| 01-08-2007 - Huellas, n. 8
México El Centro “Edimar” de Campeche La iniciativa y el nombre Durante la ceremonia Don Ramón nos dirigió unas palabras de aliento. Se dijo muy complacido de que se esté desarrollando en Campeche una obra educativa de estas características, única en su género en nuestra ciudad, sobre todo en momentos difíciles en nuestro Estado para la Iglesia y para la educación. Afirmó: «Las obras de Dios siempre acaban bien. Espero que el Centro dé frutos abundantes y sea un lugar donde los jóvenes puedan aprender a vivir». Posteriormente, escuchamos a un padre de familia que manifestó su gratitud por el servicio que presta el Centro. Sus palabras expresaron un vivo agradecimiento recordando el recorrido que se realizó con los muchachos por el centro histórico de la ciudad. También comentó el recobrado entusiasmo de su hijo Alejandro al hacer sus tareas y le exhortó a que continúe sus estudios y compartiendo el orgullo que siente por él, por el cambio que ha visto ante sus ojos. Cuando me puse de pie para agradecer a los asistentes e invitarlos a que degustasen unos deliciosos bocadillos, una copa de vino o un refresco, miré a mi alrededor y vi el salón lleno, con mucha gente parada en la parte posterior. ¡Y tan sólo eran sesenta las sillas que estaban colocadas! ¡Cuántas personas juntas por un mismo motivo! En ese momento recordé también la llamada de varios amigos que se encontraban de camino hacia los Ejercicios de los jóvenes trabajadores de CL, que coinciden justamente con esta fecha, para decirnos que estaban pidiendo por nosotros. Nos llegaron mails de varios amigos, también desde Puerto Rico e Italia, diciendo que nos acompañaban con sus oraciones y nos felicitaban. Varias autoridades locales, el representante del Presidente Municipal, del Instituto Estatal de Educación para el Adulto, de la Universidad Autónoma de Campeche, así como nuestra querida amiga y colaboradora Socorro Del Río, directora de DIJO A.C. de Oaxaca estaban ahí presentes deseándonos lo mejor para la labor que tenemos por delante. El comienzo Cuando en 2003 llegaron a Campeche para dar clase Rossana y otras amigas se enfrentaron en seguida con la necesidad urgente de una educación más verdadera, ante familias que, aun teniendo escasos recursos, prefieren invertir en una televisión para ver telenovelas que en la educación de sus hijos. Además, los muchachos que acaban la escuela secundaria difícilmente logran insertarse en el mundo laboral en el ámbito nacional. Dando pasos A finales del curso escolar 2004-2005 tuvimos que considerar algunos problemas. La enfermedad de Roberta, maestra de Física y Química, avanzaba lentamente y cada día la limitaba más. Por otro lado, la parroquia de San Juan de Dios hospedaba otros grupos que hacían varias actividades; además resultaba inadecuada para un apoyo escolar: las mesas y sillas eran muy bajas, aptas sólo para los niños de preescolar y primaria; las aulas eran pequeñas y debíamos dividirnos en varios grupitos para trabajar; lo cual exigia un número mayor de adultos que acompañasen a los muchachos; y sobre todo eran salas mal ventiladas y se hacía dificilísimo estudiar ahí a 36º. Era realmente casi imposible apasionar a los muchachos y a los adultos por la belleza del estudio en condiciones tan difíciles. Una primera luz apareció en 2006. La Región Lombardía aprobó un proyecto que habíamos presentado para el apoyo escolar en Campeche, y que incluía la construcción de un edificio para albergar un centro educativo. Por fin tendríamos un lugar adecuado donde estudiar, hacer la tarea y mostrar la belleza del estudio. Rossana y yo empezamos a buscar un terreno para construir un edificio para el apoyo escolar, un lugar donde sembraríamos algo muchos más grande que nosotros. Finalmente encontramos el terreno y en mayo se inició la construcción del Centro Educativo y Formativo “Edimar”. Un chico brasileño Edimar, había nacido el 2 de septiembre de 1977 en Brasil; entre los 11 y 12 años se volvió niño de la calle; a los 13 comenzó a robar y a traficar con droga. Después le ocurrió un encuentro insospechado: conoció a maestras, amigos y el padre Marcos, de Comunión y Liberación. Le propusieron que cambiara de ciudad para dejar el tráfico de drogas. Edimar decidió dejar Brasilia y el cambio en su vida fue tal que llegó a negarse a matar, desobedeciendo a la orden del jefe de su antigua banda que se lo exigía. Aquella noche fue asesinado. Ahora, aquí en Campeche, en circunstancias no muy distintas, su memoria nos alienta en la ardua tarea educativa que acabamos de empezar. Un pequeño equipo Mientras tanto, justo al final del curso escolar 2005-2006, el apoyo escolar se ubicaba en un salón más confortable, un préstamo esta vez del padre Joaquín de la parroquia de San José Obrero, de una colonia pobre de la ciudad. Ya éramos un pequeño equipo de educadores formado por Rossana, Iracema y Teresa –dos maestras de su colegio–, y yo, curiosas de esta nueva posibilidad de educar y “de ser educadas”. En este período trabajamos fielmente con un pequeño grupo de muchachos: Migaely, Moisés, Miguel Ángel, Braulio, Etibet y Cinthya, que provenían, además de las otras escuelas ya mencionadas, de la Escuela Secundaria Técnica # 23 y de la Escuela Federal # 7. Por fin ¡en casa! Alberto, un amigo nuestro que tiene una pequeña empresa que trabaja para Pemex, nos procuró un gran regalo: en tiempo récord y con materiales reciclados nos hizo y nos regaló una puerta de entrada segura... ¡con la consigna de cerrar el edificio! Se había terminado la estructura principal pero aún faltaba mucho. Amigos nuestros y “amigos de amigos” de varias ciudades del norte de Italia –Turín, Aosta, Asti, Milán, La Spezia– y de Puerto Rico continuaban ayudándonos de muchas formas. Por ejemplo, Martina, de 7 años, hacía dibujos y los vendía por un euro. Recibimos felicitaciones de Navidad y año nuevo de una amiga albanesa, Justina con su esposo Toni y toda su familia. Otro amigo, el padre Fossón, sin conocernos directamente, nos dejó al morir una ayuda para continuar esta labor misionera. Y varios trabajadores de una empresa, en vez de intercambiar un regalo de Navidad, contribuyeron a la educación de nuestros muchachos como regalo de Navidad. En Febrero se realiza un proyecto y, gracias a CESAL, se consigue un financiamiento de la Fundación Mapfre de España. Finalmente se pueden concluir las obras de construcción acorde al proyecto inicial: se rellena el espacio del patio trasero, se levanta la barda, se pinta el Centro. Delante se coloca el portón y la herrería de protección (el Centro está ubicado en una zona de alto riesgo de robos, pero igualmente con mucha necesidad educativa) y el logo del Centro. Se dota al centro del equipamiento previsto: pizarrones, escritorios, tres computadoras, impresora, proyector, teléfono-fax, etc. Y por fin dejaremos de sudar: ¡logramos colocar los aparatos de aire acondicionado! |