SOCIEDAD
Una Constitución que nace de la concordia y ampara
la libertad
Publicamos la nota de prensa que Comunión y Liberación
ha difundido al respecto.
Hace
25 años, la sociedad española alcanzó con responsabilidad
y sacrificio un acuerdo, plasmado en el texto constitucional, que amparaba la
convivencia en paz y libertad de todos los españoles, superando viejos
enfrentamientos históricos. Como han señalado los obispos españoles,
nuestra Carta Magna es el fruto de una voluntad sincera de entendimiento, y un
instrumento de convivencia entre todos.
Por eso, al celebrar estos 25 años, reconocemos con gratitud el servicio
de todos los que la hicieron posible: la Monarquía, los redactores, los
líderes políticos de la transición, los sindicatos y empresarios,
y los diversos movimientos que articulaban nuestra sociedad. En ese proceso tuvo
también un papel protagonista la Iglesia Católica, que fomentó la
reconciliación entre los españoles y preparó el camino de
la transición democrática defendiendo y promoviendo el ejercicio
de los derechos de reunión, expresión y asociación durante
el anterior régimen.
En el ámbito político toda institución es limitada. Estamos
muy lejos de sacralizar la Constitución, que establece sus propios mecanismos
de reforma. Sin embargo ha tenido la virtud de establecer un marco que ampara
la pluralidad social dentro de nuestra unidad, un factor sustancial del bien
común que nos ha legado la historia. Ha permitido asimismo un periodo
de convivencia, tanto en lo que se refiere a los territorios como a las identidades
culturales, dentro de un proyecto común.
Los nuevos desafíos ante los que nos encontramos 25 años después
muestran que no basta disponer del texto constitucional para garantizar la convivencia
en paz y en libertad. Es necesario el protagonismo de personas y comunidades
vivas movidas por el deseo de responder a la exigencia más profunda del
corazón humano, es decir, movidas por la esperanza de una prosperidad
personal y social según todas sus dimensiones materiales, culturales y
espirituales. Para favorecer ese protagonismo, en tiempos de horizontes cada
vez más reducidos, ninguna tarea es más urgente que la de educar
un pueblo en la estima efectiva de tal exigencia. Por ello, le conviene por encima
de todo la presencia de una comunidad cristiana a la altura de los desafíos.
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El
pasado 6 de diciembre cumplía veinticinco años la Constitución
que ha permitido a España vivir el periodo más dilatado de estabilidad,
desarrollo y democracia de toda su historia. El mérito de esta norma
legal, limitada e imperfecta como toda institución jurídica,
había
sido glosado por los obispos españoles que la calificaron como fruto
maduro de una voluntad sincera de entendimiento, y como marco jurídico
ineludible para la convivencia. Sin embargo esta celebración se ha visto
ensombrecida por diferentes planteamientos de ruptura. Durante el solemne acto
celebrado en
el Congreso de los Diputados, el Rey Juan Carlos evocó la generosidad
y los sacrificios de todos que permitieron alcanzar este gran pacto y señaló como
uno de sus mayores logros haber entendido la unidad nacional en la diversidad
solidaria de las comunidades que la integran. En un ambiente marcado por la
solemnidad, y por la tensión de los últimos debates sobre la
unidad y cohesión
de España, el Rey afirmó que la Constitución es el marco
sólido, estable y flexible para afrontar el futuro común de los
españoles y advirtió el riesgo de dilapidar ese caudal de
entendimiento con planteamientos que puedan poner en peligro la estabilidad
y seguridad
de todos.