| Europa Caso Buttiglione Breve reseña razonada a cargo de la redacción Buttiglione no habría podido hacer una declaración más fuerte en defensa de la libertad personal y del derecho a seguir la propia orientación sexual sin interferencia del Estado. Pero esto no ha satisfecho a los parlamentarios europeos que, cuando hablan de igualdad de derechos, en realidad se refieren a los derechos de intereses particulares. The Wall Street Journal Europa, 13 de octubre La decisión de la comisión del Parlamento europeo contraria
al nombramiento de Buttiglione significa en la práctica que, a partir
de ahora, aquel que se manifieste sin reticencia católico no es
idóneo para ocupar altos cargos en la Unión. (...). Así es
como la vieja socialdemocracia obrerista ha acabado convirtiéndose
en progresismo de clase media para uso interno y para uso mundial, en un
nuevo universalismo que en lugar de valores políticos proclama los
supuestos éticamente superiores del “derecho” y de los “derechos”,
y que tiene en la gris Bruselas su nueva Jerusalén. Entendámonos, mis ideas... están en las antípodas
de las de Buttiglione. Pero justamente por coherencia con estas ideas me
horrorizo por lo que le ha sucedido. Estoy seguro de que las personas como
yo deberían aprovechar la ocasión para afirmar la quintaesencia
del espíritu laico, saliendo inmediatamente en defensa de este parlamentario
católico en la evidente vejación que está sufriendo.
Y sin embargo... ¿Uno que se reconoce en una visión tradicionalista del mundo
es declarado no idóneo para Europa – y declarado como tal
por gente como Cohn-Bendit? [europarlamentario alemán, líder
de los verdes europeos, ndr]. ¿O bien se trata sólo del derecho
europeo, de su correcta aplicación, de la distinción entre
moral privada y responsabilidad pública? Cuando ocurre que alguien
como Buttiglione, que desde largo tiempo atrás ha defendido la necesidad
de la unificación europea, no puede ser considerado un digno representante
de una “Europa tolerante”, la tolerancia está verdaderamente
en peligro, ya que entonces se podrá escoger únicamente aquello
que determinadas fuerzas declaren como admisible. Lo cual es casi totalitario. Con el caso Buttiglione se ha desvelado la despiadada beatería
de lo políticamente correcto que ha contagiado a quienes gobiernan
Europa. (...) El nuevo presidente de la Comisión ha sido obligado
a retroceder ante la manada prepotente, y un hombre ha sido censurado por
decir lo que piensa. (...) [Las creencias de Buttiglione] suenan a herejía
a la llamada izquierda liberal. (...) He aquí la Europa dividida
del egoísmo y de la manipulación que muchos británicos
encuentran repugnante. Las creencias de Buttiglione son inaceptables en una Unión Europea
que desea homologarlo y estandarizarlo todo – incluso, parece, los
valores morales. (...) Principios que se han conservado a través
de dos milenios de enseñanza bíblica son ahora atacados como “prejuicios”,
por la sencilla razón de no coincidir con el modo autoindulgente
en el que algunos modernos han escogido vivir su vida; o mejor, con el
modo en que algunos políticos ávidos de votos creen que la
gente desea poder vivir. (...) Hubo un tiempo en que se consideraba inconveniente
o fuera de lo común infringir los viejos tabúes. Infringir
los modernos puede ser fatal para la propia carrera o la propia credibilidad,
como ha descubierto Buttiglione. Pone al trasgresor en manos de lo que
Solzenicyn llamaba “la censura de la moda”. Buttiglione reclamaba su derecho a profesar ciertas convicciones de índole
moral, siempre que no interfieran en su desempeño político;
pero tal derecho le ha sido denegado. La Unión Europea ha considerado
que el ejercicio de una función pública es incompatible con
la libertad de conciencia; o bien que ciertas «conciencias» no
deben hallarse representadas en sus instituciones. Naturalmente, si se
niega el acceso a las instituciones a determinadas personas en razón
de sus convicciones morales, debemos entender que también se niega
el derecho de las personas con esas mismas convicciones morales a ser representadas.
La Unión Europea, en fin, está empezando a consagrar una
perversión del Derecho, que a partir de ahora sólo garantizará la
expresión de aquellas conciencias que se adecuen al discurso hegemónico,
quedando excluidas las demás. |