| 01-08-2007 - Huellas, n. 8
Meeting Davide Rondoni De forma un poco sorprendente uno de los autores más citados en el Meeting que ha tenido como tema la verdad y el destino ha sido Luigi Pirandello. Monseñor Ventorino, en su intervención sobre el lema de este año, ha leído algunos pasajes de Pirandello, y yo le he dedicado una conferencia, estableciendo un diálogo entre algunas de sus páginas y otras de su contemporáneo Charles Péguy. En ambos casos se ha puesto en crisis la lectura más en voga, que es también la más superficial, que hace pasar a Pirandello como el simple destructor de cualquier certeza o verdad. Lo cual, en cierto sentido, es verdad, como muestran las páginas de sus obras, las mismas declaraciones de arte poética y las reflexiones del autor, pues sus obras son “bombas de mano” –así las definió Gramsci– que hacen saltar las certezas y las verdades de la costumbre y de la convención. Su crítica feroz y agudísima al presunto valor de las palabras en las conversaciones, al concepto burgués de conciencia o a las máscaras tras las cuales se esconde la gente, es –al igual que la de Péguy contra la presunción del historicismo o del cientifismo– una crítica destinada a poner al desnudo a los hombres ante sí mismos y ante su destino. A esto apunta la obra del autor siciliano, que ya en sus poesías juveniles, así como en los relatos y en los montajes casi cinematográficos de su teatro, capta ficciones y malentendidos de una vida que no quiere afrontar el problema de su significado real, suspendido entre el fluir y la permanencia, entre el ser y la forma. |