SOCIEDAD

La botella y el trabajo

Es necesario que el trabajo tenga un significado, igual que cualquier empresa, ya sea pequeña o grande. Nosotros estamos juntos para vivir y dar testimonio del significado de todo. El principio de una lucha en el mundo. Reflexiones sobre el adulto en acción

Giancarlo Cesana

Hace poco, en un Consejo de la Fraternidad, don Giussani hizo la siguiente observación: «esta botella no existe sólo porque yo la veo y la toco. No basta que yo la vea y la toque para confirmar su existencia. Para que exista es necesario que esta botella tenga un significado. Es decir, que tenga una relación conmigo, con todo lo que existe; es necesario que esta botella esté dentro de la estructura completa del universo. Si algo no tiene sentido, ya no es necesario: da lo mismo que exista o que no exista. Además me puede entrar la duda de que mi propia percepción de una cosa no necesaria sea una percepción ilusoria». Y añadió: «Los intelectuales han arrancado su significado a las botellas, a los vasos, a las mesas, a todo. Al significado de las cosas le llamamos normalmente ‘Dios’. Si se elimina, ya no se está seguro de nada, no se tiene certeza de la existencia de las cosas y de su valor para la vida. Ya no se sabe por qué hay que combatir por ellas. No se tienen certezas sobre uno mismo. Para que nuestro trabajo, la obra de nuestras manos, sea verdaderamente un trabajo no sólo es necesario producir, ganar dinero, ser eficaz, sino que es necesario que este trabajo tenga un sentido. Es decir, que apunte hacia lo que llamamos ‘Dios’, ‘destino’. Si no tiene esta dirección, el trabajo pierde consistencia; por lo menos para los menos afortunados. ¿Con qué se sustituye el sentido que han eliminado los intelectuales? El sentido de la vida, la razón por la que existo, si no es el destino, si no es el ideal por el que vale la pena gastar la vida (“Sólo tú, pensándolo, ¡oh ideal!, eres verdadero”, escribía Carducci), si no es esto, ¿qué es? Mi fuerza». Es la cuestión que don Giussani afronta en La conciencia religiosa del hombre moderno, en la que se dice que el mito del hombre moderno es el divo, es decir el hombre fuerte. Es el hombre capaz de afirmarse a sí mismo, el hombre “americano”.
¿Qué tipo de hombre surge entonces? El que demuestra no sólo que puede hacer, sino que hace. El hombre rico, fuerte, inteligente, que tiene éxito. El hombre que se puede permitir la superficialidad de no plantearse por qué vive. Tiene tantas distracciones, tantas posibilidades, tanto dinero, que puede permitirse no pensar para qué está en el mundo. Y puede también permitirse decir: «Hago bien en vivir así. Es inútil hacerse ciertas preguntas».

El sentido del trabajo
Si eres un obrero y ganas 100.000 pesetas al mes por mover una polea todo el día para hacer bolsas de plástico, te hartas. En cambio, si eres el dueño de la máquina que hace las bolsas de plástico, no paras de moverla. ¿En qué estriba la diferencia? En el peso, en el sentido que el trabajo tiene para la vida. ¿Para qué sirve la Compañía de las Obras? ¿Sirve para ganar dinero, para crear empresas? Sí, pero también Agnelli ha creado una gran empresa. Lo que caracteriza nuestra consistencia, el motivo por el que estamos juntos, es ayudarnos a crear obras, ayudarnos en el trabajo, ayudarnos a tener conciencia de la importancia del trabajo para el hombre; pero esto no es lo principal. Fui a la empresa que creó mi mujer para intentar ayudar a los jóvenes más desafortunados, entre otras cosas dándoles trabajo, y había una gran frase en la entrada que decía: “el trabajo promueve al hombre”. ¡También en Auschwitz se podía leer “el trabajo libera”! No es el trabajo lo que promueve al hombre, sino su significado. Si el trabajo no tiene un significado, un destino hacia el que se dirige la acción, no existe. La realidad de la Compañía de las Obras existe ante todo para afirmar este significado: para poder vivir del propio trabajo, que en cualquier caso hay que hacerlo - porque todos los hombres si quieren vivir tienen que trabajar: unos creando empresas, otros como asalariados, etcétera -. ¿Para qué estamos juntos nosotros? Porque sentimos que nuestra acción tiene una dirección, que está dirigida hacia un fin. Nuestra tarea es afirmar el significado de nuestra acción, de la dirección hacia el destino por el que actuamos. Debemos ayudarnos en esto. ¿Por qué? Porque esto es lo que caracteriza la obra del adulto. De otra forma, la única razón para existir es el éxito y la aprobación de los demás. Por eso la gente busca tanto la aprobación de los demás. ¡También nosotros! Porque si el otro te valora, quiere decir que existes. Nos afanamos por que nos quieran, mientras que la cuestión es que obramos porque somos amados, es decir, actuamos porque sabemos para qué estamos en el mundo. Esta es la diferencia.

El significado del detalle
Creo que la finalidad fundamental por la que estamos juntos es ayudarnos a comprender esto, que no quiere decir que tengamos que descuidar el aspecto concreto, constructivo y de organización hasta el mínimo detalle, sino que implica que el mínimo detalle tiene que estar dentro de la finalidad para la cual el detalle existe. Esta es la educación que hemos recibido: ya comáis, ya bebáis, incluso cuando dormís debéis afirmar la razón por la que existís. Tanto más en los detalles concretos del trabajo, de la construcción de la obra, en la expresión de lo que el hombre hace por sí mismo, por su familia, por sus hijos, por su bien y por el bien del mundo. Una vez, una persona que pertenece a la Compañía de las Obras vino a contarme todas las obras que estaban haciendo en una región; en un momento dado, le interrumpí y le dije: «Ahora te explico yo las investigaciones que hago en el campo de la epidemiología cardiovascular. Trabajas ¿no? Trabajas como los demás, tal vez trabajas bien, haces algún trabajo de más, haces cosas inesperadas, pero lo que quiero de ti es la razón por la que las haces y cómo se manifiesta esta razón en lo que haces». También Jesús hacía obras, hacía milagros, pero les decía que no lo contarán a nadie. Se afirmaba a sí mismo como significado de la propia vida y de la de los demás. Por eso lo crucificaron, no porque había hecho milagros. Lo crucificaron porque afirmaba que él era el significado de todo. El problema de la vida es su significado, porque este significado es el que desafía al poder. El poder le hace la guerra al significado de las cosas. Sobre su existencia o inexistencia, sobre el hecho de que sea rojo en vez de blanco, o negro en vez de verde. En el Consejo de un gran banco hay un amigo nuestro. ¿Por qué nadie cuenta chismes de los demás miembros del consejo, y de él sí? Porque nuestro amigo representa un significado, una visión de la vida. Y esto lo entienden muy bien los demás; tanto que pretenden reducir esta visión de la vida, hacer que parezca un especulador y un especulador de nivel bajo, como los demás. Si no tenemos un sentido diferente de la vida, somos iguales que los demás; es más, somos menos que los demás, porque hacemos menos cosas. Somos unos pobrecillos. En esto consiste la confrontación: no se puede servir a Dios y al “Dinero”. Porque poner a Dios en el centro de la existencia quiere decir desafiar a la sociedad que ha eliminado a Dios, es decir, desafiar a una sociedad donde la única cosa válida es el arbitrio.

Manda quien vence
¿Por qué escribió Don Giussani el artículo de Navidad sobre la paz.? Porque percibe que la sociedad es violenta. ¿Y por qué es violenta esta sociedad? Porque lo único que vale es el arbitrio. Lo único que vale es el que vence. De hecho, si no hay un significado ¿quién manda? El que vence. En cambio, si hay un significado el que vence tiene que someterse a ese significado. Por eso no podemos creernos que nos van a aprobar, que nos van a querer. Somos como los demás -¿os acordáis de la carta a Diogneto? -, pero no somos de los suyos. Y esto producirá respecto a nosotros una gran inquietud. Gracias a Dios. Espero que se produzca también dentro de nosotros, porque la “batalla” se juega en esto y no en otra cosa. Y con estas pequeñas obras, nuestras empresas, nuestras cosas, estamos librando esta enorme y fantástica batalla por el ideal, la única razón por la que vale la pena vivir. Lo que nosotros vivimos hace que nuestra vida corresponda más al destino que buscamos. Esto es lo que nosotros debemos manifestar, documentar: libertad, apertura y valoración; tener libertad con respecto al dinero, estar abierto a la necesidad que veamos, valorar a quienes encontremos. ¿Cómo podemos cambiar la sociedad si no tenemos esta atención por la persona, esta percepción de la persona? ¿Para qué construyen obras muchos de nosotros sino para esto? ¿Por qué somos más ricos, más capaces? ¿Por qué nos alegramos de vivir? Porque sabemos cuál es el significado de la vida. Si no, cuando las cosas van mal ¿qué pintamos en el mundo? Cuan do las cosas no van como esperábamos ¿dónde está la esperanza que tenemos?
El movimiento no coincide con un grupo de personas fabricadas en serie que se levantan por la mañana y rezan Laudes, a mediodía se paran y rezan el Ángelus, por la tarde rezan Vísperas, después hacen media hora de escuela de comunidad, se reúnen con su Fraternidad una vez por semana, sonríen siempre y tienen muchos hijos. El movimiento lo genera un hombre que busca una razón para vivir. Por eso, nosotros partimos de una hipótesis explícita, la de Cristo. El movimiento soy yo. Yo. Es decir, esta búsqueda de un motivo para vivir es mía, soy yo. Yo.
Si tuviera que responder a la pregunta de cuál es nuestra tarea y qué juicio hacemos de nuestra presencia diría que nuestra tarea es ayudarnos, crear un contexto que ayude lo más posible a los hombres que se preguntan, en medio de lo que hacen y viven, sobre la razón por la que trabajan y viven.