| VII Congreso Católicos y vida pública La ponencia en 5 pasos El profesor Spaemann trata de responder de modo razonado a una objeción radical contra la posibilidad de ser al mismo tiempo verdadero cristiano y verdadero demócrata. Los pasos fundamentales de dicha respuesta. Los no creyentes encuentran en los católicos un apoyo en la afirmación de la dignidad del hombre Alfonso Carrasco Rouco* 1. La conferencia pronunciada por el profesor Robert Spaemann en el congreso “Católicos y vida pública” celebrado recientemente en Madrid, quería responder de modo razonado a una objeción radical contra la posibilidad de ser al mismo tiempo verdadero cristiano y verdadero demócrata. La objeción se basa en considerar que la identidad de nuestras sociedades reposa en no depender de Dios para formular sus leyes y hacer posible la convivencia, sino sólo del hombre, de su razón y de su libertad; mientras que el cristiano no puede negar su dependencia de Dios en todas las cosas sin negar la propia identidad. Por ello, el cristiano no estaría realmente en su casa en una sociedad democrática “secular”, cuyos principios de convivencia no podría compartir. 2. Para responder a esta objeción, Spaemann hace un recorrido pausado, distinguiendo entre los diferentes tipos de creyentes presentes en nuestras sociedades (musulmanes y cristianos) y observando también la diferencia existente entre los representantes clásicos de la Ilustración, que aceptaban una religión y una moral natural, y sus “presuntos herederos” actuales. Estos no reconocen límite alguno, en un proceso de emancipación con respecto a la misma naturaleza humana que conduce a no poder rechazar comportamientos carentes claramente de humanidad; pues rechazan establecer una prioridad objetiva a la que hayan de someterse los intereses de cada uno, sean cuales fueren. 3. En su respuesta, Spaemann acepta que la razón humana puede reconocer por sí misma aquellos valores fundamentales de humanidad que no pueden someterse al juego de las mayorías, como mostró la experiencia histórica de la instauración de dictaduras por vías democráticas. Nuestras sociedades defienden pues la existencia de “derechos fundamentales” que cualquier ley debe respetar. Pero, observa Spaemann, la vigencia de estos derechos necesita un fundamento más allá de la voluntad de una mayoría o de la mera apelación a una inexistente autoridad de la naturaleza; es decir, implica o postula una “voluntad divina”. 5. Esta es, en breve, la interesante respuesta de Spaemann a una cuestión muy viva también en nuestra sociedad. Es muy de agradecer el esfuerzo racional que realiza, su voluntad de respetar todos los factores de una realidad a menudo maltratada en polémicas y argumentaciones insuficientes. El fondo de su pensamiento me parece converger además con la preciosa indicación ofrecida por Benedicto XVI en su Carta al Presidente de la Cámara de los Diputados italiana, el pasado 18 de octubre: * Alfonso Carrasco Rouco es profesor de Teología de la Facultad de Teología San Dámaso de Madrid y Consiliario de la Asociación Católica de Propagandistas. |