| 01-07-2009 - Huellas, n. 7
Los hechos contestan
JOHN WATERS
Un murmullo alegre,
como después de la Resurrección
El meeting se ocupa de asuntos cotidianos, pero allí dejan de ser efímeros. Es como sumergirse en la existencia pero con todo el corazón
En agosto, si Dios quiere, participaré en el Meeting de Rimini por cuarta vez consecutiva. Resulta difícil describir este evento a quienes no lo conocen o explicarlo a quienes ya lo tienen clasificado. No se puede comparar con ningún otro, no porque sea más grande o más hermoso (aunque, sin duda, sea grande y hermoso), sino porque es una experiencia que corre de forma paralela a la cultura tradicional. El Meeting examina las mismas cosas de las que nos ocupamos en nuestros discursos a diario, y habla de ellas usando más o menos los mismos términos. Pero es distinto, porque mira todo de forma distinta. Los temas son los mismos, pero los presupuestos y las premisas son completamente distintos, pues lo que muestra esa mirada humana no es lo mismo que nuestra cultura nos hace ver habitualmente.
Si tuviese que animar a un amigo “no iniciado” para que fuese al Meeting de Rimini, no utilizaría necesariamente estas palabras. Podría decir simplemente que los debates son fascinantes, las exposiciones extraordinarias, la música muy buena y los espectáculos teatrales excepcionales. No pondría el acento sobre la dimensión “religiosa”, antes bien hablaría de la vida y, si la dimensión “religiosa” se presentase, aseguraría a mi amigo que no sería un “problema”.
Al igual que el cristianismo comenzó con un acontecimiento en la historia, del mismo modo éste comienza con un evento que tiene lugar en el corazón de cada uno, el deseo de conocer algo que, en la cultura que hemos creado, no resulta evidente de forma inmediata. Los conceptos que damos por descontados, por ejemplo “la totalidad de la realidad”, remiten a un Acontecimiento que provoca la chispa de un reconocimiento personal. Todo esto lo descubrimos no de una forma mística, sino observando la realidad con mayor atención. En esto consiste el verdadero conocimiento. En nuestra cultura puede hacer falta mucho tiempo para comprender que estamos viendo realmente lo que nuestro corazón desea.
Participar en el Meeting es como visitar un lugar situado en un tiempo paralelo, una versión de nuestra cultura evolucionada de forma distinta a la tradicional. Aún habiendo sólo empezado a comprender en qué consiste la diferencia, el Meeting me permite sentir la “correspondencia” del reconocimiento, pues las cosas entran en mi capacidad total de conocer en la forma en que deberían, como conocimiento puro, antes que como proyección de mi yo o de mis ideas. Veo, escucho y leo con mi corazón.
Todo objeto nuevo de conocimiento no llega como algo efímero, sino como revelación, como un evento que tiene que ver con el significado esencial de la existencia. En el Meeting encontramos el contenido de la cultura moderna pero sin la falsa curiosidad que aflige al hombre contemporáneo: arte, ciencia, literatura, política, todo esto, sí, pero también algo más. Encontramos a Cristo, es verdad, pero de una forma particular. No de una forma sentimental, y menos aun moralista, sino de una forma que abre nuevamente la dinámica de la relación del hombre con la totalidad de la realidad. Cristo nos susurra, no por timidez, sino más bien como un murmullo alegre y absolutamente imprevisible, como en las horas siguientes a la Resurrección: ¡Él está aquí! “¡No!”. ¡Espera y lo verás! |