| 01-10-2009 - Huellas, n. 9
primer plano Oliver Twist, José Miguel García Sábado 19 de septiembre. La escuela “Oliver Twist” es el fruto reciente del encuentro de los hermanos Figini, Erasmo e Innocente, en 1986, con don Giussani. Aquel encuentro avivó en ellos la fe, que habían recibido de sus padres, y generó el deseo de compartir con todos el gusto por la vida. Cuatro familias. En segundo lugar, estamos ante una iniciativa que nace de la iniciativa de cuatro familias. Esta escuela de formación profesional no es el resultado de un proyecto estatal decidido en los despachos de un Ministerio, sino que surge de la pasión de algunas personas por sus hijos y los de los vecinos. Se trata de una iniciativa social movida por el deseo de tomar en serio la necesidad de significado que alberga el corazón de todo hombre. Sobra decir que la realización de una escuela es una empresa que excede la capacidad de unas cuantas familias: sin la ayuda del Estado, ante todo, y de Fundaciones u otras realidades sociales hubiera sido imposible llevarla a cabo. Estamos ante un claro ejemplo de subsidiariedad, verdadero fruto maduro de nuestras sociedades democráticas. ¿De qué se trata? La subsidiariedad propone dar más espacio a las familias y grupos sociales en la construcción del bien común. El desarrollo social no puede ser el resultado de un proyecto imaginado y realizado sólo por el Estado. Más bien, nace de las iniciativas que toman familias, grupos sociales y empresas para responder a las necesidades o problemas que se presentan en la vida cotidiana. Una cierta mentalidad estatalista descalifica a menudo esta modalidad de gobierno identificando la subsidiariedad con la privatización y el abandono social por parte del Estado. Nada más lejos de la realidad. Una fuerza decisiva. La escuela profesional “Oliver Twist” nace de la experiencia cristiana de estas familias. La fe se ha mostrado a lo largo de la historia como una fuerza decisiva en la construcción de una sociedad más justa y humana. Es verdad que cierta ideología laicista se empeña en presentar al cristianismo como contrario al progreso y defensor de posiciones retrógradas y oscurantistas. Pero la realidad contradice con los hechos esta interpretación que nace de un prejuicio y, por tanto, de una deslealtad. Miremos el ejemplo de la escuela “Oliver Twist”. El edificio, construido dentro de la propiedad donde viven estas familias y mediante inversiones propias y de amigos, está a la vanguardia del punto de vista de las nuevas tecnologías (informática, pizarras interactivas, domótica, etc.), además de haber sido pensado en todos sus detalles, tanto exteriores como interiores, creando un ámbito de extremada belleza. Sólo unas personas conscientes del valor y de la dignidad del ser humano pueden ser capaces de construir espacios que corresponden a las exigencias de belleza y bondad que anhelan todos los hombres. Una excepción. “Oliver Twist”, además, concilia admirablemente la excelencia y la igualdad de oportunidades. Un estudiante, llegando el primer día de clase, al entrar en la nueva escuela y ver su orden y belleza, no pudo por menos de exclamar: «¡Pero una escuela así sólo se construye para los hijos de papá!». Probablemente el modo de proceder habitual es el que expresaba este chico y, quizá, esta escuela sea una excepción. Una excepción, no se olvide, que es posible solamente por una experiencia viva de la fe. En cualquier caso, esta escuela, cuyas puertas están abiertas a todo el que desee aprender a ser un buen carpintero, o decorador, o camarero, o cocinero, ofrece una educación excelente, mostrando que eficiencia e igualdad pueden convivir juntas también en la formación profesional, ofrecidas a los hijos de las familias más necesitadas y a los emigrantes recién llegados. |