La
asociación "Incontro e presenza" nació en Milán en 1986 tras el encuentro
entre Mirella Bocchini - que entonces era concejala municipal - y algunos
presos de la cárcel de San Vittore. La asociación tiene contactos frecuentes
con muchos otros grupos que, en diversas ciudades del Norte de Italia,
han realizado múltiples actividades y estructuras de trabajo para presos
y ex presidiarios. Así, se ha establecido un vínculo fraterno con la
cárcel de Voghera: don Giorgio Brianza y su comunidad parroquial de
Milán comenzaron allí el año pasado esta obra. La asociación nació sin
la agobiante preocupación del éxito, bien consciente de la enorme desproporción
entre los recursos de los que disponía y la envergadura de las necesidades
a las que se enfrentaba. Por ello, todo lo que ha sucedido se ha vivido
en primera persona como un don y una experiencia muy enriquecedora.
Maurizio, uno de los voluntarios de la asociación, cuenta cómo comenzó
su labor con los presos hace siete años: "Empecé porque mi amigo Marco
Rossi se trasladó a vivir a mi pueblo, Opera, y me implicó en algo que,
como sucede a menudo, no hubiera pensado jamás, pero que después se
reveló como una actividad que cada vez me educaba más. Durante un año
acudí a un curso organizado por la "Sesta Opera", gracias al cual conseguí
la licencia del Ministerio de Justicia y pude entrar en la cárcel. El
problema más grave con el que nos topamos al principio fue el del vestuario
y los productos higiénicos. Las cárceles están masificadas y, con frecuencia,
los detenidos - sobre todo los ciudadanos extracomunitarios y los toxicómanos
(que son más de 1400 entre 2000) - carecen de mudas y ropa. Las epidemias
- de sarna o de Tbc - están siempre al acecho. Los presos mismos han
querido organizarse elaborando un proyecto y pidiéndonos a nosotros
que lo gestionáramos. Se trataba de ir por las parroquias y las escuelas
recogiendo ropa. La ropa interior, en cambio, la comprábamos. La distribución
se hacía cada semana en un sector distinto de la cárcel.
En seguida, siguiendo la sugerencia del director de San Vittore, el
doctor Luigi Pagano, que puso a nuestra disposición un pequeño periódico
en cada sector, junto con algunos internos formados por nosotros bajo
controles semanales permanentes, se encargaron de la entrega de la ropa
a la llegada de los nuevos presos (casi 160 por semana), en especial
de los más indigentes que no reciben visitas de parientes".
Trabajar dentro y fuera
Tina, también voluntaria de "Incontro e presenza", trabaja con los internos
del penal: "Nos ocupamos de los trabajadores, de encontrar un trabajo
y una casa cuando salen de la cárcel, y a veces de sostener económicamente
a los más pobres y a sus familias. En 1996 nació la cooperativa "Il
Gran Serraglio" que, con los trabajadores organizados dentro de San
Vittore, ha montado una empresa de carpintería e informática fuera de
la cárcel. Han elaborado una agenda para ponerla a la venta con la historia
de San Vittore y fabrican muebles de alta calidad. Ahora se está asociando
a la cooperativa también el grupo de los magníficos peleteros de San
Vittore. La cooperativa, además, ha hecho una película que ha obtenido
premios y reconocimientos por todas partes. La idea de la película partió
del subdirector de Famiglia Cristiana. A nosotros nos pidieron que les
procurásemos el material. El título es Campo corto y es la historia
de un partido de fútbol en un pequeño campo de cemento (uno de los que
se usan en el recreo) de San Vittore, partido que comienza y no termina
nunca: este partido simboliza todo su tiempo, toda su jornada, todo
su deseo de vida y de libertad".
Sin embargo, sólo entre el 2 y el 5% de los detenidos está ocupado en
un trabajo. "Ésta - explica Gualtiero - es una gran preocupación para
nosotros. También intentamos encontrar trabajo para los que salen, pero
no es fácil. Lo que les prometemos es continuar cerca de ellos, acogerles
en nuestras casas, acompañarles en la vuelta a la vida fuera de la cárcel.
Algunos detenidos dicen a menudo que la relación que se ha entablado
entre nosotros es una novedad "absoluta" que hace más "vivible" su condición
actual. Un día, un amigo encarcelado nos decía: "Yo soy un ladrón, quiero
robar lo que existe entre vosotros que os mantiene juntos". A veces
ocurre que te echan encima su necesidad rabiosa, pero nunca hay un cliché
prefijado, como sucede en todo encuentro".
"Hoy - cuenta Andrea - hemos empezado también a colaborar con TIM (ndt.
empresa de telecomunicaciones italiana) quien, de acuerdo con el Ministerio
de Trabajo y con el director de la cárcel, ha dado vida a una cooperativa
externa en la que están implicadas tanto "Incontro e presenza" como
"Sesta Opera". La actividad es bastante simple: TIM, tras haber hecho
un curso de preparación para los detenidos, les da trabajos de control
de piezas y de manipulación de soportes informáticos. La cooperativa,
que se llama "Outsider", implica actualmente como socios trabajadores
a 15 presos. En un plazo de dos años llegará a dar trabajo a 25 personas".
Entre la maraña de la existencia
Marisa y su marido entraron en el sector de los más abandonados, los
más desesperados: los llamados "infames". Y precisamente aquí, entre
éstos, empezaron a hacer escuela de comunidad. "Hace ya un año y medio
que la hacemos y nos hemos dado cuenta de que la escuela de comunidad
es de veras para todos. Paradójicamente, empezar fue sencillo: los más
atormentados pidieron algo que diese un poco de luz y claridad a la
maraña de su existencia, pero no sabían qué podía ser. Entonces les
propusimos trabajar sobre El Sentido Religioso de don Giussani". También
en otro sector comenzaron a hacer escuela de comunidad. "Todo sucedió
- continúa Tina - cuando un detenido, Mimmo, murió a causa de un incidente
jugando al fútbol: tenía 30 años e iba a salir de la cárcel una semana
después. Sus compañeros se encerraron en las celdas y permanecieron
en un silencio impresionante durante tres días; después, nos pidieron
hacer un trabajo sobre sí mismos para comprender el significado de la
vida y de la muerte".
"El descubrimiento más importante de estos 13 años de trabajo - cuenta
Mirella - es la verdad del método del encuentro y de la pertenencia,
en la forma precisa y concreta en que ha tomado carne con los presos.
El encuentro entre los voluntarios y los internos sólo es posible si
es real, es decir, si es una relación entre iguales; justo lo contrario
del asistencialismo. La relación es entre iguales si ambos vivimos el
común límite humano, y juntos, la tensión a la realización de nuestra
humanidad.
Los presos han perseguido de modo exasperado los mismos criterios y
los mismos modelos de toda la bárbara sociedad que les rodea. Para volver
a ser hombres y, por tanto, hijos y padres, alumnos del Misterio que
nos genera a todos, no pueden hacer referencia a esos modelos sociales
ni a las leyes del Estado y de la convivencia civil, de las que conocen
mejor que nadie la hipocresía y, a menudo, la violencia. Un miembro
de nuestra asociación, ex militante de la lucha armada, nos dijo una
vez unas palabras muy clarificadoras: "Para los delincuentes comunes,
en sustancia el problema es éste: se trata de sustituir una pertenencia
por otra". Cambiar de pertenencia les permite cambiar de deseos".
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Todo comienza hace 13 años. Es la apertura de curso de CL en Milán.
En los avisos finales se hace hincapié en una nueva caritativa en la
cárcel de San Vittore en colaboración con la "Sesta Opera", asociación
fundada por los jesuitas que obra en dicho centro desde 1946. A la salida,
aquel aviso no deja tregua y condensa el aire del coche lleno de amigos
mientras vuelven a casa. Al fin se deciden: irán. Tras haber agotado
todos los trámites burocráticos, a la espera de que el Ministerio de
Justicia les conceda el carnet, acuden a un curso de preparación para
asistentes carcelarios organizado por la "Sesta Opera". Tras un año,
provistos del pase, cruzan el umbral de la cárcel.
Fiorella y Eugenia, profesoras de italiano, dan su disponibilidad para
enseñar en el curso de contabilidad nacido en el interior de la cárcel
en los años 70, cuando un brigadista (ndr. miembro de las Brigadas Rojas,
grupo terrorista italiano) del penal pidió poder obtener el diploma.
Desde entonces, a petición de los presos, algunos profesores, sin compensación
económica alguna, llevan adelante el curso. "La escuela de San Vittore
es una verdadera escuela - comienza Eugenia -. Los estudiantes entran
en clase llenos de deseo de aprender; el estudio y la lectura se convierten
para ellos en su actividad principal, la que da forma a su jornada.
Estudiar representa para ellos un espacio de valoración personal y de
éxito en un mundo de lucha y de prevaricación como es el de la celda.
A veces algunos de los detenidos renuncian a la hora de recreo para
poder asistir a las lecciones, que se desarrollan todos los días entre
las 13.00 y las 16.00, porque para ellos la escuela es la posibilidad
de una relación con un adulto que pertenece al mundo "normal", es el
vínculo con la realidad que está fuera. El estudio de las materias es
siempre vivaz, no hay nada de lo que se lee o explica que no sea constante
y tenazmente comparado con su experiencia, con su condición. No hay
división entre el saber y la vida".
Cartas, libros y zapatos
En los años siguientes se le propone a Fiorella llevar los cursos del
sexto sector: condenados por crímenes graves que se encuentran aislados
y protegidos en este pabellón. Su mundo se reduce a la celda; salen
sólo para la hora de recreo que transcurre separadamente del resto de
los presos. "Aquí no se habían organizado nunca actividades - cuenta
Fiorella -. Me rompí la cabeza para descubrir qué les podía interesar.
Al final recordé que los detenidos tienen siempre el problema de las
cartas: a su mujer, a los hijos, a la dirección de la cárcel. Entonces
recogí las más hermosas epístolas de la literatura y las estuvimos analizando.
Partiendo de los grandes autores y de su habilidad para decir las cosas
que más les importaban, comenzamos también nosotros a escribir. Esos
hombres dieron lo mejor de sí mismos y han encontrado en la escritura
una compañía para las interminables horas vacías de la celda".
Del entusiasmo suscitado por ese curso nació la idea de una biblioteca.
Los voluntarios se preocuparon de recopilar los libros en las escuelas
y en las casas editoriales; los internos los catalogaron y ahora gestionan
ellos mismos todos los aspectos del trabajo.
Pero no sólo hay necesidad de profesores en la cárcel. Adolfo y Mariangela
están casados desde hace treinta años; sus hijos ya son mayores; él
es profesional liberal y ella, ama de casa. El sábado por la mañana
hacen el recorrido por las parroquias para recoger ropa y zapatos. Tras
haberlos seleccionado, los cargan en el maletero de su coche y los llevan
a San Vittore. "Cuando haces el recorrido por los sectores - explica
Mariangela - comprendes que detrás de cada uno hay un mar de necesidades
a las que no puedes responder sólo con ropa. Te paran, te piden que
les eches una mano, que te pongas en contacto con su familia y a veces
te piden dinero. El sábado siguiente hacen la solicitud para poder verte
con más tranquilidad en el coloquio para el que estamos disponibles
después de comer; y al sábado siguiente, quizás, te encuentras en sus
casas hablando con sus mujeres y sus padres, simplemente para hacer
de correo o bien para ayudarles con abogados y asistentes sociales".
Padrinos y madrinas
"Hace tres años - continúa Fiorella - el capellán de la cárcel nos pidió
que preparásemos a algunos detenidos para recibir los sacramentos. Utilizamos
un texto base para la catequesis y a menudo, para acercarnos a sus preguntas
tan acuciantes, profundizábamos las distintas temáticas valiéndonos
de fragmentos de El sentido religioso y de algunos artículos que nos
parecía que respondían a sus exigencias. Una vez leímos un artículo
de 30 Días que recordaba a la beata Teresa Bracco, una chiquita de Langhe
que en 1944 fue hecha prisionera por los soldados alemanes y después
asesinada mientras trataba de defender su pureza. Esta historia tan
simple fue el punto de partida para hablar de la mujer, porque la mujer
en la cárcel, entendida como madre, esposa e hija, está tremendamente
presente en su ausencia. Y ellos tienen necesidad de ser educados constantemente
a mirar las cosas desde otra perspectiva. Al final del año suele ir
el arzobispo a administrar los sacramentos. Para ese día los presos
preparan todo con celo; se piensa en las lecturas, los cantos, las ofrendas.
A menudo, nos piden que hagamos de padrinos y madrinas y que les ayudemos
a encontrar el vestido "adecuado"".
En definitiva, los detenidos piden todo; uno da lo que puede, pero a
lo que no nos podemos sustraer es al deseo de llegar a ser sus compañeros,
como cuenta Maria Grazia, otra voluntaria que sigue la catequesis con
Fiorella: "Cada sábado me doy cuenta de que aquellas personas se me
dan para compartir la necesidad y la apertura a Otro que es distinto
de nosotros, a Alguien al que todos pertenecemos. Cada sábado se vuelve
a dar el descubrimiento de las preguntas originales que nos unen y la
verificación de la propuesta cristiana. Voy a San Vittore para encontrarme
con personas, para encontrar al amigo Jesús".
Schubert entre las rejas
Junto a ellos está también Enrico, 53 años, dirigente de la Hewlett
Packard: tras una experiencia de caritativa un tanto fragmentaria en
los tiempos de la universidad, el año pasado advirtió la exigencia de
seguir la invitación a la caritativa que tan frecuentemente reitera
don Giussani. "No he elegido yo San Vittore, ha sido Marco quien me
lo ha sugerido. Al principio afronté el ambiente con cierta circunspección;
me esperaba que tendría que tratar con personas muy diversas a las que
están fuera. Por el contrario, los presos, incluso los que están acusados
de delitos graves, no son en el fondo distintos de nosotros. El mal
que han realizado no es diferente del mal que nos enfanga a todos. Hace
algunas semanas me impresionó un pequeño suceso. Mientras dábamos la
catequesis, entró un preso trabajador (se trata de internos que tienen
un trabajo en la cárcel y por tanto la posibilidad de moverse por el
interior de la misma; ndr) con un "colega" suyo más anciano. Querían
participar también ellos. En realidad era una excusa. El anciano, que
en su juventud había sido cantante profesional, deseaba que escucháramos
el Ave Maria de Schubert que estaba preparando para la misa de Navidad.
La premura con la que el otro acompañó a su amigo cantante y la atención
de los otros compañeros me asombraron".
Stefania, que acaba de terminar la universidad, entró en contacto con
quienes llevan más tiempo haciendo la caritativa. Enseguida se mostró
disponible para los coloquios con los presos, a los que los voluntarios
suelen ir de dos en dos. Ha conocido a Alessandro, estudiante de arquitectura:
"No sabemos por qué está dentro, no nos ha hablado nunca de eso - cuenta
Stefania -; cuando llegábamos, no quería desperdiciar ni un solo minuto
del poco tiempo que tenía para contarnos sus impresiones y hacernos
sus preguntas. Antes de ser trasladado al centro penitenciario de Busto
Arsizio, nos escribió una carta en la que decía que en la cárcel había
encontrado el amor, el sacrificio y la solidaridad, "palabras consumadas,
hoy demasiado usadas, pero que con vosotros ahora me resultan comprensibles.
El amor que lleváis dentro y que transmitís sin exigir contrapartida;
el sacrificio, porque creo que todos vosotros habréis renunciado a veces
a planes más agradables para estar con nosotros y con nuestro sufrimientos;
la solidaridad, porque nunca nos habéis hecho sentir en una condición
distinta de la vuestra. Mi felicidad se tiñe de tristeza cuando pienso
que no todos los que están aquí dentro lo pueden ver".
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