CL
Iglesia
Pueblo católico y síntomas de crisis
D. F.
1954 se sitúa en la segunda mitad del pontificado de Pío XII.
Elegido papa el 2 de marzo de 1939, en vísperas de la Segunda Guerra
Mundial, morirá en octubre de 1958. El suyo fue un gran pontificado,
que tuvo que atravesar las tempestades de años terribles: los años
del totalitarismo nazi y comunista. Pero en 1954 la salud del Papa comenzó a
declinar. El mundo del siglo XX había vivido enormes cambios y Pío
XII pensaba en un Concilio ecuménico.
En Francia comenzó a afrontarse una seria disminución de las
vocaciones y la Acción Católica italiana, organización
en la que se fundaba gran parte de la vida del catolicismo de Italia, se hallaba
sacudida por divisiones internas; buena prueba de ello fue la dimisión
de Mario Rossi de la presidencia nacional de la GIAC, por su polémica
con el presidente de la ACI, Luigi Gedda. El jefe de los jóvenes católicos
exaltaba la necesidad de un compromiso social preludiando las posiciones de
apertura a la izquierda que se reforzarían en los años sesenta.
Desde el punto de vista teológico, no se aplacaban las polémicas
suscitadas por la encíclica Humani generis de 1950, sobre la relación
entre Magisterio y teología, y éstas produjeron una rigidez de
Roma también hacia la Nouvelle théologie con la censura que afectó durante
un año a siete dominicos franceses entre los que se encontraban Congar
y Chenu. Siempre en Francia, 1954 fue también el año que vio
el fin de la experiencia de los curas obreros; en enero, los obispos franceses
les invitaron a dejar sus puestos de trabajo antes del 1 de marzo.
La Conferencia Episcopal Italiana se reunió en Pompei por primera vez,
con ocasión del año mariano. Era el centenario de la proclamación
del dogma de la Inmaculada Concepción: peregrinaciones, congresos y
momentos de oración caracterizaron la vida de la Iglesia. El 1 de noviembre,
en el cuarto aniversario de la proclamación del dogma de la Asunción
al Cielo, se introdujo la fiesta de la “Realeza de María Santísima”.
El 29 de mayo fue canonizado Pío X; la noche del 30 de agosto murió el
cardenal Ildefonso Schuster y en noviembre fue nombrado su sucesor, como arzobispo
de Milán, Giovanni Battista Montini.
En los países comunistas continuaba mientras tanto la persecución
de los cristianos; en Polonia el cardenal Wyszynski fue encarcelado sin conocerse
su lugar de residencia, y su auxiliar, monseñor Antón Baraniak,
fue condenado a veinte años de reclusión. Numerosos misioneros
católicos fueron expulsados de la China comunista.
El Año Mariano, tal como había sucedido con el Año Santo
de 1950, mostró al mundo una Iglesia fuerte y unida en torno al pontífice
frente al ataque del laicismo y de la ideología comunista y una fe profundamente
enraizada en el pueblo; pero ya a partir de 1954 empiezan a aparecer los primeros
síntomas de las dificultades que irían madurando en los años
siguientes.