| 01-03-2007 - Huellas, n. 3
Dentro de la realidad Educación La relación educativa es, por su naturaleza, delicada, pues implica la libertad del otro, al que siempre se impulsa, aunque sea dulcemente, a tomar decisiones. Ni los padres, ni los sacerdotes o los catequistas, ni los demás educadores pueden sustituir la libertad del niño, del muchacho o del joven al que se dirigen. De modo especial, la propuesta cristiana interpela a fondo la libertad, llamándola a la fe y a la conversión. En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada cual encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común. (A la Asamblea eclesial de la diócesis de Roma, 6 de junio de 2006) Frente a una preocupante “emergencia educativa”, estáis llamados a transmitir la fe a las nuevas generaciones, favoreciendo el encuentro con Cristo de tantos muchachos y jóvenes. No os canséis de recordarles –puede ser difícil, pero al mismo tiempo es muy necesario y bello– que sólo el Evangelio puede satisfacer plenamente las expectativas del corazón humano y puede crear un verdadero humanismo. |