| 01-11-2006 - Huellas, n.10
Experiencia Nosotros estamos La actitud inicial de mis colegas fue la de atacar: «¿Lo ves?, tu Papa azuza a los musulmanes; ha sido un acto imprudente...». Después de un arrebato, les entregué el discurso de Ratisbona y la octavilla con la intervención de Carrón, pidiéndoles que discutiéramos sin prejuicios, sin reducir nuestra información a los periódicos cuyo único objetivo parecía ser el de fomentar una guerra religiosa que no tenía en ese caso concreto ni sentido ni razón. El resultado fue que ninguna de las personas que me “atacó” volvió a hablar del tema. Pienso que en algunos casos no han sido capaces de entender el alcance del discurso, pero en otros han caído en la cuenta de que en realidad el Papa no ha ofendido a nadie. Y a los que pregunté si habían cambiado de idea, me lo confirmaron. 7:50 am. : repartimos el comunicado de prensa firmado por Julián Carrón delante de mi escuela con la ayuda de cinco chicos del instituto Sacro Cuore. Veo cierto pasotismo, tanto exterior como idealmente, veo octavillas volar por el aire hechas pedazos o volverse en cuestión de segundos pequeñas bolas de ping-pong. A nadie le importa nada. Poco después, dentro del aula, en la clase de Lengua, empiezo a pensar: «¿Sirve de algo repartir estas octavillas?». Pero, enseguida pienso: «Tiene que haber un motivo para todo esto». Y se me ocurre responder: «Nosotros repartimos estas octavillas para testimoniar una presencia. Y la presencia de Cristo para mí se ha manifestado a través de esos chicos, a quienes nunca había visto antes y con los que enseguida me he sentido una sola cosa». Después de haber reflexionado juntos sobre el comunicado de Julián Carrón decidimos difundirlo en nuestro instituto. En el Liceo artístico Orsoline somos sólo cuatro chicas de GS y por tanto necesitábamos ayuda. Vinieron a ayudarnos unos cuantos chicos del Liceo artístico del Sacro Cuore. Repartiendo las octavillas, nos encontramos con muchos “no”; estos rechazos nos obligaron a preguntarnos por qué lo hacíamos. Para seguir allí tuvimos que exponernos ante todos y eso nos convirtió en una verdadera presencia. Gracias a esta experiencia nuestras relaciones han cambiado: ha surgido una amistad con los chicos que nos ayudaron y nosotras tenemos más ganas de vernos y de empezar juntas el día. Un grupo de profesores propuso un encuentro para profesores y alumnos sobre el discurso del Papa, ante todo para aprender un método que valga para cualquier circunstancia: atender a la realidad, porque sólo partiendo de ahí se puede llegar a juzgar. En el encuentro, al que asistieron numerosos profesores y estudiantes, vimos cuán a menudo se procede por pura reacción sin contar con lo que efectivamente sucede. Después de que el profesor de religión del instituto explicara de modo sintético y eficaz la intervención del Papa, leyendo también las frases inculpadas, incluso los que habían criticado al Papa o tenían alguna duda sobre su intervención tuvieron que reconocer que la realidad era muy diferente de lo que los medios de comunicación y las discusiones daban a entender. El domingo 24 de septiembre todos los que asistieron a las misas dominicales en la parroquia de Santa Maria Naciente se encontraron con una invitación apasionada: rogar por el Papa, objeto en aquellos días de un ataque tan violento como inmotivado. Un ruego que quisimos extender a los días siguientes. Las homilías dominicales insistieron en la urgencia de una seria educación en la fe ante el extenderse de una cultura de impostación racionalista y cientista. A la salida de la iglesia cada uno pudo retirar la octavilla con el comunicado de prensa: «Nosotros estamos con el Papa». Decidimos organizar un encuentro para ayudar a todos a comprender las palabras de Benedicto XVI. La tarde de jueves 28 más de 200 personas escucharon con atención la guía a la lectura del discurso del Papa a cargo del profesor Luca Montecchi que, de manera clara, apasionada y competente, mostró cómo desarrolla el Papa la relación entre fe y razón lanzando un desafío al corazón de la modernidad, que pretende que el hombre se relacione con el mundo mediante el simple pensamiento abstracto. La gente participó con sumo interés en la asamblea, planteó preguntas pertinentes y pidió que siguiéramos profundizando en estos contenidos. El domingo por la mañana fuimos a repartir las octavillas. Nos pusimos cada uno en un sitio distinto. Nada más empezar hubo una persona que me lo rechazó. Enseguida fui a ver a Miguel y le espeté: «Miguel, ¡qué feo ser rechazados en la vida». Él se quedó callado, aunque últimamente está acostumbrado a ciertas salidas mías un tanto extrañas; luego, me dijo: «Tienes que entender que es normal: aquí mucha gente no te hará caso». Volví a él por segunda vez y le pedí: «¡Échame una mano!». Se vino conmigo. Entonces, juntos, repartimos otros dos o tres octavillas y vi que recobraba energía: al final, había entregado un buen taco de panfletos. Me di cuenta de que cada persona a la que le di el panfleto supuso para mí un encuentro significativo: ¡recuerdo todavía sus caras, una por una! ¡Me acuerdo de lo que me dijeron y lo que yo le dije! Cuando repartimos el comunicado de prensa delante de la empresa en donde trabajo muchas personas nos pidieron el texto integral del discurso del Papa; en particular, un compañero de trabajo me dijo: «Os combatí en mi juventud, pero con el tiempo he tenido que retractarme, porque sois personas que no obligáis a nadie a pensar y a vivir de una determinada manera, y en particular salir en defensa del Papa es una iniciativa a favor de todos los que, como yo, buscan y quieren entender el porqué de las cosas». [ Del Clu ] Tras el discurso de Benedicto XVI en Ratisbona los estudiantes y profesores de las universidades milanesas no se quedaron parados. El discurso fue presentado también por los consejeros de la Universidad Católica en el Senado Académico, entre el estupor y la molestia de algunos docentes. El profesor Giardina, presidente del Banco Popular de Lodi, se interesó por nuestra iniciativa y manifestó el deseo de quedar a cenar con algunos estudiantes para hablar de ello. En la misma universidad repartimos el texto del discurso entre estudiantes y profesores. |