| 01-09-2009 - Huellas, n. 8
la historia La conversación cobra más peso. «Usted tendrá una familia, ¿no? Mujer, hijos…». «Sí, desde luego». «Entonces el trabajo no lo será todo, ¿no cree?». «Bueno, en cierto sentido… Pero, ¿para usted no es importante el trabajo?». Y Claudio: «Ya lo creo. Es una forma de expresarme, pero no lo es todo. Si no, existe el riesgo de que se convierta en una trampa». El ingreso queda registrado, pero el cara a cara continúa. Es más, se prolonga durante una media hora larga en la que se habla de todo: de los amigos, de la educación. Aparece incluso alguna alusión a la última encíclica, antes de que el cliente, tan apasionado por sí mismo y por su empresa, admita: «Sabe usted, nunca he escuchado a nadie hablar así de sí mismo y de su trabajo. ¿Dónde ha aprendido usted estas cosas?». La pregunta llega del todo inesperada. La respuesta también: «¿Por qué no viene a ver? A finales de mes tenemos un encuentro. La apertura de curso…». Un instante de silencio. Luego se abre la bolsa, asoma una agenda. «¿Cuándo y dónde?». El bolígrafo escribe un número. Esta vez correcto. «Allí estaré». |