cartas
Cartas
Fin de semana
de estudio en Toledo
El fin de semana del 16,17 y 18 de enero hicimos una salida a Chueca (Toledo).
Propósito de estos días: comprobar que la promesa de Cristo se
cumple a través de la vida diaria. Comenzábamos siempre leyendo
una frase que nos sirviera para estudiar mejor. Después, una oración.
Las dos noches que pasamos allí fueron increíbles, especialmente
la de los testimonios de Jaime, Miguel Ángel y Sergio. Tanto Jaime como
Sergio nos contaron su experiencia después de haber vendido la revista
Huellas en la facultad de Filosofía de la Universidad Complutense. Miguel Ángel
habló del modo nuevo que tiene de afrontar el trabajo desde que encontró el
movimiento. El domingo, en la misa, se retomó la cuestión principal:
que sólo en Cristo la vida se cumple. Siguiendo las propuestas que se
nos hacen amamos más la vida, también el estudio.
Carlos y MĒ Pilar, Madrid
Gracias por la Iglesia
Os pido un favor: tened en cuenta en vuestras oraciones a un ex compañero
mío del Máster, Miguel, con el que también trabajé en
la agencia el año pasado. Se ha suicidado porque le había dejado
la novia. Le han enterrado hoy y los padres, con los que hablé ayer en
el tanatorio, estaban destrozados; también sus hermanos y la ex novia,
que ahora dice sentirse culpable. Esto es algo que me ha descolocado, porque
se me escapa cómo alguien puede cegarse y matarse a sí mismo...
Pero también veo que sin fe en Cristo, todo puede terminar en la desesperación
ante cualquier circunstancia que no responda a nuestros deseos (como le ha pasado
a Miguel), o en la indiferencia y apatía -que es como vive ahora todo
el mundo- ante la realidad, y no digamos, ante el dolor. Ayer, estuve con los
compañeros del trabajo y del Máster, y ni unos ni otros se lo creían:
Miguel era un chico modelo, cuyos padres estaban orgullosos de él, divertido
y extrovertido... pero, al final, débil frente al peso de la vida y la
circunstancia... Sólo queda rezar por él, y doy gracias por el
lugar en el que estoy, la Iglesia, acompañada de vosotros, personas concretas,
que me ayudáis a vivir la realidad con la certeza de que todo es para
un bien..., también el dolor; es más, es a través del dolor
donde más a flor de piel experimento el sentido religioso, que me pone
ante la evidencia de que soy de Cristo. Miguel no ha visto esto, y su “solución” ha
sido equivocada, no sólo porque ha terminado con su vida, sino porque
con su suicidio ha negado a Dios, que le regaló la vida hace 24 años.
Paqui, Coslada (Madrid)
Una experiencia dentro de la experiencia
Testimonio de lo que hemos vivido en Navidad con los presos del penal de Los
Olmos, la cárcel más conflictiva del país.
Desde nuestra amistad con el Padre Mario Peralta Luna, capellán de la
Unidad Penitenciaria Nē 1 L. Olmos, ubicada en la periferia de la ciudad de La
Plata, fuimos convocados a compartir un gesto profundamente cristiano para la
celebración de la Navidad. Llevamos los paneles de la exposición «De
la Tierra a Las Gentes...», solícitamente ubicados por el Padre
Oscar Martínez, en la Capilla del penal. Hubo una participación
activa de “los internos” pertenecientes a los llamados “pabellones
católicos de Olmos”. Experiencia nueva en la Argentina, que va cobrando
vida dinámica y contagiosas adhesiones. El día de la presentación
oficial de la muestra, me acompañaron Andrés y Pablo y concurrimos
con un sinfín de dudas y prevenciones sobre lo que íbamos a encontrar.
El primer impacto fue la multitud de internos (setecientos) que participarían
en la misa, concelebrada por el Obsipo Mons. Aguer y otros capellanes del sistema
carcelario. Los cantos, rezos y espectacular silencio dieron un marco casi imposible
de describir. El Padrenuestro dicho con tono vigoroso y suplicante nos arrancó lágrimas
inevitables. La piedad, misericordia, ruego y esperanza tomaban una dimensión
que jamás habíamos soñado vislumbrar. Una realidad evidente
de la manifestación del Misterio, a través de su Presencia, palpable
en esos hombres (edad promedio 25 años) que habían perdido su libertad
temporal.
Un clima de absoluta confraternidad había en el lugar. A “los de
afuera” y a “los de adentro” nos unía ese Algo común
que nos convocaba sin cortapisas ni límites. Nos contaron sus experiencias
personales de conversión y de crecimiento en la fe. Nos relataron los
frutos que día a día veían madurar en el duro ambiente de
los pabellones. Aceptaban, de una manera diferente, la incomodidad del hacinamiento
de una cárcel preparada para 1600 personas y donde debían convivir
3300. Habían reducido los inevitables conflictos a una cifra casi insignificante
y a “cero” las muertes por reyertas, habituales en otros pabellones.
Comparten todos los bienes temporales. El rezo diario del rosario es una premisa
que reafirma las raíces marianas del pueblo argentino. Finalmente, por
un problema de logística, decidieron hacer una sola visita guiada, con
la presencia de 400 internos, de forma simultánea. Ya conocedor de algo
de sus vidas, de lo único que les podía hablar era del encuentro
con ese Acontecimiento, coincidente con la historia; de la pertenencia, y de
hacer constante memoria para fortalecer una fe con razones. No habíamos
experimentado, hasta ese momento, una sintonía mayor entre quien decía
y quienes oían. Las paredes, los guardias y las rejas se empequeñecían
ante la realidad palpitante de esos cientos de ojos fijos que no perdían
detalle. En un momento dado nos vimos rodeados por una humanidad distinta y cautivadora.
Y... el último panel, donde se lee una cita de Newman, fue la oración
adecuada a la vigencia de nuestra fe. El “ayer”, “hoy” y “mañana” es
una propuesta demostrable que da esperanza a nuestras vidas.
Cesare, Argentina
Nuevo encuentro
Aunque no conocíamos a nadie, el 17 de enero, seis argentinos partimos
hacia Río de Janeiro, con muchas expectativas por lo que íbamos
a vivir y con el deseo de que este viaje fuera para algo más. En octubre
pasado habíamos recibido la propuesta de hacer nuestras primeras vacaciones
de Jóvenes Trabajadores juntos con los chicos de Brasil. Las reacciones
fueron diversas, desde un entusiasmo inmediato hasta descartar la idea de ir.
Finalmente, organizamos una fiesta de fin de año para recaudar dinero
en la que participamos todos, también los que no fueron a las vacaciones.
Después de viajar durante 48 horas maduró la relación entre
nosotros y se dio una linda amistad con muchas de las personas que conocimos.
Nos encontramos con amigos que tienen nuestros mismos deseos y exigencias y que
nos tomaron en serio, estuvieron atentos e interesados por nosotros: nos fueron
a buscar a la terminal, nos llevaron a todos los lugares que teníamos
que ir, nos abrieron las puertas de sus casas como si nos conociéramos
de toda la vida. Cada uno nos dio un poco de su tiempo con total gratuidad. En
las vacaciones cada gesto que se propuso tenía una razón, nada
estaba librado al azar. El hecho de que, por ejemplo, Ana nos contara lo que
querían trasmitir con los cantos y Denis nos explicara el porqué de
cada juego hizo que todos nosotros estuviésemos más atentos a cada
propuesta. En momentos así, uno se da cuenta de que estas cosas sólo
pueden suceder en esta historia que es el movimiento. Lo que vivimos fue un nuevo
encuentro, una renovación de nuestro “Sí”. Y pedimos
que todo lo que aconteció crezca y que esta amistad se sostenga en el
tiempo, a pesar de las distancias.
Vanesa, Buenos Aires (Argentina)
La Misericordia
de Dios me persigue
Querido Don Giussani:
Hace siete años me encontraba pasando uno de los momentos más difíciles
de mi vida. Mi matrimonio terminó en divorcio y me refugié en la
bebida para intentar olvidar; deseaba morirme. Estaba sola, porque en mi entorno
familiar no entendían mi fracaso matrimonial y, menos aún, mi dependencia
del alcohol. Yo por mí misma era incapaz de seguir adelante. Vivía
con mi madre pero mi relación con ella no era nada fácil, a causa
de mi adicción. Una tarde, sola en mi habitación, ya no podía
más, me arrodillé suplicando a Dios que me ayudara, afligida, desesperada,
con necesidad de que me respondiera. Más tarde, mi párroco, Tomás,
me presentó a Nacho, por entonces seminarista. En ese momento me sentí con
libertad para confesarle mi situación: lloré desconsoladamente
y, poco a poco, me fui sintiendo liberada. Me encontraba ante una persona diferente,
me miraba y me escuchaba atentamente. Nadie me había tratado igual. Con
el tiempo comprendí que su mirada era la mirada de Cristo y su ternura,
la Misericordia de Dios. Nos despedimos y, al llegar a mi casa, yo ya no era
la misma. Más tranquila, me fui a dormir, dándole gracias a Dios
por haberme respondido. Al día siguiente, quería volver a verle,
porque con él yo me sentía más yo misma. Un tiempo después
conocí el movimiento, donde me he sentido querida y aceptada tal como
soy. Cuando estaba acompañada por los amigos del movimiento, ya no tenía
deseos de beber, pero en los momentos que me encontraba sola frente a las dificultades
del día a día que me agobiaban, y por mi fragilidad, seguía
bebiendo. A través de Nacho, ingresé en un Centro de desintoxicación
de la Comunidad de Madrid durante 2 meses mientras él se iba a estudiar
a Roma. Al salir del Centro, volví a recaer hasta tal punto de que me
hospitalizaron. Ingresé en Remar, que pertenece a la Iglesia Evangélica.
Después de dos años en los que no me dejaron tener relación
con mis amigos, me querían obligar a quedarme con ellos, casándome
con uno de sus pastores, pero me negué. Durante el tiempo que permanecí allí lo único
que me ayudó a salir adelante fue la memoria de aquel encuentro con Nacho,
que no pude olvidar. El pastor no entendía por qué me negaba a
lo que me estaba ofreciendo: «la seguridad para toda mi vida». Yo
le contesté que lo que me daba seguridad era la amistad con los amigos
que había conocido en CL. Conseguí comunicarme con mi madre y me
escapé de aquella situación, volviendo a mi casa. Retomé la
relación con mis amigos perdida durante mi estancia en Remar. Encontré un
trabajo, pero, al no saber afrontar las situaciones difíciles, junto con
la inestable relación con mi madre y por no pedir ayuda, volví a
beber. Sentía que fallaba a mis amigos y que no me iban aceptar. Mi madre
pidió a Nacho y a su amigo Gabi que me buscasen un sitio para rehabilitarme.
Ingresé en Proyecto Hombre durante 6 meses y mis amigos nunca me dejaron:
Nacho, Pili, Cristina, Gabi, Maica, Álvaro, MĒ Ángeles... Después
de este tiempo, ya me encontraba bien y me creí capacitada para salir
a la vida. Mi madre me acogió de nuevo. Y volvió a suceder lo mismo,
volví a beber y ya esta vez mi madre y mi familia me negaron toda relación.
Desesperada por esta situación, Pili y Cristina me acogieron en su casa.
En aquel momento experimenté cómo Dios no me abandonaba y recordé la
frase: «El que inició la obra buena la llevará a término».
Más allá de mis recaídas, Él seguía conmigo.
A la espera de tener nueva plaza en Proyecto Hombre, me quedé con Cristina
y Pili; con ellas he reconocido el abrazo de Cristo por encima de mis miserias
y he percibido la correspondencia con lo que mi corazón más desea
en la vida. En Navidades, me acogieron Marta, Emilio y sus 6 hijos. Al mismo
tiempo conocí a Jesús, Pirolo, Nacho, Nachito... los de Bocatas.
Con ellos he estado yendo a las Barranquillas a ofrecer bocadillos y café caliente
a otros que también tienen una dependencia grave como yo. La diferencia
es que yo he conocido una historia con rostros de amigos que me ayudan a sentirme
segura en la vida sin necesitar la bebida. Desde que murió mi padre, éstas
han sido mis mejores Navidades. Le escribo para agradecerle esta historia en
la que yo vivo junto a tantos amigos y que tiene su origen en su adhesión
constante a Cristo. Muchas gracias, don Giussani. Con todo mi afecto.
Mónica, Madrid
Un encuentro
para la libertad
Yo puedo decir que he tenido una situación favorable para que suceda en
mí el encuentro con esta compañía y con Cristo. Tengo la
suerte de ser vecino de Esther, que me invitó un día a un campamento
en Madre del Agua. Allí no entendí mucho de lo que Joaquín
decía y además no tenía mucho que ver con esa gente, es
más, no me cayeron muy bien. Lo único que me hizo cambiar fue el
mar de dudas en el que me sumergió Joaquín. En los momentos de
palabra llegué a oír algo de que el hombre siempre está insatisfecho
y que nada llega a llenarlo del todo, y esto hizo que surgieran en mí una
serie de preguntas: ¿Qué es lo que hago yo aquí con una
gente que ni siquiera me interesa?, ¿cuál es mi origen y hacia
dónde tengo que ir? o ¿por qué nadie, ni siquiera yo, puede
responderme a este deseo que tengo? Así transcurrieron muchas Escuelas
y alguno que otro campamento, incluso fui a Picos de Europa. Detrás de
todo esto quedaba un punto de nostalgia, como si fuese un triste recuerdo. De
esta forma me di cuenta que estaba perdiendo el tiempo y la conciencia me decía
que no podía seguir así. Me daba envidia ver como vivían
esto personas como Joni o Jonás. Poco a poco comencé a comprender
lo que se decía en Escuela, y pasó a tener un papel más
importante en mi vida, pasó a ser el lugar que me sacaba de la monotonía
de la semana. Al poco tiempo sucedió otra circunstancia: comencé a
ir al instituto con Esther, y durante el camino MĒ Jesús, Alba y yo rezábamos
con Esther el Angelus. Esto, en vez de convertirse en algo monótono, como
las clases, era lo que me sacaba de esa rutina, me cambiaba la forma de entrar
al instituto, no en la forma de caminar o de saludar, sino en la forma de afrontar
el día y las clases. La compañía comenzó a ser más
importante, aunque no congeniase con ellos al principio. Cada vez que estaba
con ellos, me recordaban el encuentro. Luego llegaron las vacaciones de El Hierro
y el tema de la libertad, con lo de aquel triángulo. Las vacaciones me
ayudaron a entender qué significa la compañía. Todas las
noches, en la habitación, Dani, José, Juan Carlos y yo hacíamos
una síntesis del día, de lo que habíamos entendido y de
lo que no. Sólo faltaba una voz en off que dijese: “amigos, ¿para
qué si no para esto?”. Esto me hizo ver la importancia de estas
personas, que me ayudaron a ver el valor de esta amistad para entender lo que
es la vida. Al volver, me conectaba todos los días al messenger para hablar
con Dani. Este simple hecho hacía que volviese diferente a mi casa. Mi
pensamiento sobre estos amigos cambió de tal manera que ya no miraba si
tenía ganas o no cuando me invitaban a algún sitio, sino que miraba
lo que significaba esta gente para mí. En Escuela de comunidad me parecía
que Giussani había escrito para mí aquel recorrido que hacía
el texto. Es lo que me fue pasando poco a poco: por qué estamos juntos,
cómo es la realidad la que me provoca, cómo soy sacado de la nada
y el hecho de tener que jugarme mi libertad, cómo voy a mi experiencia
y soy responsable en el seguimiento y la respuesta.
Iván, Tenerife
Guillermina,
el barro y el trabajo
La Compañía de las Obras me invitó en Oaxaca (ciudad colonial
de México situada en un valle en la costa del Pacífico) a un desayuno
con 30 empresarios para comentar el libro de don Giussani El yo, el poder y la
obras. Allí tuve la ocasión de platicar con Guillermina, una alfarera
zapoteca que trabaja desde niña amasando y cociendo el barro, como tantos
indígenas católicos de esta región, y es madre de 10 hijos,
que trabajan como ella en la artesanía. Mientras tomábamos café,
las preguntas no se hicieron esperar: ¿Qué es el barro? No lo dudó un
segundo y, como el que habla de lo que es más familiar, dijo: «el
barro es tierra, agua, fuego y aire, pero sin mí, es nada. Cuando tengo
la masa del barro rezo, y no uso moldes. Cada figura es siempre nueva». ¿Cómo
puede una mujer cuidar a 10 hijos y trabajar? Con la fluidez del que tiene bien
asumida y aceptada su situación dijo: «Para la mujer no es un problema
trabajar y ser madre. Yo he llevado a mis espaldas a mis hijos hasta los 5 años
de edad mientras amasaba el barro o cuidaba la tierra. ¡A poco no es bonito
cuidar a los hijos!». ¿No se cansa de trabajar?, preguntó otro
de los presentes. Esta vez pensó un poco más la respuesta: «El
trabajo es energía para la vida. El trabajo es una bendición para
las personas». Las circunstancias en el trabajo a veces no son cómodas, ¿cómo
superar esto? Respondió: «La realidad es sagrada. Hay que dejar
que las cosas nos afecten: pisar la tierra, pasar hambre, mojarse con la lluvia,
llorar con el dolor, hablar con los amigos. Mi madre me enseñó a
no secarme el agua de las manos». Como los indios tienen fama de poco responsables,
otro le preguntó: ¿Cómo aprendió la responsabilidad? «Yo
aprendí la responsabilidad a los 10 años, cuando mi madre me mandó a
llevar el café a mi padre un día que, por pereza, no me levanté a
la tarea que me habían encomendado, la de calentar el café a mi
padre cuando se marchaba a trabajar a las 5 de la mañana». Después
del coloquio, dijo: «quiero pertenecer a la Compañía de las
Obras, porque nuestro corazón se encuentra a gusto cuando platicamos de
las cosas verdaderas».
Julián, Oaxaca
Tras años de búsqueda
«¿
A quién puedo preguntar sobre este libro?» Es Ana la que habla y
la veo traer El sentido religioso, de don Giussani. La lectura de Huellas la
había conmovido tanto (en el sentido literal de la palabra) que quería
conocer mejor a este “don Giuss” y el movimiento que nació de él. «¿Qué más
le ha llamado la atención?», le pregunto. Me doy cuenta de que no
ha leído la revista, sino que la ha estudiado. Y de pronto me dice: «Pero
lo que más me ha gustado es algo que buscaba desde hace muchos años:
la fe como algo razonable. Que la fe es la respuesta razonable a las preguntas
de nuestro corazón, de nuestra razón humana. Siempre había
intuido que era así, pero nunca había encontrado a alguien que
me lo explicara con esta claridad». Demos un paso atrás. Estamos
en el encuentro de Escuela de comunidad de Fuenlabrada y don Antonio propone
vender Huellas el domingo próximo, después de las misas. Lo propone
como una ocasión de misión, de testimoniar lo que vivimos ante
una urgencia de nuestra gente: «Lo que falta es que la fe no se vive como
concepción nueva de la existencia, como un juicio nuevo que ilumina la
vida». Siguiente escena: los que llevan mas tiempo en el movimiento, que
no dan señales de vida y los “recién llegados”, que
están entusiasmados por la propuesta. Al final, éstos consiguen
arrastrar a los demás. Con un pequeño inconveniente: las 50 revistas
se acaban en la primera misa, así que nos “toca” repetir al
domingo siguiente. La respuesta de la gente nos sorprende a todos: «De
verdad –comenta Ángel– llevamos algo más grande que
nosotros y nuestros límites: lo que el corazón de cada hombre busca,
aunque sea implícitamente». Mientras tanto, la charla con Ana se
hace cada vez más interesante –desde el método de don Giussani
a la confesión–, pero tenemos que despedirnos: «Me gustaría
acompañaros en la próxima Escuela de comunidad. En todo caso, si
me surgen preguntas, ¿puedo volver a hablar con vosotros? »
Marco, Fuenlabrada
(Madrid)
Un Oficio lleno de vida
Hace bastante tiempo que el Oficio Divino viene siendo uno de los momentos fundamentales
de mi vida, pero últimamente su importancia ha ido creciendo tanto en
mí que me siento impulsado a poner por escrito lo que cada día
me dice. Estos últimos Oficios me han hecho descubrir muchas cosas maravillosas
de Dios y me sirven para afrontarlo todo. Parece que los chicos del Colegio que
yo fundé hace muchos años –y ya no llevo– no siguen
ninguna de las reglas funcionales. Quieren que me esfume de su presencia. Soy
testigo incómodo del espíritu de este Colegio desde su fundación.
Recuerdo que dice don Giussani: «Cuando la comunidad te abraza y arropa
(en la tierra), Cristo te abraza y te perdona (en el cielo)». Las dificultades
que hoy me agobian, quiere Dios solucionarlas en la paz y para alcanzar la paz.
A este Colegio, ubicado en un pueblo muy pequeño, sólo vienen alumnos
enviados por unos padres que quieren la seguridad que les inspira saber que en él
sus hijos estarán preservados de los vicios. Pero la causa del mal que
corroe al Colegio no está en los chicos, que en este curso, después
de todo, son mejores que otros años, sino en los que deberían dirigirlo
de acuerdo con las normas que se conciertan en el verano como mejor solución
para el Centro y luego no se cumplen. Impulsado por lo que me decía el
Oficio divino, volví a hablar con el Director del Internado de Alumnos.
Creo que debemos seguir exigiendo las normas de siempre, pero con la prudencia
con que Tú sabes hacerlo, Señor.
D. José,
Muga de Sayago
(Zamora)