| 01-03-2009 - Huellas, n. 3
EDITORIAL Ofrecer a todos la esperanza es totalmente distinto que perseguir una «hegemonía mundana». Se trata de cuestiones que habrá que ir profundizando y que se insertan, con una sintonía sorprendente y conmovedora, en el recorrido educativo que estamos siguiendo en estos meses. Ahora nos interesa simplemente señalar el nexo de ese artículo con varios de los temas que abordamos en este número de Huellas: Europa y los “nuevos derechos”, la ampliación de la ley que regula el aborto en España, los testimonios que muestran el valor de la vida y la familia. Para defender ciertos valores se pueden esgrimir argumentos justos, se puede defender una doctrina correcta que se oponga a la sinrazón de quienes niegan las evidencias más elementales. Lo hemos visto en estos días. Es una tentación permanente para todos nosotros. Pero el cristianismo es otra cosa: es un Acontecimiento que nos precede y que entra en la vida de los hombres de forma gratuita, mediante testigos que nos hacen comprender más lo que es la vida. El Hecho cristiano tiene un alcance cognoscitivo incomparable, pues acompaña al hombre a conocer la realidad hasta su fuente misteriosa, y lo hace de una manera muy simple: mediante personas que viven de manera distinta que los demás, que aceptan de otra manera el sufrimiento y la alegría, que forman una familia de manera distinta. Esa “diferencia”, tan acorde con el corazón humano, supone una esperanza para todos, y nace continuamente de la Presencia viva de Jesucristo. Sin Él no se podría explicar esa diversidad y menos aún vivirla. Y sin embargo existe. |