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CARTAS
A CARGO DE MARIA PEREZ
Redaciòn :
Cedaceros 3, 3°, 28014 Madrid - Fax 91 521 24 27 - E. mail : huellas@retemail.es
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CHILE : Una paternidad real
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Muy querido
don Giussani: Después de la "evangélica" insistencia, que el mismo
Arzobispo aprobó y perdonó, el jueves 23 de Diciembre visitamos
con un grupo de responsables a Monseñor Francisco Javier Errázuriz,
desde hace poco más de año y medio a la cabeza de la diócesis
de Santiago de Chile. Al intentar sintetizar, me vienen a la mente
algunas expresiones que un amigo ha utilizado para comentar en
Tracce el "Bautismo de Jesús" de Benedetto Antélami. Todo se desarrolló
dentro de la dinámica de unas relaciones; nuestra mirada se conmovía
por el espectáculo de una humanidad cambiada, más auténtica y
plena por la participación en el Misterio de Cristo. A medida
que procedía la conversación, experimentábamos una correspondencia
cada vez mayor, empezando por su manera de escuchar y apreciar
los cantos con los que el coro le recibió; en nosotros nacía el
deseo de "vincularnos con ternura y decisión" a esa presencia.
Más aún, en realidad nos dimos cuenta de que ya estábamos objetivamente
ligados por un profundo vínculo de simpatía. Le hablamos de nuestra
presencia en los distintos ambientes, desde la Universidad a la
cárcel de Colina, donde se realiza una caritativa de adultos;
de la conciencia con la que algunos viven su trabajo; de la presencia
en una parroquia de la periferia, donde algunos universitarios
a punto de terminar sus estudios ofrecen un servicio profesional:
el proyecto del desarrollo de un centro social polivalente. El
Arzobispo nos escuchaba, y en la misma forma del relato percibía
y compartía la peculiaridad del carisma, comentaba, juzgaba. Se
confirmó la impresión que ha ido transmitiendo a lo largo de su
gestión: es un hombre de fe que se interesa por todo lo que es
humano, lo mira y lo juzga, o - como él mismo dijo - "trata" de
mirarlo y juzgarlo desde la experiencia y sensibilidad que vive.
Cuando escuchó con suma atención el testimonio de un universitario
hijo de un "desaparecido" (su padre tenía sus mismos veinte años
cuando no volvió nunca más de la universidad), le dijo: "Saluda
con mucho afecto a tu mamá y dile que rezaré por ella". Comentando
una iniciativa llevada a cabo en la universidad para la campaña
de Navidad (un exquisito almuerzo a la italiana con canciones
napolitanas...) exclamó: "La gente habrá dicho: "¡Aquí sí hay
vida!"". Pero lo más conmovedor para mí, y creo que para todos,
fue percibir su conmoción, afecto y estima por tu persona, dócil
lugar de una gran obra del Espíritu. Cuando sucede esto - y esta
vez fue de una manera especialmente intensa y profunda -, nuestro
gozo se hace pleno de verdad, compartiendo el tuyo, que te sientes
confortado y sostenido justamente por quien tiene en la Iglesia
esta función. Le pregunté si quería darnos algunas indicaciones
y nos dijo que siguiéramos la obra del Espíritu Santo. Nos prometió
corregirnos si fuera necesario. Y estamos seguros de que lo hará.
Te contamos todo esto para tu gozo y te renovamos nuestro afecto
y nuestra gratitud.
Don Antonio, Santiago de Chile
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UGANDA : La justicia de Dios
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He pasado
una semana en Ruanda realizando algunos proyectos de UNICEF y
AVSI. He tenido la oportunidad de visitar este país y hablar con
mucha gente. Todo ha sido una ocasión para apreciar aún más el
carisma de don Gius. He descubierto la verdad de lo que nos enseña
en El Sentido Religioso. Sobre todo, he comprobado la reducción
de la pregunta, y por ello os pido: si veis que me estoy reduciendo
de esta forma, que estoy vendiendo o perdiendo mi libertad, ¡salvadme!,
si me queréis. Allí la gente está destruida; el hombre verdadero
existe, pero no sabe a dónde mirar, a quién preguntar, desconfía
de todos. Los católicos no tienen esperanza, es decir, falta el
Dios de Nazaret, el Dios que es un hombre. Los curas predican
el perdón, pero éste no es posible si Dios no es un amigo que
me mira. He constatado la sustitución voluntarista de la pregunta.
Cuando hablaba del trabajo con los responsables de UNICEF, les
decía que, ante todo, nos interesa la persona; porque si la escuela
de comunidad no tiene que ver con la vida, es inútil que don Gius
haya pasado sus 77 años diciéndonos estas cosas. "He visto un
pueblo destruido por su debilidad". Me he visto a mí misma destruida
por mi debilidad. Todo es para mí, todo es para que yo cambie.
Pienso que no he pedido lo suficiente, no he gritado, no soy sincera
cuando grito. Sentía ganas de llorar y he llorado contemplando
la iglesia de Nyamanta repleta de cadáveres, al menos 2000 personas
asesinadas, y los que mueren continuamente. Me pregunto: "¿Qué
es la justicia frente a esto?". No sé qué es la justicia... la
justicia es que yo diga "sí" ante estos cadáveres, que yo sea
yo; un yo que dice "sí", es decir, que pertenece. Este es el inicio
de la dignidad humana, el inicio de las obras, de la actividad
social. Deseo que mi tiempo, mi instante, sean para decir "sí".
Intentar vivir lo que me está mostrando don Gius es adecuado para
mi persona. He visto un pueblo destruido, la Iglesia destruida
y, mirando aquellos cadáveres, he repetido: "Salva gratis Rex
tremendae majestatis". Es el grito que me sale en este momento,
que corresponde al estado de mi alma, el grito de estos días ante
mi nada. Me siento más nada, pero pido a Jesús que use este "sí"
como quiera, según la justicia que Él tiene y que Él sabe. Yo
no soy nada ante este Rex majestatis, pero soy Tú que me haces,
te pertenezco.
Rose-Nada, Campala
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ESPAÑA : Leticia
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Es increíble
la resistencia que, "por naturaleza", presentamos a reconocer
los signos de Otro en las circunstancias. Nos resistimos a reconocer
que Otro actúa de veras, que tiene la potencia necesaria para
ello. Generalmente convertimos a Cristo y a Dios en meros espectadores
de su obra creadora. Y entonces, o los únicos que podemos cambiar
el mundo somos los hombres, o no hay nada que hacer. Todo está
decidido. Sin embargo, poco a poco me voy dando cuenta, en mi
vida y en lo que sucede a mi alrededor, de que Dios, a través
de su Iglesia, Cristo vuelve a dar vida constantemente al universo.
Cada vez que sucede algo es un acto creador, y sin nuestro consentimiento
muchas de esas cosas no suceden. Esto se me ha hecho más patente
con el nacimiento de mi sobrina Leticia, una niña con problemas
graves de malformación. Un hecho absurdo para el mundo y que la
mayoría aconseja "eliminar" (hay que perfeccionar el mundo y esto
es un error). Pero los médicos dicen que es una niña especial,
distinta a otros niños con el mismo problema. Se recupera mejor
y más rápido y tiene una belleza que ensimisma. Ante esta singularidad
se pueden tomar dos posturas: decir "¡Qué suerte hemos tenido,
nos ha tocado la lotería!", o bien reconocer que detrás hay un
montón de gente rezando por esta niña a San Ricardo Pampuri y
que Cristo obra, a través de él, el milagro físico de la recuperación
y el de poner un ladrillo más en la construcción de una familia
y un pueblo. Cristo teje la relación con los amigos, con mi familia
y, sobre todo, con Él, a través de estos milagros. A mí me gustaría
pedir un milagro más: que lo mismo nos suceda en las pequeñas
cosas de cada día y que la vida y el trabajo se vuelvan apasionantes.
Por todo esto sólo puedo dar gracias a la Iglesia, y dentro de
ella al movimiento, porque nos permite reconocer a Cristo como
algo vivo en el mundo. Gracias a don Giussani que un día dijo
sí y permitió miles de milagros, y gracias a mi hermana y a Javier
que han dicho "sí" a esta niña.
Maria, Madrid
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KAZAJSTÁN : Encontrar a un amigo
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Un estudiante
de la comunidad de Karagandá ha escrito esta carta a un amigo,
profesor de italiano en la universidad kazaka.
Querido Claudio: he leído tu carta y he entendido que tengo
un auténtico amigo. Sabes que en este tiempo tan pérfido, sobre
todo aquí, es difícil encontrar amigos de verdad. Doy gracias
a Dios, que me ha permitido encontrarte. Sabes que no creo en
Dios, porque así me han educado mis padres. Pero viéndoos empiezo
a hacerlo. Te agradezco que hayas venido aquí. ¿Qué hubiese hecho
si no te hubiese conocido? Seguiría viviendo sin saber nada de
Cristo. O sea, no habría tenido un amigo de verdad. Te deseo que
puedas hacer cosas hermosas, es decir, todo lo que pienses y quisieras
hacer en el futuro.
Igor, Karagandà
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Cautivado por el
Misterio
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Un amigo agustiniano
de misión en Perú nos ha enviado este testimonio del encuentro
que tuvo con Enzo Piccinini (desaparecido el 26 de mayo de 1999)
Fue una de esas noticias que te dejan helado, sin palabras,
sin comentarios, sólo un gran dolor dentro. Conocí a Enzo tras
un encuentro con don Giussani, en una fría noche del invierno
milanés. Cuando acabó la reunión nos cruzamos: estaba con un viejo
amigo suyo. Enzo me saludó con una pregunta: "¿Y tú quién eres?,
es la primera vez que te veo". "Mucho gusto, soy... y también
es la primera vez que yo te veo y te escucho: (balón al medio,
dos a uno a tu favor)". Me sonrió, me estrechó la mano y se alejó
sin más ceremonias, no sin lanzarme un mensaje antes: "Espero
volverte a ver en algún sitio". Le volví a ver, pero él no me
vio ya más: yo era uno entre en la multitud, oyente anónimo de
su intervención en el encuentro con los universitarios en Bolonia.
Dijo algo que me conmovió y que ahora vuelvo a oír en la intervención
que hizo la noche del 12 de diciembre de 1998, durante los Ejercicios
espirituales de Rímini, frente a ocho mil universitarios de CL:
"Comprendí que el problema era sólo uno: que la unidad de mi persona
estaba determinada por algo que yo llevaba dentro y que me acompañaba
ya de niño cuando empecé a juzgar al fútbol. Algo que me caracterizaba:
una exigencia de felicidad que nada podía eliminar y que siempre
volvería a surgir, aunque fuese como amargura. Había entendido
desde entonces que la unidad de la persona empieza por el hecho
de que uno pone el corazón en lo que hace, haga lo que haga, esté
frente al ordenador o limpiando las escaleras de su casa. Poner
el corazón en lo que se hace significa ponerse a uno mismo, y
poner en juego esa exigencia de felicidad que es indomable porque
forma parte de nuestra misma esencia, de nuestro ser". Desde que
estoy aquí en Apurimac, más de una vez me he preguntado por qué
vale la pena: no he conocido mejor respuesta que la que me dio
Enzo; fue y continúa siendo el "motor" de mi estar y mi hacer
aquí. Me doy cuenta de que esto es verdad y lo único que te ayuda
a ser verdadero, aunque, a veces, las circunstancias de la vida
intentan hacértelo olvidar. Si sólo pienso que esa noche de niebla
de nuestro primer encuentro en Milán habíamos oído al "Capo" bramar
contra los que - en nombre de la diaconía, de un servicio - se
convierten en orgullosos jefecillos que quieren dominar en lugar
de servir, que se enfadan mucho cuando no se ven servidos, entonces,
querido amigo Enzo, con cierta envidia pero con lealtad de amigo,
te digo: "Enhorabuena, has ganado la partida. Has llegado rápido
a la meta y, quizás, por esto el Señor te ha llamado antes de
lo previsto (según nuestro cálculo)". Sí, espero volverte a ver
pronto, donde y cuando será para siempre.
Padre Giovanni, Apurimac
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No deje de venir
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Publicamos
esta carta aparecida en el Diario de Córdoba el 19 de enero de
2000 y que un lector nos ha señalado.
"No soy mejor que vosotros"... Esas fueron las primeras palabras
del Sr. Obispo en la Misa de Nochebuena, que ofició en la Capilla
de la Prisión. Una homilía tan hermosa como el día en que estaba
enmarcada. Se hizo un silencio sepulcral y todos los internos
estábamos pendientes de sus palabras, de sus gestos. Esas palabras
me calaron muy hondo e, igual que a mí, creo que a todos los asistentes,
ya que transmitían sinceridad, descubrían la verdad y estaban
cubiertas de amor. (...) En esos instantes no había muros, se
habían roto los barrotes: me identificaba con sus palabras, al
ver que procedían de lo más profundo de su corazón, y así desaparecieron
los límites que anulan la libertad impuestos por la sociedad,
a veces con razón y otras, sin ninguna. Durante unos momentos,
sentí que no oía nada, que no veía nada que no fuesen sus palabras
y la expresión de sus manos y de su rostro. Fueron palabras de
consuelo para todos, alentando la esperanza en nuestros corazones.
Dijo que le gustaba el Belén que habíamos hecho un grupo de internos
en representación de todos, más que el del año pasado. Agradecimos
sus palabras y tuvimos la suerte de estrechar su mano. Por eso
puedo decir que fue el día más feliz y hermoso que he disfrutado
dentro de la prisión. Espero, y hablo en nombre de todos los internos,
que no deje de venir a vernos, como un amigo, como siempre ha
venido, ya que sus palabras ayudan a combatir la desesperanza
y su visita es el mejor regalo de Navidad que se recibe en la
prisión ¡Que Dios le ilumine y le ayude en todo lo que haga! para
que pueda seguir llevando el amor, el consuelo y la alegría a
tantas personas necesitadas y de las que, por desgracia, pocos
se acuerdan ¡Que Dios le bendiga, señor obispo!
Jesùs, Còrdoba
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Mi padre
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Hace tres meses
ingresamos a mi padre en el hospital con una trombosis en la pierna.
A los tres días nos dijeron que tenía cáncer y que no se podía
hacer nada porque estaba muy extendido. Al principio me parecía
una pesadilla de la que iba a despertar y todo volvería a ser
como antes; luego deseaba que pasara rápido, sin dolor ni sufrimiento;
por último, quería esconderme hasta que terminara. Pero la realidad
se imponía un día tras otro. Durante este tiempo la escuela de
comunidad se ha vuelto una compañía que explicaba como nunca mi
vida. No podía dejar de preguntarme qué sentido tenían su vida
y la mía, el porqué del dolor y el sufrimiento tan grande que
vivía; porque ante una realidad así no puedes acallar estas preguntas
o permanecer imperturbable. He mendigado al Señor el significado
de esta circunstancia suplicándole que me diera fuerza para afrontarla.
Cada día de la vida de mi padre - en el hospital, adormilado por
la medicación - no era una día menos, sino un día más que el Señor
me regalaba para quererle y estar con él. Cada segundo de su vida
tenía que tener tanto valor o más que cuando hace pocos meses
arreglaba la casa antes de mi boda. Murió el 12 de enero, de la
forma más humana y digna del mundo, sin angustia, en casa, cuidado
y acompañado por sus seres queridos. Mi madre, mis hermanos y
yo hemos podido vivir este tiempo gracias a la petición y compañía
de muchas personas. No dejo de pensar que, si nosotros queremos
tanto a mi padre, el Señor tiene que quererle mucho más, y se
lo ha llevado para que goce de Su Presencia; por eso, para mí
el cielo ya no está vacío. Ahora se establece una relación nueva
con él, que todavía se me escapa. Lo que sí veo es una relación
nueva con mi madre y mis hermanos que no quiero perder.
Lourdes, Mòstoles
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Comuniòn
adulta
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Estoy empezando
a conocer de un modo nuevo. Me doy cuenta de que el carisma es
más fiel a mi vida de lo que yo pueda ser, y que, de algún modo,
siempre encuentra un camino para imponerse. Lo que estoy viviendo
en este periodo puede resumirse así: más allá de las resistencias
que aún pueda oponer inútilmente, mi origen está en un hecho que
me define por encima de todo. Esto resulta evidente al mirar a
los adultos, a los padres de familia. La diferencia está entre
quien encuentra el movimiento y vuelve a casa con la conciencia
falsamente tranquila y quien, regresando a casa - quizás alcoholizado
- empieza a no echar a la calle a sus propios hijos, sino a amarlos
con el mismo ímpetu, con la misma pasión de que es objeto. La
dilatación del carisma sería imposible si se centrase en un quehacer.
Yo mismo, durante mucho tiempo, he tirado la toalla, desengañado
de poder construir algo con éxito. Sin embargo, ante la posibilidad
de retomar lo que había conmovido mi corazón, la manera de afrontar
las cosas ha cambiado. Y hoy, aunque todo parezca estar contra
mí, hay siempre una pizca de alegría. Así aprendo que sólo sirviendo
a lo que nace entre nosotros puedo sorprenderme de lo que sucede
en la realidad entera que me rodea. Cuando vivimos con un mínimo
de conciencia de pertenencia incidimos en la realidad, hasta el
punto de que esta pertenencia se vuelve signo y posibilidad de
recuperar la dignidad histórica de nuestro pueblo. Esto se hizo
patente cuando nos invitaron, el día de la Inmaculada, a participar
en la procesión en un momento dramático para la Iglesia napolitana.
Asumiendo ese gesto, hemos visto que sólo con la pasión que nace
de nuestro carisma se puede reconstruir la historia de un pueblo.
No añadimos nada nuevo, no hicimos nada de particular, pero nuestra
unidad fue para muchos un testimonio importante. Igual que la
de los muchos chicos que han participado en la apertura de curso
de GS. Fue algo increíble. Una marea de chicos imposible de gobernar
por una mera organización, si no fuese por el amor de algún profesor
que acepta que lo que sucede sea todo para él. Del mismo modo,
la comunión adulta que vivimos en la CdO no censura ninguna dificultad,
más bien la afronta como ocasión de corrección y perdón mutuo.
Lo que nos determina es una comunión sin filtros, una corrección
sin vacilaciones; sólo así comprendo con más facilidad el origen
afectivo de un modo nuevo de conocer y juzgar todo.
Tonino, Nàpoles
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La dignidad de las
cosas
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Hace sólo un día
que volví de los ejercicios del CLU y no creo que sea exagerado
afirmar, a pesar del poco tiempo que ha pasado, que estos tres
días han sido verdaderamente un milagro: el de descubrir que todo
puede ser redimido. Al contrario de lo que habitualmente pensamos,
de la cosa más horrible nace con más potencia la necesidad de
que todo tenga sentido. En esta desproporción paradójica, en esta
herida que no quiere cicatrizarse, en este grumo de dolor infinito,
todo puede desvelarse por el inmenso valor que tiene. Las cosas,
así, asumen otra dignidad, dignidad que con demasiada frecuencia
arrinconamos en algún compartimento olvidado de nuestro corazón
como si fuese un objeto antiguo que no sabemos dónde meter. Y
con la dignidad y el respeto que cada cosa demanda, como algo
en sí mismo y por tanto no posesión mía. Jamás había experimentado
con tanta potencia aquel estremecimiento, ese soplo de verdad,
de sentido. Me he descubierto atento, atraído por la vida que
últimamente me había paralizado, que sólo me había dejado un abismo
de tristeza. No es que ahora esté todo claro, no es que el abismo
se haya colmado o se haya desvanecido como una pesadilla, pero
parece que aquel desgarro se empieza a comprender, volviéndose
punto de partida para construir. ¿Cómo explicar, o tan sólo comprender,
ese amor inmenso por mi tristeza? La única certeza capaz de sostenerme
es un amor así; es maravilloso estar seguros de que no estamos
solos y que este amor que hemos descubierto nunca podrá dejarnos.
Paolo, Milàn
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Interesante
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He encontrado esta
frase de Pessoa, sacada del Libro de las inquietudes: "En la vida
de hoy el mundo pertenece a los estúpidos, a los indiferentes
y a los activistas. Hoy el derecho a vivir y triunfar se obtiene
prácticamente con los mismos requisitos con que se obtiene el
ingreso en un manicomio: la incapacidad de pensar, la inmoralidad
y la agitación excesiva".
Dania, Imola
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