Cultura
Un método para la evangelización
Entrevista a monseñor Eugenio Romero Pose, uno de del mejores
conocedores del Camino, de su origen y significación cristiana
para Europa. Un legado para la conversión
a cargo de Félix Carbó
En el 2004 se celebra el año Jacobeo pero para muchos el Camino de Santiago
tan sólo es un fenómeno cultural, incluso deportivo. ¿Qué es
propiamente el Camino?
El Camino de Santiago es una experiencia, un legado, un gran símbolo
católico, ¡específicamente católico!, que realmente
ha estado siempre en el seno de la Iglesia y de la sociedad católica
desde sus comienzos. Así ha nacido y desde ahí se ha conservado;
y también se ha mostrado fecundo tanto en el terreno religioso como
en el antropológico, social, político, literario e histórico
cultural.
A partir, sobre todo, del siglo XIX aparece una corriente de hipercrítica
histórica en torno al modernismo, de procedencia francesa, que empieza
a ver en Santiago algo que era preciso releer con otros parámetros,
como el estrictamente histórico, revisión que fue recogida por
la crítica no científica de gran éxito en el siglo XX.
Por eso algunos están empeñados en promover Santiago
como un mero hecho cultural.
Me preocupa que hagan del Camino un legado de consumo, cuando es un legado
que hay que acoger para la conversión del hombre. Realmente el Camino
tiene una dimensión espiritual ineludible, una espiritualidad católica.
En el Camino, si partimos de la esfera secularizadora y secularizada, hay una
serie de fuerzas que vienen impulsadas por cierto programa –incluso a
nivel altísimo en Europa– de instituciones que quieren convertir
el Camino de Santiago en un gran símbolo, de la misma forma que se intenta
reducir la Europa cristiana a valores culturales. Ahí está el
mensaje del “Camino Cultural Europeo”. Se pueden ver a lo largo
de los años 80 y 90 cómo se antepone el reclamo turístico
al religioso.
Hay un dato que se ha silenciado absolutamente y que significó el gran
el relanzamiento del camino en los años 80 y 90 y ha sido Juan Pablo
II. Dentro del fenómeno secularizador en Europa, es significativo que
cuando visita en el año 82 Santiago de Compostela, aparece «Le
Reváil de Compostele» (Sueño de Compostela) por parte de
sociólogos que se aprovecharon de la crítica a Compostela para
criticar a Juan Pablo II.
Se han silenciado las peregrinaciones del papa Juan Pablo II a Santiago, que
son lo que ha dado a conocer Santiago a todo el mundo.
Sin embargo, es cierto que el interés de la gente que camina
puede ser bien distinto del religioso…
El Camino de Santiago es un hecho de Iglesia, que la Iglesia tiene que defender
e interpretar, entender y salvar la esencia de lo que es la peregrinación,
la peregrinación católica. Evidentemente, para la New Age, el
Camino puede presentarse también como un fenómeno religioso universal,
incluso de la misma forma que las peregrinaciones a los templos budistas o
sintoístas en el Japón en cuanto hecho religioso. Pero el Camino
es más que un hecho religioso natural.
El Camino se ha hecho confesión, testimonio y confesión católica
a lo largo de toda la historia. Si se saca de esa clave entonces se está caminando
a otro sitio y se tendrá otra meta, una meta distinta que se convertirá en
otra realidad. La catedral debe ser muy consciente de que hay que cuidar con
mimo lo que es la meta apostólica y defenderse a ultranza de todo el
empaque del mito cultural político que le rodea.
Por lo tanto, es un terreno precioso para la evangelización.
Sería muy interesante ver las claves que se descubren detrás
de la propaganda, las imágenes que se trasmiten, los spots publicitarios
que aparecen en la televisión, en la prensa, donde el contenido propio
queda totalmente marginado. Así aparece otro tipo de peregrino, es decir,
aparece el peregrino laico secularizado. Yo creo que hay que evangelizar el
camino.
Si evangelizar Europa, una necesidad de hoy, significa volver a los orígenes,
orígenes que tienen validez en el presente, habría que hacer
lo mismo con el Camino, que es un gran logro del Alto Medievo que pudo resumir
perfectamente lo que era ser católico en su
dimensión antropológica y en su dimensión histórica.
Casi diría que el Camino ha sido el método para la evangelización
de Europa. De igual forma que los ejercicios espirituales ignacianos han sido
un don del Espíritu entregado a san Ignacio, un método inspirado
para que en un momento histórico dado pudiera ofrecer al hombre lo que
es la esencia del Evangelio, es decir, convertirle, así el Camino es
un método nacido en el seno de la Iglesia, de gran potencialidad para
la conversión.
¿Qué criterios están siguiendo entonces para el año
2004?
Quieren que el Camino permanezca en una versión puramente natural, retornando
a un camino pagano, pero las pisadas del peregrino son pisadas de un cristiano.
Bajo este signo es de donde conviene presentar la historiografía del
Camino, la antropología del Camino, la espiritualidad del Camino y,
desde luego, la figura del peregrino. Todo lo que se haga en este año
Santo, el 2004, me parece muy importante porque es un año de inicio,
un año de comienzo del milenio.
Habría que ofrecer también una critica sin miedo a una determinada
cultura fragmentada que no acoge un símbolo de un legado, sino que lo
quiere utilizar y manipular para otros fines. Pero sobre todo hacen falta testigos
vivos.