01-01-2007 - Huellas, n. 1

Educación

LA SUBSIDIARIEDAD EN LA EDUCACIÓN
Los datos del primer informe sobre “subsidiariedad y educación”, elaborado por Carlo Lauro y Giorgio Vittadini, muestran lo que piensan de la educación los italianos, tanto personas como empresas e instituciones. Una urgencia que, aunque sea de manera confusa, advierte la mayoría de la población

Maurizio Crippa

Seis italianos de cada diez (el 61% para ser exactos) consideran que la educación es «el problema prioritario en Italia», otro 35% algo más “tibio” lo consideran un problema bastante importante, sólo un marginal 4% la relega a los temas de escaso interés nacional. El año que acaba de concluir ha hecho saltar muchas alarmas en el mundo de la escuela o, más ampliamente, en el de la educación. La violencia ejercida contra un minusválido en un instituto de Turín, los hechos en lo que se vieron implicados varios alumnos y una profesora en Nova Milanese y otros episodios de acoso escolar, algunos con connotaciones sexuales, han conseguido abrir los ojos también de los que pretendían mantenerlos obstinadamente cerrados ante el desastre educativo y afectivo que afecta a los jóvenes, incluso, o quizá en primer lugar, en su relación con los adultos. Escritores como Marco Lódoli o Antonio Scurati han alertado en los periódicos sobre el malestar de los adultos ante unos chavales “irreconocibles”, “salvajes, sin educar”. Alguno ha llegado a reconocer que se trata también de un problema de los adultos: en los casos citados, a pesar de que la opinión pública haya arremetido contra los “monstruos”, es evidente que los adultos han fallado en su tarea educativa. Pero lo realmente preocupante es la respuesta de la política. El ministro de Educación, Fioroni, a lo más que llegó fue a decir: «se ha castigado a los responsables como corresponde» y «habrá que incrementar la vigilancia». Por parte del Gobierno sólo ha habido propuestas vagas (y muy caras): el ministro de Justicia, Clemente Mastella, propuso «una mesa de concertación del Gobierno abierta a las propuestas de la oposición», por no hablar de «controlar los contenidos de los videojuegos». Ni una sola palabra sobre la necesidad de centrarse en la educación, o sobre el deber de dar más espacio a las familias, a las empresas y a los que trabajan en el ámbito de la sociedad.
Sin embargo, el 82% de los italianos pide una escuela capaz a la vez de «educar e instruir»; los que trabajan en contacto con el tejido social –como la pequeña y mediana empresa o las instituciones locales– reconocen en su aplastante mayoría (88%) la importancia de «tener un maestro», es decir, una figura educativa de referencia. También se considera útil para el proceso de formación (82%) participar en un grupo o en una comunidad. En resumen, se destaca la necesidad de afrontar la situación de manera adecuada, porque no es sólo el éxito escolar del individuo lo que está en juego, sino el bien común. Entonces, ¿por qué cuesta comprender la necesidad de responsabilizar y favorecer la libertad de las personas, las familias y las comunidades sociales ante el bien común, en una palabra, por qué cuesta impulsar la subsidiariedad en la educación? ¿Por qué, tras una tímida apertura en años pasados, el Gobierno actual sólo ofrece respuestas estatalistas?

La subsidiariedad, esa extranjera
Hemos mezclado intencionadamente cifras y hechos, pretendiendo con ello enfocar el corazón del problema. Quien quiera comprobarlas precisa y exhaustivamente no tiene más que leer el libro Sussidiarietá e educazione, próximamente publicado por Mondadori. Se trata de un estudio estadístico sobre la «percepción de la subsidiariedad» en familias, instituciones y pequeñas y medianas empresas basada en 3.216 entrevistas realizadas a 1.616 familias, 800 empresas y 800 instituciones. Un espectro significativo de la realidad italiana. Los profesores Carlo Lauro, de la Universidad Federico II de Nápoles, y Giorgio Vittadini, de la Universidad Bicocca de Milán, han coordinado el trabajo de la Fundación para la Subsidiariedad y del instituto IRCSIA, responsable de elaborar los datos. Objetivo del trabajo es «evaluar el nivel de difusión de la subsidiariedad», en su aspecto directamente relacionado con la educación: «por principio de subsidiariedad –como se precisa en la encuesta– se entiende una modalidad de desarrollo que reconoce y valora las iniciativas de la pequeña y mediana empresa, de los grupos sociales y del individuo. En particular, se identifican la educación y la instrucción como instrumentos de desarrollo de la sociedad».
Los resultados, explica Giorgio Vittadini en el libro, son significativos y contradictorios a la vez. En efecto, sólo el 22% de los entrevistados «declara saber» lo que es la subsidiariedad. Pero una vez “conocido” su “significado”, descubrimos que el 71.5% de los entrevistados la «perciben positivamente» y el 74% cree que puede favorecer los procesos de “responsabilización” en todos los niveles de la sociedad. El estudio analiza aspectos como federalismo, descentralización o estado del bienestar, poniendo de manifiesto una actitud marcadamente favorable en el centro–norte del país, mientras que en el centro–sur la subsidiariedad se identifica a menudo con “privatización” y abandono por parte del Estado. Para Vittadini existe un concepto erróneo que afecta precisamente a familias y empresas: a esos sujetos sociales que, paradójicamente, reclaman “modalidades nuevas” de acción. Según Vittadini, se advierte el peso de un «bloqueo ideológico que se ha venido consolidando en estos cincuenta años desde la Constitución (…) que promueve el estatalismo centralista y es básicamente contrario al principio de subsidiariedad».

Necesitaríamos un maestro
Volviendo a la educación –en la que se centra de manera específica este estudio de la Fundación para la Subsidiariedad– hay otros aspectos significativos que hay que reseñar. Por ejemplo el concepto mismo de “educación”. Un 40% de los encuestados afirma que es «crecimiento de la persona»; para otro 40% consiste en la «transmisión de valores», en conjunto, el 80%. A ellos se contrapone un 64% que subraya el aspecto informativo. Para éstos, «educación e instrucción coinciden». Sin embargo, al final prevalece la aspiración «a cambiar el sistema de instrucción de tipo funcional sin relación específica con una motivación ideal, ni con la educación entendida como “introducción en la realidad total”». Lo cual pone de manifiesto una expectativa distinta sobre el modo de afrontar el problema. Es significativo, por ejemplo que sólo el 27% de los encuestados considera que en el sistema italiano hay «poca libertad educativa», mientras que el 46% considera que es «suficiente» y para el 24% la libertad educativa es «grande». Con esto se relaciona que «el 37% de los italianos no inscribiría jamás a un hijo en un colegio privado, ni aun siendo gratuito», y sólo «el 26% lo haría sin dudarlo». Sin embargo, el 56% de la muestra consideraría positiva una gestión mixta del sistema escolar.
Presentando el estudio, el periodista económico de Il Sole 24 Ore, Antonio Quaglio, ha subrayado que en este País existen «situaciones problemáticas a la espera de “nuevas maneras” de resolverlas», y que «bajo la palabra subsidiariedad empieza a percibirse una manera “nueva” –o un conjunto de “nuevas maneras”– a la hora de conjugar desarrollo e innovación social, libertad individual y responsabilidad colectiva». Como muestra el estudio, existe la demanda de que una de estas “soluciones diferentes” tenga que ver con el ámbito escolar. Sin embargo, de momento, sigue siendo muy tenue y contradictoria la conciencia de que lo verdaderamente útil «no es un Estado que regule y controle todo, sino un Estado que generosamente reconozca y apoye, en la línea del principio de subsidiariedad, las iniciativas que surjan de las fuerzas sociales y que conjugan espontaneidad y cercanía a los hombres que necesitan ayuda». Como sugiere la encíclica Deus caritas est.


DRAGHI - lIBERTAD DE ELECCIÓN
De la intervención del presidente de la Banca d’Italia, Mario Draghi, con ocasión de su Lectio magistralis para la apertura del centésimo curso académico de la Universidad La Sapienza de Roma, el 9 de noviembre de 2006

Una política de educación eficaz debe conciliar la excelencia con la igualdad de oportunidades para alcanzar el máximo nivel deseable de aprendizaje. No debe haber conflicto entre estos dos objetivos si el sujeto público persigue el objetivo de equiparar las oportunidades de partida y proporciona diferentes opciones de gestión que permitan al mercado seleccionar la excelencia. Garantizar a todos los jóvenes las mismas oportunidades de éxito en el aprendizaje, siempre que pongan todo de su parte para merecerlo, es la calve para unir eficiencia e igualdad en el campo de la educación. Se pueden perseguir ambos objetivos de diferentes maneras que se complementan entre sí. En la escuela puede ser útil aumentar la competencia entre los centros, tanto en el ámbito público como en el privado, con modalidades de financiación que por una parte premien a las escuelas mejores y por otra transfieran recursos directamente a las familias para incrementar sus posibilidades de elección.


AMBROSETTI - EL TEMA FUNDAMENTAL
Extracto del nº 3, de noviembre del 2006, de Lettera, la revista del Club Ambrosetti, creado por iniciativa de Alfredo Ambrosetti, que es titular de la entidad del mismo nombre, líder en la consultoría de empresas

Muchos sostienen, probablemente con razón, que esta época se caracteriza por una “emergencia educativa”, o bien por una serie de problemas significativos que pesan sobre los fundamentos de la sociedad civil (familia, escuela, justicia, responsabilidad y equidad fiscal y respeto a las reglas) y por la ausencia de un común denominador de valores positivos, explícitos y compartidos.
El presente documento tiene por objeto proponer una interpretación de la realidad actual que tenga en cuenta una serie de consideraciones orientadas a gestionar favorablemente un problema que en caso de persistir, o incluso agravarse, podría hacer peligrar la gobernabilidad y la misma convivencia civil. No se trata de un tema, sino del tema.
Educar significa introducir en lo que llamamos realidad total. Una buena educación introduce en la realidad con principios consistentes, con una clave de lectura positiva y concreta. Si no es así es que se ha perdido en norte, la personalidad se vuelve débil, una nave a merced de las olas y de las corrientes (...)
Una educación es sólida sólo si está basada en una conciencia sólida de la propia tradición e identidad: para juzgar y elegir hace falta tener una referencia adecuada. Sin educación no se puede elegir de forma adecuada entre el bien y el mal, uno no puede llegar a ser plenamente consciente de sus propios derechos y deberes.