CL
Trabajo para vivir
Hace catorce años nacía en Madrid el Centro de Solidaridad.
Se trataba de ofrecer formación y encontrar empleo a quienes lo demandaban
y además de ayudarles a descubrir el significado del trabajo
Pilar Ortiz de Urbina
A lo largo
de estos años han acudido al Centro casi cinco mil personas
que pedían diferentes formas de ayuda, a las que hemos intentado dar respuesta.
De este modo fueron surgiendo la Bolsa de Trabajo, los Cursos de Formación,
o el servicio de Asesoramiento Jurídico y laboral. También les
hemos ofrecido proyectos específicos de inserción laboral, así como
actividades culturales y recreativas.
Personas en acción
Con todo el que llega realizamos una labor de acogida y acompañamiento
a nivel personal, pues somos conscientes de que hay que hacer un camino con ellos
y ayudarles a descubrir su verdadera necesidad, porque sabemos por experiencia
que el objeto del trabajo es el hombre y no, el trabajo en sí. Por eso
les acompañamos.
Esta actitud de poder abrazar a cada persona en su totalidad es lo que ha propiciado
que casi el 80% de los llegan a pedir ayuda sean personas tratadas socialmente
como “marginados”: parados de larga duración, inmigrantes,
mujeres con cargas familiares no compartidas, discapacitados, etc. Para ellos
hemos realizado 5 cursos de formación –Teleoperador, Ofimática,
Orientación Laboral y Auxiliar de Ayuda a Domicilio– y 14 proyectos
de ayuda a la Inserción Laboral, cofinanciados por diversas Consejerías
de la Comunidad, Fondo Social Europeo, Ayuntamiento de Madrid y ONCE. También
se han efectuado cursos de formación de iniciativa privada, tanto personal
como empresarial. Con el fin de posibilitar una mayor amistad y convivencia,
especialmente entre personas en riesgo de “exclusión social”,
y apoyar su motivación e integración social, se han promovido diversos
encuentros y actos festivos, exposiciones y actos culturales. Desde aquí queremos
dar las gracias de forma especial a todas las personas que de forma voluntaria
están colaborando directamente en esta obra, dentro de las posibilidades
de cada uno, dando su tiempo, conocimientos, ofertas o cuotas.
Testimonio de Pilar
Desde hace cuatro años, la gran tarea del Centro de Solidaridad pasa por
la persona de Pilar Ortiz de Urbina, una mujer de 63 años que es madre
de 4 hijos y abuela de 6 nietos. Comenzó en 1990 como voluntaria, pero
su implicación fue aumentando poco a poco, mientras crecía su certeza
de que es Dios quien la llamaba a sostener esta obra. Su testimonio diario nos
ha permitido a todos contemplar al Centro de Solidaridad con esta certeza en
la mirada, y a lo largo del tiempo hemos podido comprobar que verdaderamente Él
está, porque actúa.
«
Para mí, trabajar consistía simplemente en realizar ciertas funciones
en una empresa determinada y a cambio recibir una contraprestación económica
para cubrir mis necesidades. Pero hubo un momento en que esto cambió gracias
al encuentro con Carras. Comprendí que mi verdadera vocación era
dedicar todo mi tiempo al servicio de los demás. Por eso no percibo mi
labor en el Centro como un trabajo, sino como un regalo especial que Dios me
ha dado, y de esa conciencia surgen el agradecimiento y la felicidad. Durante
estos cuatro años el Señor no ha dejado ni un solo día de
abrazarme con su Presencia, ayudándome suavemente a limar mis limitaciones
y dándome una capacidad mayor de apertura en mi corazón. Cuando
soy capaz de reconocerlo, surgen en mí el agradecimiento y la ternura
que me llenan de alegría y paz, pues sólo quien tiene experiencia
de ser querido a pesar de su pequeñez puede transmitir lo que ya ha recibido
antes, con la seguridad de que eso es lo mejor que puede dar».
CARTA enviada por una de las personas atendidas en el Centro
Llegué a Madrid procedente de Buenos Aires en noviembre del 2000, buscando
trabajo, pues mi situación en Argentina era desesperada. Pilar fue uno
de los primeros rostros que conocí aquí. Me acogió con
cordialidad y me explicó la razón de ser del Centro de Solidaridad.
Con alegría reconocí, que a pesar de ser recién llegado,
su corazón latía con la misma pasión que el mío,
pasión por Cristo presente aquí y ahora en el encuentro plenamente
humano. A partir de ese encuentro creció una amistad, que me sostuvo
y llenó de sentido mi búsqueda de trabajo. Pero esto que me ha
ocurrido a mí, es también lo que les ocurre a tantos hombres
y mujeres que llegan al Centro, a través de múltiples camino
a golpear las puertas de Pilar y sus colaboradores y que reciben primeramente
un acompañamiento humano, un sentido para su búsqueda y para
su vida y una capacitación que les permite una inserción social,
y un trabajo digno.
Viendo la acción del Centro, verifico que cuando hay una verdadera pasión
por Cristo y por el hombre concreto, las obras surgen y crecen más allá de
lo que uno inicialmente pensaba y esto ocurre no sólo en España,
Italia o Brasil, sino que puede acontecer en cualquier lugar, donde una persona
toma en serio su destino y decide ponerse en primera persona a cambiar la realidad,
tornándose colaboradora del proceso creador de Dios.
(Jorge MĒ)
Testimonio de una trabajadora del CDS
Vino una mujer embarazada buscando trabajo y le comentó a Pilar que quería
abortar, pues no tenía dinero, no podía pagar la casa y en su estado
nadie le daba trabajo. Pilar la acompañó para que no abortase y
le buscó un trabajo en el cual sigue, además de disfrutar de su
hijo. También recuerdo a un hombre de 42 años que estaba en paro
y tenía 2 hijos de 3 años y 4 meses y su mujer estaba en el psiquiátrico.
Como estaba solo y no podía pagar una casa ya que no tenía trabajo,
le quitaron la custodia de los hijos; tampoco tenía familia que pudiese
ayudarle y, a nivel personal, estaba hundido y sin esperanza. En menos de un
mes se le consiguió un trabajo y, pasados unos meses, se presentó un
día a vernos y darnos las gracias, acompañado de sus hijos con
la nómina cobrada y el recibo de nueva casa en la mano. Había personas
que después de un año de haber encontrado trabajo, venían
para agradecer la ayuda prestada y con la certeza de saber que el Centro había
sido para ellos un lugar de acogida y acompañamiento humanos. El tiempo
que trabajé allí, me hizo darme cuenta de la suerte que tengo de
tener una familia y de haber encontrado un lugar, donde se me cuidó y
ayudó a caminar hacia mi destino.
(Ruth)