Comunicar una experiencia. es
Autores del pasado y voces del presente corroboran las afirmaciones
existenciales que don Giussani expone en la entrevista de Gian Luigi Vecchi,
publicada en el Corriere del 15 de octubre. La experiencia elemental del
hombre ante la presencia inconfundible del Misterio
La Navidad es el recuerdo de cómo
el Señor
se ha hecho presente.
El Señor nunca pertenece al pasado.
Por tanto, la Navidad es el recuerdo del Señor
que se ha hecho hombre,
fue niño como cada uno de nosotros lo ha sido y lo es.
Luigi Giussani
Mirar “con
pasión”, “con amor”: la
sorpresa por la realidad
Para responder parto de un modo de mirar las cosas “con pasión”, “con
amor”, con una apertura que no me deja solo, sino que pone en marcha
una relación. No se puede abordar una cuestión de la que
depende la vida con una actitud como la que acabo de describir sin que
esto descoloque al otro, le sorprenda. Si se produce este asombro, será lógico
hablar a los chicos con entusiasmo, y todo el trabajo quedará subordinado
al empeño de la inteligencia; sería un error en efecto seguir
a alguien sin un porqué. En el cerebro del hombre está la
clave que exige la explicación del porqué. Con otras palabras,
sin la sorpresa por la realidad como punto de arranque, el hombre se quedaría
bloqueado, poco o mucho, en la pura necesidad de hacer –¿pero,
hacer qué?– y sentiría cualquier intento suyo como
inútil. |
No
se equivocará, no obstante todos los errores posibles,
quien haya querido bien a la realidad, o sea a la Creación.
Al amar la realidad te internas en ella y abrazas la vida
sin necesitar abstracciones. Basta con amar la realidad,
siempre, de todas formas, incluso de forma atropellada, aproximativa,
como la mía. Pero amarla. No hay más preceptos.
Giovanni Testori
En una entrevista, cuando le pregunté cómo se sentía uno
con 108 años, me contestó: «Como un equilibrista montado
en un trapecio».
Al final, rezando, no pedía nada. Daba gracias. Daba gracias conmovido,
alegre, tierno, mirando desde la terraza los arboles agitados a lo lejos por
un viento silencioso. Sabía que cada día cada hora cada momento
era un don. Y sabía que dar las gracias era prolongar la vida.
Giuseppe Pontiggia
El residence de las sombras chinas
Evidentemente, mi manera de mirar el mundo, los objetos, no es natural, no es
laica. Siempre veo las cosas como algo milagroso, cada objeto tiene algo de milagro.
Tengo una visión, siempre un tanto informe, en cierto sentido religiosa.
Pier Paolo Pasolini
Debe ser como un coche que de pronto se topa con un muro y vira de repente. Acontece
y genera asombro.
Entre director y orquesta se crea algo cuya química no se puede determinar
técnicamente, es un misterio.
Un misterio que genera asombro.
Riccardo Muti
Un acto de vida, no un
discurso
En primer lugar hay que rectificar el planteamiento con el que normalmente
se concibe la fe. El inicio nuevo que la experiencia cristiana supone en
el ámbito de todas las relaciones, no nace de un punto de vista
cultural, como si fuera un discurso que se aplica a las cosas, sino que
sucede experimentalmente. ¡Es un acto de vida lo que pone en marcha
todo! El comienzo de la fe no es una cultura abstracta, sino algo que viene
antes: un acontecimiento. La fe toma conciencia de algo que ha acontecido
y que acontece, de una realidad nueva de la que, concretamente, parte todo.
Es una vida y no un discurso sobre la vida, ¡porque Cristo “palpitó” por
primera vez en el útero de una mujer! ... En estos años se
ha perdido la percepción del cristianismo y de la Iglesia como una
vida y así se perdió el inicio de la respuesta, la posibilidad
de dar respuesta a las preguntas de los jóvenes. Si falta el punto
de inicio no hay forma de abordar el problema que la naturaleza humana
plantea: la necesidad de responder a las exigencias propias de su razón.
Por lo tanto, hablar de la fe a los chicos, pero también a los adultos,
es comunicar una experiencia y no repetir un discurso sobre la religión,
aunque sea correcto. |
Cada
acto de vida en mí fue amor. Y yo creí
que fuera para el hombre, o la obra, o la patria
terrena, o los nacidos de mi firme cepa,
o las flores, las plantas, y los frutos que del sol
reciben sustancia, alimento y luz;
mas era amor de Ti, que en cada cosa
y criatura estás presente...
Ahora –Dios que siempre amé– te amo
sabiendo que te amo; y la certeza
inefable de que todo fue justo, hasta el dolor,
todo fue bueno, hasta mi mal, de que para mí
Tú fuiste y eres todo, me hace temblar
de una alegría más grande que la muerte.
Ada Negri,
Acto de amor
Este es el hecho. Y el hecho es lo más testarudo que hay en el mundo.
Mijail Bulgakov
El maestro y Margarita
Se educa mucho con lo que se dice, más con lo
que se hace, mucho más con lo que se es.
Ignacio de Antioquía
El
final del hombre moderno
Por nuestra parte no hay ninguna desconfianza, sino la conciencia fundada
de una situación grave y problemática que se refleja muy
bien en la poesía de Carducci, “En el monte Mario”: «...hasta
que reducida bajo el ecuador / tras la estela del calor huidizo / la extenuada
prole una sola / mujer, un hombre, tenga / que erguidos en medio de los
derribados montes, / entre bosques muertos, lívidos, con los ojos
/ vidriosos te vean, oh sol, desaparecer / tras la masa de hielo».
Estas palabras describen el final del hombre: es una imagen debida a una
concepción negativa de lo que el hombre es y a un desarrollo incompleto
de su sensibilidad e inteligencia. |
El
mundo podría existir muy bien sin la literatura, e
incluso mejor sin el hombre.
Jean Paul Sartre
El hombre: un milímetro por encima del mono cuando
no un centímetro por debajo del cerdo.
Pío Baroja
Cada ser es un himno destruido.
Ciorane
¿Qué es el hombre? Un gusano que se arrastra sobre una piedrecita,
la tierra; un grano de polvo que flota sin meta alguna en la vastedad infinita
del universo.
Toda doctrina que describe al hombre como un animal con cierto rasgo distintivo
tiende a ofuscar el problema que nosotros tratamos de entender. El hombre es
un ser específico que quiere comprender su unicidad: no su animalidad,
sino su humanidad.
Abrahán J. Heschel
El
yo dividido
Hoy el hombre vive cierta dispepsia existencial, una alteración
de las funciones elementales que lo divide, al igual que está dividida
la relación hombre-mujer que cita Carducci: cuando no se conciben
juntos en el origen, están divididos, son dos entidades separadas
que no se encontrarán ni siquiera al final. Puede resultar fácil,
por ejemplo, pensar en una página de arte como el simple producto
de una capacidad propia. Igual pasa con el trabajo o el amor a la mujer.
Y este es un dato actualmente muy extendido. |
El “hombre
nuevo” que corresponde a una sociedad capitalista plenamente
desarrollada y que ha logrado eliminar todos los elementos
residuales de sociedades anteriores, es uno completamente
individualizado, si se quiere, atomizado, desprendido de
cualquier grupo social. Sin el menor contacto personal, cada
vez un mayor número trabajará solo, se comunicará por
Internet, y no tendrá otro horizonte que el que le
muestren cientos de programas televisivos. El 53% de las “unidades
familiares” en Berlín ya constan de una sola
persona. El siglo XXI lleva todas las trazas de ser el de
los singles.
Ignacio Sotelo,
El País, 1-2-99
El sentimiento del aburrimiento nace en mí porque
la realidad es absurda, insuficiente, incapaz de persuadirme
de su existencia.
Alberto Moravia,
El aburrimiento
Y el hombre europeo, lejos de su origen, con las entrañas
cerradas, opacas y confusas, se ha hecho un desalmado. Oscuridad
del corazón que le desorienta y le hace andar perdido,
pues ya no distingue entre aquel que quiere ser y aquel de
quien huye. Porque el corazón confuso se declara en
rebeldía y es la fuente del rencor. Cuando se nubla,
el corazón se hace pesado, pesa como la peor carga,
al par que anda vacío. Y es difícil sostener
esta carga sin odiarse, no hallando consuelo de haber nacido,
que no otra cosa es el rencor.
María Zambrano,
La agonía de Europa
Un “desafío
generoso” a la libertad
Lo que hace distinta nuestra percepción es la dependencia que incumbe
a todas las cosas, antes de que el hombre parta para cualquier empresa: «Dulcísimo,
potente, / Dominador de mi profunda mente», cantaba Leopardi. Así,
ante la soledad brutal a la que el hombre se condena a sí mismo
como para salvarse de un terremoto, el cristianismo se ofrece como respuesta.
El cristiano halla una respuesta positiva en el hecho de que Dios se hizo
hombre: este es el acontecimiento que sorprende y conforta la que de otra
manera sería una suerte funesta. Pero Dios no puede concebir su
acción para con el hombre más que como un “desafío
generoso” a su libertad. |
Yo
no puedo concebir ni tolerar utopía alguna que no
me deja la libertad más querida: la de pertenecer.
Gilbert. K. Chesterton,
Ortodoxia
Hombre es amor. Hombre es un haz, un centro
donde se anuda el mundo. Si Hombre falla
otra vez el vacío y la batalla
del primer caos y el Dios que grita «¡Entro!»
Hombre es amor, y Dios habita dentro
de ese pecho y profundo, en él se acalla;
con esos ojos fisga, tras la valla,
su creación, atónitos de encuentro...
Dámaso Alonso,
Hombre y Dios
La magnanimidad de Dios,
la única que establece en qué medida participamos en
la realidad
La objeción moderna de que el cristianismo y la Iglesia reducirían
la libertad del hombre se ve anulada por la relación que, como una
aventura, Dios establece con el hombre. Por el contrario, a causa de una
idea limitada de libertad, hoy es inconcebible pensar que Dios se comprometa
en la angosta relación con el hombre, casi negándose a Sí mismo.
Esta es la tragedia: el hombre parece más preocupado por afirmar
su propia libertad que por reconocer esta magnanimidad de Dios, la única
que establece en qué medida participamos en la realidad y que, de
esta manera, nos libera realmente. |
El
hombre es una extraña criatura que no tiene bastante con nacer una sola
vez: necesita ser regenerado. Toda cultura viene a ser consecuencia de la necesidad
que tenemos de nacer nuevamente. Y así la esperanza es el fondo último
de la vida humana, lo que reclama y exige el nuevo nacimiento, su instrumento,
su vehículo.
María Zambrano,
La agonía de Europa
Hacia la festividad de la Trinidad de 1929 cedí, admití que Dios
era Dios y, de rodillas, recé; quizá fuera, aquella noche, el converso
más desalentado y remiso de toda Inglaterra. Entonces no vi lo que ahora
es más fulgurante y claro: la humildad divina que acepta a un converso
incluso en tales circunstancias. Al fin el hijo pródigo volvía
a casa por su propio pie. Pero ¿quién puede adorar a ese amor que
abrirá la puerta principal a un pródigo al que traen revolviéndose,
luchando, resentido y mirando en todas direcciones buscando la oportunidad de
escapar? Las palabras compelle intrare, obligadles a entrar, han sido tan manoseadas
por hombres impíos que debemos temblar ante ellas; pero, bien entendidas,
llenan la profundidad de la misericordia divina. La dureza de Dios es más
agradable que la amabilidad de los hombres, y su coacción es nuestra liberación.
Clive Staples Lewis,
Cautivado por la alegría
Fundaste este pueblo de tus siervos Don Quijote y Sancho sobre la fe en la inmortalidad
personal; mira, Señor, que esa es nuestra razón de vida y es nuestro
destino entre los pueblos, el de hacer que esa nuestra verdad del corazón
alumbre las mentes entre las tinieblas de la lógica y consuele los corazones
condenados al sueño de la vida.
Miguel de Unamuno,
Vida de Don Quijote y Sancho |