EVANGELIO E HISTORICIDAD
SAN PABLO


"Cuando me eligi?"

En pol?mica con quien ha creado el mito de Pablo como "inventor" del cristianismo,
el profesor de Nuevo Testamento de Madrid ha retratado al Ap?stol
de las gentes como el "gran comunicador" del acontecimiento de Cristo.
Extracto de la conferencia dada en Mil?n y Bolonia

JULI?N CARR?N


En un a?o en que toda la Iglesia se dispone a celebrar el Jubileo, con motivo de los 2000 a?os de historia cristiana, no resulta extra?o que vuelva los ojos a aquellos que fueron testigos privilegiados del acontecimiento en el que ella tuvo su origen. Al hacer esto, la Iglesia no hace otra cosa que seguir los pasos de quienes, al comienzo de esa historia, asumieron la tarea de poner por escrito los hechos. Uno de ellos, Lucas, nos dice en el pr?logo de su evangelio que lo que va a narrar son las cosas que sucedieron "tal como las transmitieron los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la palabra" (Lc 1,2). De este modo nos dejaron ya indicado el camino que todos los que vini?ramos tras ellos ten?amos que recorrer, si no quer?amos acabar sucumbiendo a nuestra imaginaci?n; o dicho con otras palabras, a inventarnos el cristianismo, en lugar de aprender lo que es, observando atentamente c?mo ?ste se manifest? en la historia humana.
A esta tentaci?n han sucumbido quienes, rechazando disponerse a aprender de los que fueron los testigos, creyeron que pod?an conocer mejor el acontecimiento cristiano con la ?nica arma de una raz?n separada de aquellos que ?nicamente pod?an llevarla, sin perderse, al acontecimiento que quer?an conocer. En lugar de ponerse a la escucha de los "testigos oculares", tal como nos ense?aron a hacer los evangelistas, y de aquellos que a lo largo de los siglos les hab?an seguido, prefirieron arriesgarse por un camino que, como veremos, les llev? a perderse.
La raz?n por la que se negaron a seguirles fue la sospecha de que aquellos que escribieron las fuentes que nos permiten conocerlo m?s que testigos eran creadores, inventores. Esto se aplic?, como veremos, especialmente a Pablo. En realidad, lo que nosotros consideramos siguiendo el Nuevo Testamento como rasgo distintivo del cristianismo, que lo sit?a aparte de cualquier otra forma religiosa y que nos mueve a celebrar un Jubileo en su 2000 aniversario, que el Misterio ha entrado en la historia, no ser?a m?s que una creaci?n de la genialidad de un hombre, Pablo de Tarso?
Del conjunto de textos producidos por la comunidad cristiana primitiva, que conocemos como Nuevo Testamento, a nosotros nos interesan ahora especialmente las cartas paulinas. Estas cartas son especialmente importantes para nosotros, en primer lugar, porque nadie hoy discute que gran parte de las que se le atribuyen han sido escritas por el mismo Pablo; y, en segundo lugar, porque hay igualmente un consenso bastante generalizado sobre su dataci?n: la d?cada de los a?os 50 del siglo primero de nuestra era. Y lo primero que llama la atenci?n es que entre la primera carta de Pablo, 1Tes, escrita a principios del a?o 50 d.C. al comienzo de su actividad misionera en Corinto, y la ?ltima, la carta a los Romanos, escrita presumiblemente en el invierno del 56/57 d. C., de nuevo desde Corinto, no se puede detectar ninguna evoluci?n en lo que Pablo piensa de Cristo. En ellas Pablo utiliza t?tulos, f?rmulas y concepciones cristol?gicas que no explica. Pablo, pues, supon?a a las comunidades capaces de entenderlos. Nadie escribe una carta para que resulte incomprensible al destinatario. El ?nico modo que hab?an tenido de conocerlos era a trav?s de la actividad misionera del ap?stol en el momento de la fundaci?n de esas comunidades.

Testimonio antiqu?simo
Como entre la primera carta (1Tes) y la ?ltima (Rm) no se percibe ninguna evoluci?n sustancial en el pensamiento de Pablo, esto implica que todas las caracter?sticas esenciales de la cristolog?a de Pablo estaban ya totalmente desarrolladas hacia mitad de la d?cada de los cuarenta, antes del comienzo de los grandes viajes misioneros. Nos quedan, pues, unos 15 a?os, entre mitad de los a?os cuarenta y el a?o 30, en que generalmente se sit?a la muerte de Jes?s. En este per?odo debi? llevar a cabo Pablo la supuesta obra de dar a luz la fe cristiana, tal como la tenemos contenida en sus cartas.
Para mostrar la fecha temprana en que se escribieron los evangelios o sus fuentes, lo verdaderamente decisivo era un testimonio antiqu?simo y de absoluta fiabilidad. Pues bien, ?ste lo hemos encontrado en pasajes de una de las cartas de San Pablo, la segunda carta a los Corintios, famosos por su oscuridad o extra?eza. Aunque no es posible entrar ahora en esta cuesti?n en toda su profundidad, una de las cosas que se deduce de los textos en que San Pablo habla de "evangelios" escritos es que ?stos no se escribieron para uso exclusivo de los predicadores, sino tambi?n, y quiz? con mayor raz?n, para que los creyentes en Cristo tuviesen una lectura sagrada que hablase de ?l en sus celebraciones de la Cena del Se?or los domingos. As?, en 2Cor 1,13 el griego dice literalmente: "porque no os escribimos otra cosa sino lo que le?is". Esta afirmaci?n del ap?stol resulta enigm?tica a pesar de su sencillez; as? lo demuestran los esfuerzos de los estudiosos para hallarle un sentido.
A nuestro juicio, la ?nica explicaci?n posible viene dada por el original arameo. En efecto, en hebreo y arameo, adem?s del acusativo directo que hace de objeto de verbos transitivos, existen los acusativos indirectos, y entre ellos el llamado "acusativo de especificaci?n"; ?ste debe traducirse haci?ndolo precederse de la preposici?n "acerca de". Entendiendo as? el acusativo de esta proposici?n que comentamos, viendo en ella la traducci?n defectuosa de un acusativo de especificaci?n, el original arameo dec?a: "Porque no os escribimos sino acerca de las cosas que le?is". Es claro, a nuestro juicio, que con estas palabras San Pablo quiere decir: lo que yo escribo en mis cartas es reflexi?n teol?gica, comentario a lo que vosotros le?is en vuestra lectura sagrada de los domingos. El ap?stol se siente atado a esta tradici?n sobre Jes?s fijada por escrito.
Ahora es preciso tener en cuenta que donde quiera que se reuniesen creyentes en Cristo Jes?s para la celebraci?n lit?rgica del domingo debieron ser le?dos escritos con este contenido y esta categor?a sagrada; s?lo as? pod?a asegurarse en las comunidades la conservaci?n de la fe. Y comunidades de creyentes en Jesucristo las hubo en Palestina al poco tiempo de su muerte y resurrecci?n. Y como estas comunidades eran de habla aramea, forzosamente los escritos compuestos para ellas deb?an estar en arameo e inmediatamente despu?s traducidos al griego.

El encuentro con Pedro

(?) Pablo dice que su evangelio no lo recibi? de hombre alguno, sino por revelaci?n. Y que para comenzar a anunciarlo no consult? a los ap?stoles de Jerusal?n. S?lo despu?s de tres a?os Pablo se encontr? con Pedro, y 14 a?os despu?s expuso su evangelio a las columnas de la Iglesia de Jerusal?n para saber si estaba corriendo en vano. Esto muestra la independencia en el modo en que Pablo entr? en contacto con el evangelio. Pese a su independencia en el origen, ?l se encarga de subrayar su coincidencia en el contenido. "No a?adieron nada. S?lo me encarecieron que no me olvidara de sus pobres" (G?l). ?C?mo, entonces, Pablo conoci? el evangelio? La respuesta a esta cuesti?n nos permitir? comprender hasta qu? punto Pablo es un testigo cualificado del acontecimiento cristiano.
Desde el punto de vista estrictamente hist?rico no hay hecho m?s indiscutible en la vida de Pablo que el cambio de rumbo que ?sta experiment? en un determinado momento, cuando iba camino de Damasco. Al comienzo de la carta a los G?latas Pablo narra el cambio con estas palabras: "Ya conoc?is mi conducta anterior en el Juda?smo, cu?n encarnizadamente persegu?a a la Iglesia de Dios y la devastaba, y c?mo sobrepasaba en el Juda?smo a muchos de mis compatriotas contempor?neos, super?ndoles en el celo de las tradiciones de mis padres. Mas, cuando Aquel que me separ? desde el seno de mi madre y me llam? por su gracia, tuvo a bien revelar a su Hijo en m? para que lo anunciase entre los gentiles..." (G?l 1,13-16). (?)
Por otros pasajes de las cartas sabemos que esta revelaci?n estrib? en la aparici?n de Cristo resucitado. Las dos ocasiones en las que Pablo alude a este hecho en la primera carta a los Corintios sit?an la experiencia que tuvo lugar en el camino de Damasco en el contexto de las apariciones pascuales. En 1Cor 9,1, "?Acaso no he visto yo a Jes?s, Se?or Nuestro?", utiliza el mismo verbo or?o, "ver", que encontramos en contextos pascuales. Y en 2Cor 15,8, Pablo menciona la aparici?n de Jes?s resucitado, de la que fue objeto, al final de un elenco de las apariciones, lo que implica catalogarla como una de ellas. De estos textos se puede, pues, retener que "Pablo ha visto a Jes?s" y que "considera esta visi?n id?ntica y del mismo valor que aquellas con las que han sido agraciados Pedro, Santiago y los otros testigos de las apariciones del Resucitado" (S. L?gasse, Paul Ap?tre, Par?s 1991, 62).
Si "la experiencia es el emerger de la realidad en la conciencia del hombre, el hacerse trasparente la realidad a la raz?n humana", en esta experiencia del encuentro con el Resucitado se hace trasparente para Pablo la realidad de Cristo (L. Giussani, Il miracolo del cambiamento, Rimini 1998, p.15). En ning?n otro momento de su vida la raz?n y la libertad de Pablo fueron desafiadas, puestas en juego, como ante este acontecimiento. De un modo absolutamente imprevisto, en el camino de Damasco Cristo resucitado sale al encuentro de Pablo, cuya raz?n es dilatada por la gracia de la fe para adecuarla a la realidad excepcional que tiene ante s?. Es esta presencia de Cristo resucitado que le precede y le provoca, o mejor que le precede llam?ndole, la que sostiene esta apertura de la raz?n para que Pablo pueda percibir adecuadamente el significado de aquel encuentro, provocando en ?l aquel atractivo que permite a la libertad la adhesi?n amorosa a ella. Por eso, puede definir apropiadamente este acontecimiento como revelaci?n: en ?l se revela a Pablo la realidad plena de Cristo. Como tantos jud?os, Pablo hab?a asumido el juicio sobre Jesucristo implicado en la sentencia del Sanedr?n: un blasfemo, contrario a las m?s preciosas tradiciones de Israel, el Templo y la Ley. ?l cre?a saber ya qui?n era Jesucristo. Ahora, en cambio, la inesperada irrupci?n de Cristo resucitado en su vida le proporciona un conocimiento con el que no contaba. A partir de ese momento se dar? cuenta de que el conocimiento que ten?a de ?l era s?lo - como dir? posteriormente - kat?/sarka, "seg?n la carne" (2Cor 5,16).

Hombre razonable

Si, seg?n el axioma de J. Guitton, ""razonable" es someter la raz?n a la experiencia", Pablo se mostr? como un hombre razonable al aceptar someter su raz?n, es decir, lo que pensaba sobre Jes?s, al conocimiento de la realidad de Cristo tal como se hac?a trasparente en aquella experiencia. Esta revelaci?n se convirti? en el criterio b?sico de juicio sobre todo. "Cristo le abri? los ojos y, una vez conocido, sus criterios de valoraci?n se vieron simplemente invertidos". As? lo confirma expl?citamente el mismo Pablo. "Circuncidado al octavo d?a; del linaje de Israel; de la tribu de David; de la tribu de Benjam?n; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable. Pero lo que ten?a por ganancia, lo tengo por p?rdida y por basura a causa de Cristo. M?s a?n: juzgo que todo es p?rdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jes?s, mi Se?or, por quien perd? todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo" (3,5-8). Pablo, pues, se ve obligado a revisar todas las categor?as fundamentales de su pensamiento, sus antiguas convicciones a la luz del nuevo conocimiento de Cristo. El resultado de esta revisi?n y la nueva mentalidad que brot? de ella es lo que llamamos teolog?a paulina. ?l dio a conocer esta teolog?a no en un manual de teolog?a, sino en unas cartas dirigidas a las comunidades que ?l fund?. A trav?s de ellas, Pablo sigue testimoniando a todo aqu?l que se acerca a ellas y las lee con sencillez de coraz?n el acontecimiento que cambi? su vida, el mismo acontecimiento que ha cambiado la nuestra y que nos disponemos a celebrar en este Jubileo.