| 01-02-2009 - Huellas, n. 2
la historia Y allí sucede lo imprevisto. En lugar de poner cara de circunstancias, el profesor calla. Piensa. Luego saca su agenda: «Espera, voy a mirar si tengo esos días libres… Sí, puedo». Antonella se queda sin habla. «Le escuchaba y algo dentro de mí repetía “es imposible, es imposible”. Antes o después se echará todo a perder». Aparece la alternativa de siempre: la realidad o la medida, el Misterio que actúa o la sospecha. Antonella se la lleva dentro hasta los Ejercicios, cuando escucha las primeras palabras en la sala de la Feria de Rimini: «Parecía que fuesen dirigidas a mí, como si estuviera yo sola allí». Mientras, llega el profesor. Entre expectativas y dudas, Antonella se pregunta: «¿Quién sabe si entenderá?». Lo más importante, para uno mismo y para el mundo. Eso es lo que ha descubierto su profesor y ha vuelto a descubrir Antonella. «El domingo por la mañana, después del acto final, me despedí de él y le di las gracias. Mientras volvía a mi casa pensando que tras el paréntesis todo volvería a la normalidad, me llega un sms. Era el profesor que me daba las gracias porque después de lo que había visto, intuía qué había en el origen de ese modo de vivir la universidad que tanto le llamaba la atención». En ese mensaje había más: el deseo de que lo que había sucedido fuese un comienzo, no el final, incluso para él. «Frente a estos hechos, que no puedo olvidar, me doy cuenta de que todo esto no depende de mí», escribe Antonella en una carta: «Me surge una última pregunta: ¿Quién lo hizo posible?». |