misma no percibía. Frente a la destrucción paulatina y dramática en muchos momentos de la ciudad puedo darme cuenta de que es necesario que venga Otro más grande que todos los intentos, que todos los ‘puentes’ que se tratan de hacer para que se construya. «Si el Señor no construye la ciudad en vano se cansan los albañiles», es verdad. Así también es verdad que para la reconstrucción de mi misma es exactamente lo mismo. Pido que frente a lo que vivimos hoy en Oaxaca, acontezca para mí y para todos sus habitantes el milagro de amor de Su mirada, como ha acontecido y sigue aconteciendo día a día, mediante los rostros de cada uno de mis amigos, rostro de Aquel que ha dado su vida y ha resucitado por cada uno de nosotros. Carta firmada Hoy nos levantamos después que durante la noche, en varias ocasiones, el ruido lejano de las armas nos ha despertado y, con cierto asombro de mi parte, por un instante me doy cuenta de qué fácil es que esto se reduzca a una molestia que espero pase pronto sin que me afecte. Sólo al iniciar el día con el Angelus y los Laúdes volví a reconocer a Jesús, el sentido de las cosas que nos salen al encuentro como presencia amiga que permite afrontar la realidad con creatividad y responsabilidad, ciertos de la victoria ya presente sobre el mal que, antes que nada, es el mío. Hoy por segundo día consecutivo no abriremos la escuela para no exponer a los niños y a sus familias al peligro y al tráfico complicado por las barricadas que están puestas en las calles de la ciudad. El pensamiento de qué les diré a los niños cuando finalmente los tendré delante de mí, que le diré a las maestras y a las mamás es la provocación a retomar el sentido de nuestra pequeña obra, la primaria Alecrim, el deseo y la responsabilidad de educar en un abrazo cabal hacia la realidad sin miedos ni conveniencias mezquinas. ¡Gracias a Dios la realidad existe! Y nos provoca a mirar más allá de ella. Sin embargo, este camino es posible gracias al hecho que con algunas familias y maestras ha nacido una unidad visible a partir de la Escuela de comunidad. Giampiero Aquila Estamos viviendo una situación grave de incertidumbre, intriga, violencia y la imposibilidad real de muchísimas personas para ir a sus trabajos o simplemente hacer las compras o ir a la escuela, además de la pérdida de miles de empleos. Todo en conjunto inicia una cadena de pobreza de la que hoy mismo no estamos ni lejanamente conscientes, distraídos por la movilización que día tras día nos tiene en ascuas. Ayer un joven gritó por todos nosotros: «Entonces, ¿que? ¿Qué debo hacer? Estoy dispuesto!». Expresaba el sentimiento de todos nosotros. La pregunta que nos convocaba en asamblea era: «Dentro de las circunstancias dramáticas que afrontamos en nuestro país y en nuestra ciudad, ¿es posible verificar que Cristo responde dentro de la experiencia cotidiana?». Fue un milagro que después de tantos días, me quedara claro que vivir esta situación es como un pellizco para despertar, un dolor de ver nuestras calles destrozadas que me permite comprender la desesperación y la lucha de estas personas, y que mi cómoda vida que tiene que darles una respuesta. Gracias a Dios formo parte de la obra de la Primaria Alecrim, y desde ayer, decidimos regresar a clases aunque todas las escuelas privadas permanecen cerradas y no tuvimos ningún problema. De esta manera, construimos para todos. Gaby |