DE VIAJE POR EUROPA

Diario de abordo

Viaje a los orígenes del movimiento en España. Los primeros dos, ambos católicos de izquerda en los años 70. La feria de Frankfurt, los viajes Madrid-Milán y Milán-Madrid. El encuentro con don Giussani en el 74 y la unidad con Nueva Tierra en el 85. Un río de rostros, nombres y obras en crecida hasta llegar a la realidad actual, rica y multiforme

Roberto Perrone

Entre tapas y comidas habré ganado cinco kilos. Entre encuentro y encuentro he llenado casi dos libretas de notas apretadas. Ya en el segundo día de este viaje por el movimiento en España comprendí que el camino de la redacción no estaba humanamente a mi alcance. Podía tan solo revivir el recorrido que había hecho y, a través de él, tratar de haceros comprender lo que allí existe; limitarme a reordenar mis apuntes y contar de qué forma me ha cambiado este viaje, más allá del mero reportaje periodístico. Y esto es lo que he hecho.

Jueves, 21 de junio

El avión de Iberia se aproxima con comodidad al aeropuerto de Madrid. En Barajas está Carmen esperándome. Será mi Beatriz, discreta y eficiente como la de Dante.
Mientras conduce, cortando con el coche el calor que oprime la ciudad, me proporciona las primeras informaciones. Y recuerda: «Cuando vine aquí don Giussani me dijo: “Si alguien va de misión va por Cristo, que no alcanza a los hombres sino a través de otros hombres. Por eso debes ser con ellos más española que un español”».
Llegamos a la sede de CL en el corazón de la capital. Está en el tercer piso de un edificio a dos pasos del Prado y a un tiro de piedra de la Puerta del Sol.
En el segundo, está la editorial Encuentro, el reino de los Oriol. Subimos antes al tercero, que también aloja la redacción de Huellas. Han rescatado las diapositivas de las viejas salidas del movimiento y las vemos juntos, mientras las tapas van desapareciendo rápidamente. Las “tapas” son un rito fundamental, que no hay que confundir con un aperitivo banal, porque los demás no llegamos a la altura del jamón, el queso y la tortilla con cebolla. Son casi todas chicas y se ríen a gusto viendo a sus actuales maridos cuando tenían bastante más pelo y algunos kilos menos (como todos). Me gustan estas chicas que bromean y comen sin el sagrado respeto a la línea. Gloria, mujer de Ramón (al que encontraremos más adelante), me cuenta que hace veinte años su padre bautizó a CL, con aceptable precisión, como “Comidas y Licores”. Ahora es presidente de CESAL (que forma parte de AVSI internacional), y sigue profundizando en la idea.

El “rico” y el “pobre”
Por los comentarios me parece comprender que los rostros de las diapositivas no se han difuminado con el tiempo. «Es verdad, nuestra propuesta era muy intensa, medida, no abierta a cualquiera que pasase; aquellos chicos resistieron», comenta José Miguel Oriol, con el que recorremos los orígenes. Al comienzo estaban él y Carras (nombre verdadero, Jesús Carrascosa), amigos dispares. Él “rico”, su amigo “pobre”, pero ambos católicos de izquierda a comienzos de los años 70, en la España gris del final del franquismo, que habían decidido vivir junto al pueblo en las chabolas de un barrio de inmigrantes. Y sin embargo, ¡qué vida!, me dirán todos, ¡qué humanidad, qué encuentros! Oriol me presenta a su mujer, Carmina, y a un empleado de la editorial. Se conocieron hace más de treinta años. Allí en Palomeras empezó el mito de las “cenas de Carras” y la pasión por el hombre. Oriol pasaría también algunas semanas en la cárcel.
Ambos formaban parte de un grupo (que incluía una editorial) de la izquierda cristiana, ZYX (las tres últimas letras del alfabeto, en oposición al periódico ABC). Oriol empieza a asistir a la Feria del Libro de Frankfurt; allí conoce la Jaca Book, y a Sante Bagnoli, que le invita a Milán. La tarde del 22 de diciembre de 1974, primer encuentro con Giussani. «“Vamos a cenar con el capo”, me dijo Bagnoli. El encuentro tuvo lugar en un restaurante en via Ariosto. Fue el primer cristiano en el que he visto vibrar la presencia del Misterio». Oriol vuelve a Madrid y anuncia a sus amigos: «He encontrado lo que buscábamos».

Canciones revolucionarias
En febrero de 1975 un Renault 12 recorre el camino entre Madrid y Milán. «Carras estaba en crisis por la caída de la ideología. Jone, su mujer, le metió en el coche y nos fuimos todos juntos a pasar tres días con Giussani. Al final, nos encontramos en una asamblea multitudinaria a las afueras de la ciudad. Gius anunció por el micrófono: “Ahora nuestros amigos españoles de izquierdas nos cantarán sus canciones revolucionarias”. Muertos de vergüenza, tanto porque en aquellos tiempos no era normal exponerte en público, ni siquiera en el extranjero como español de izquierdas, como porque no sabíamos qué cantar, y acabamos entonando Asturias, patria querida». Por las risotadas de los presentes deduzco que debe parecerse más a Romagna mia que a la Internacional.
Resumo rápidamente las otras etapas fundamentales. En 1979 Carras (respondiendo a una invitación de Giussani) empieza a dar clases. Un año después participan en las vacaciones del CLU en Misurina, las primeras vacaciones a las que acude un grupo de estudiantes españoles. Diez años después de aquel viaje en un Renault hacia Milán se produce un viaje en sentido contrario, quizá más importante. Don Giussani es invitado a Ávila, a un curso de verano de Nueva Tierra, el movimiento católico que en el transcurso de algunos años se había acercado a CL, sin adherirse aún formalmente. El encuentro con Giussani es definitivo: Nueva Tierra descubre en él el acontecimiento esclarecedor y gran parte se adhiere a CL.
Sintetizo ya mentalmente estas fechas mientras nos dirigimos al Pilar, un instituto religioso donde conozco a una quincena de sacerdotes del Studium Christi. Están juntos desde hace veinte años, y se reúnen más o menos todos los jueves. «Esta amistad no es fruto de nuestra pretensión, sino un don precioso de la humanidad de Cristo en don Giussani». También ellos tienen una fecha fundamental en su historia. En la base de su adhesión está un partido de fútbol disputado en 1983: seminaristas-universitarios 8-0. «Fue llegar y besar el santo...». Momento “legendario”, pero no logro atribuírselo a nadie debido a la confusión de los apuntes. Siguiente etapa en un restaurante - La Leyenda, por cierto -, en donde nos esperan los hermanos Restán, Javier y José Luis, Fernando de Haro y Rafa Gerez, además de los Oriol. Son la presencia adulta del movimiento en las instituciones: Javier Restán es el Director General de Cooperación al Desarrollo y Voluntariado de la Comunidad de Madrid; Fernando de Haro es su brazo derecho; José Luis Restán es periodista en Radio COPE, una de las más importantes en el ámbito nacional y Rafa Gerez es abogado. Me hablan de las relaciones con la política, la cultura, los obispos y la realidad social. Un dato: en conexión vía satélite desde Madrid con los Ejercicios de la Fraternidad había 800 personas, entre adultos y jóvenes trabajadores.

A raíz de una homilía
El calor seco de Castilla y la ráfaga de citas imponen un rato de siesta en casa de Manuel, hijo mayor de los Oriol, que está casado con María y ha tenido hace poco al pequeño Andrés. A las siete de la tarde nos ponemos en marcha de nuevo. Carmen me presenta a Ángel Misut, director general de CESAL. Ángel conoció el movimiento hace cinco años. No estaba muy interesado por la religión. Iba a misa en Navidad, cuando cenaba en casa de su padre o de su suegro. El año que murió su padre decidió quedarse en casa. «Le pregunté a una vecina por una parroquia y ella me indicó una. Me gustó la homilía del cura y empecé a frecuentar la iglesia. Aquel cura me dio a leer Huellas. Ojeándola descubrí un escrito de don Giussani sobre Mozart. Yo soy un apasionado de la música clásica, y nunca había oído a nadie decir nada semejante. Pedí otros textos de Giussani a aquel cura que se llama Julián». El grupo de CESAL está formado por gente joven y motivada. Trabajaban en otras empresas, a menudo mejor pagados, y ahora se dedican a la cooperación y el desarrollo en África, Europa del Este y América Latina. «Estamos construyendo juntos una obra; tratamos de ser una presencia adulta que se expresa a través de su trabajo».
Siguiente etapa: el Pórtico, asociación de Vallecas, un barrio popular al sur de Madrid, para un encuentro con los universitarios. Me lleva Ramón Pons, uno de los primeros del CLU y ahora profesor de matemáticas en la universidad. Me esperan una treintena de chicos en representación del centenar que forman el CLU madrileño guiado por José Miguel García. Tienen una asociación que se llama Atlántida, hay mucho que contar y me lo cuentan. Pirolo: «Este es el único lugar en el que uno puede vivir plenamente la universidad». Sonsoles asistió a un encuentro ecuménico en Estrasburgo. «Me sentía sola, tenía el problema de la lengua, de las distintas religiones. Sin embargo, nuestro carisma me permitía estar allí abrazando a todos. Al final un ortodoxo me preguntó: “¿Estudias teología?” “No, medicina”...». Mientras Pablo Oriol me lleva a casa cruzando la gran ciudad iluminada, pienso en lo que me ha comentado Paola, una de las estudiantes italianas de Erasmus: «Aquí he encontrado la frescura de los comienzos».

Viernes, 22 de junio
Mañana a tope. Familias para la acogida, De oca a oca (Piccole Tracce) y COF. Hablo con Virginia, Marta, Teresa y Maica. El COF es el Centro de orientación familiar. Anualmente ochenta personas reciben formación sobre métodos naturales, vida familiar y sobre cómo afrontar situaciones difíciles. Veinticinco familias están asociadas a Familias para la acogida, en general de edad inferior a las italianas: ahora tienen en acogida a 7 niños bielorrusos, algunos que viven a pocos kilómetros de Chernobyl. De oca a oca nació como una revista para los padres, pero ahora está destinada sobre todo a los niños, aunque con un pequeño inserto para los padres. No es sólo una revista: organiza fiestas, visitas guiadas para niños a museos, grupos de lectura de madres que aconsejan libros para leer, etc.
Como en una carrera de relevos llegan los profesores de Universitas, asociación nacida en 1997 y que se ha convertido en algo único en el panorama universitario español: 60 socios, que llegan a 100 con los amigos. El presidente es José María Saz, profesor de química: «Los rectores se admiran porque no somos corporativos, sino propositivos, porque somos transversales, es decir, estamos junto a los estudiantes y al personal no docente, y esto es inaudito». Este año organizan su segundo curso de verano en la universidad de Alcalá. El tema: genoma humano y clonación. «El rector se ha llevado una gran sorpresa: a los cursos de verano se apuntan normalmente 12 o 13 personas, mientras que al nuestro se han apuntado 150». Entre los profesores universitarios, una infiltrada: Laura Arnal, en representación del instituto Hernán Cortés, escuela de español para extranjeros.

Una postal de los amigos
Comida de trabajo con la Compañía de las obras: Juan Ramón, Maite, Daniel Gerez y Carmina Salgado. La he llamado Oriol y casi me muerde. Aquí las mujeres no pierden su apellido de soltera. En la CdO española se hallan asociadas 200 empresas. «Más que tener muchos socios, la idea es acompañar las iniciativas que emprendemos en el mundo del trabajo». Pero el resultado es que siguen creciendo: están a punto de inaugurar la segunda sede, 200 m2. Partieron con una bolsa de trabajo «que responde a la exigencia primaria de los parados». El tiempo de descanso lo paso charlando con Carmina. Por la tarde nos ponemos de nuevo en marcha. Destino: la casa de Paco y de Cachi. Me vuelvo a encontrar con Carmen y con un efluvio de tapas. Paco es un cirujano otorrinolaringólogo que trabaja a caballo entre Madrid y Mallorca, Cachi es maestra. Estaban juntos en Nueva Tierra. «En 1985, estando en Guinea de voluntaria, recibí una postal de mis amigos de Nueva Tierra: “¡Ya somos de CL!”». Paco me cuenta la increíble historia de Lloseta, un pueblecito en medio de la isla de Mallorca. «Había un cura llamado Rafel que había leído a don Giussani y que llamaba todas las semanas a la sede pidiendo ayuda para empezar allí el movimiento. Durante un año estuvo sin obtener respuesta. Ahora es un pueblo de CL: en la parroquia hacen escuela de comunidad todos, desde los niños hasta los ancianos». Creo que debería dar un salto a las Baleares, pero el salto lo dan los bachilleres que irrumpen en el apartamento en compañía de Enrique, Nacho y Pepe, capitán de aviación. Beatriz, de 18 años: «La relación con Dios es una relación con las personas; esta historia ha cambiado la relación con mi madre». Gloria, 14: «El movimiento me ha proporcionado el motivo y también los instrumentos con los que estudiar».

Temperatura óptima
Dejo a los chicos para una nueva etapa del viaje: la casa de las Memores de Lasalle, en el barrio de Chamartín. El Santiago Bernabéu, el mítico estadio del Real Madrid, está a la vuelta de la esquina. Me acoge la temperatura perfecta que no existe en la naturaleza salvo en algunos momentos a la caída de la tarde de un día de verano en las lindes de un bosque noruego. Aquí vive un grupo de chicas guiado por Lola Calvo, la primera Memores de España. También ella estuvo en Misurina, en las vacaciones de 1980. ¿Por qué el grupo adulto? Me responde Enrique: «Recuerdo un testimonio de don Giussani: habló de la virginidad como la forma de poseer la realidad del mismo modo en que la poseía Cristo». En España son 75 personas, un número muy elevado, las que viven esta experiencia: 4 casas en Madrid, 1 en Parla, 1 en Córdoba, y algunas personas en otras ciudades. En Córdoba hay también una vivaz comunidad en compañía de Javier Calavia, muchas obras eclesiales y sociales, y las Hermanas de la Asunción. Debería ir allí, pero tengo que seguir adelante. No quiero dejar de citar a Teresa, responsable de la Fraternidad de San José, que me habla de Begoña Emperador, profesora universitaria de 43 años fallecida el pasado 27 de diciembre. «Ninguno de nosotros sabía lo fecunda que era la vida de Begoña. Lo comprendimos en el hospital. En torno a ella, cuando se estaba muriendo, había 30 ó 40 personas. La gente no lograba entender y nos preguntaba: “Pero, ¿quién es esa mujer?”».
Hay una gran gratuidad en todo esto, fruto pleno de la libertad. Lo veo también en la parroquia de San Jorge, en donde conozco a los de los bocatas: preparan bocadillos y café y lo llevan a los hombres y mujeres que viven en la calle. Hay algunos de ellos con nosotros, como Macario, Monchito y Tomás que, de persona asistida se ha convertido con Jesús en uno de los animadores de la iniciativa: «No se trata sólo de un bocadillo, es una relación. Tendemos a la reinserción, no sólo a la alimentación». Termino el día en Fuenlabrada, la ciudad satélite más joven de Europa (edad media de 16 años), en la parroquia de Julián de la Morena, en donde me reúno con un grupo de profesores. Allí conozco a Kiko: «Carras me llevaba a su casa en vespa, a través de las zonas controladas por los camellos. Un lugar siniestro. ¡Pero qué humanidad la suya! ¡y qué cenas! La historia de los profesores en España creció en torno a él, cuando se la jugó con nosotros y algunos curas jóvenes».

Sábado, 23 de junio
Me despido de Carmina, que me encomienda a algunos jóvenes trabajadores de Vallecas: Mariano, Rafa, Ángel, Roberto y Santi, estos dos últimos a punto de partir hacia Tánger. «El obispo ha pedido a CL que le eche una mano». Me llevan a visitar la escuela en donde tuvo lugar el encuentro con Carras: es muy parecida a la mayoría de nuestras escuelas de la periferia, una construcción roja con un patio polvoriento. Visitamos la parroquia y la zona en la que cada año organizan el chiringuito con ocasión de las fiestas patronales. Dando una vuelta nos topamos con María, que se une a nosotros. Inevitable parada para tomar unas tapas en Gómez, lugar histórico de reunión. Atiborrado como un botijo me pongo en camino hacia Villanueva de la Cañada, a 35 km. de Madrid. Aquí vive un grupo de familias. Primero vino una, luego otra, y así han llenado una calle conocida en el pueblo como la “calle de los niños”. Comemos en casa de Luisa y Niso. Con nosotros están - cito de corrido - Juan y Clara, Ángel y Teresa, Rafa y Belén, Irene, y perdonadme si he dejado fuera a alguno. Ellos, en cambio, están extraordinariamente “dentro” de la realidad. «Cuando conocimos a don Giussani percibimos enseguida que él nos conocía mucho mejor que nosotros mismos». Esta conciencia ha llevado a estas quince familias a convertirse en piedra angular en este pueblo, hasta el punto de metérseles en la cabeza una idea maravillosa y descabellada: hacer un colegio desde los 3 años hasta la universidad (excluida). Se ríen de su locura, pero están felices: han convencido al alcalde y a las familias importantes del pueblo, y ahora están a la espera de que se convoque un concurso público. Mientras Rafa me habla del grupo de música antigua Psalterium (nacido en 1985) llegan las demás familias del movimiento con los niños. Cantamos, y al poco tengo que marcharme, aunque me habría quedado más tiempo.

Valencia
Rafa me lleva en coche a la estación de Atocha. Allí nos esperan Carmen y Benjamín, un periodista de Alfa y Omega, el suplemento religioso del periódico ABC. Benjamín me acompaña a Valencia y, mientras colma mis posibles lagunas como buen profesional, me habla de Páginas, una publicación realizada por un grupo de periodistas con un «juicio distinto del que se escucha por todas partes». En Valencia se han reunido las comunidades que definiría como los “hermanos de la costa”. Se me parte el corazón por Gema, por las chicas de los Memores de Castellón, por Juan Peña, juez en Benidorm, por los universitarios italianos de Erasmus, por Carlos, el arquitecto de Murcia y por los demás que han venido, y a los que me veo obligado a liquidar en unas pocas líneas.

Domingo, 24 de junio
Barcelona
Duermo con Benjamín en casa de Alex y Aída. Por la mañana les fuerzo a asistir a misa a las 9:30, y después desayunamos en una pastelería del centro. A las 11:00 sale el tren para Barcelona, en donde me esperan Diego Giordani y el grupo catalán. Diego vino aquí a comienzos de los años 80: con Nando Sanvito y Kiko formó el primer piso del CLU en Madrid. Después regresó a Italia, pero volvió de nuevo a España, esta vez a Barcelona, para desarrollar una actividad empresarial. Silvia, la señora Giordani, me prepara unos spaghetti con tomate que levantan la boina. Allí están Giorgio y Rosa Chevallard, Germán y Juanfra, que es canario y está a punto de ser ordenado sacerdote. Me cuenta la extraordinaria aventura del movimiento en Tenerife. Ahora hay allí un centenar de personas. Al principio había dos curas, Joaquín, que no era de CL pero que había leído a Giussani, y Miguel Ángel, que había conocido el movimiento cuando hacía la mili en Madrid. Los dos “hacían” el movimiento, cada uno por su cuenta. Un día los de Miguel Ángel fueron a pedir un local en la parroquia de Joaquín. Se encontraron como reflejados en un espejo. Joaquín les dijo a sus jóvenes: «Id con ellos, allí está la verdad». Ellos le dijeron: «Si allí está la verdad ven tú también. Si no vienes tampoco iremos nosotros». La conjura tuvo éxito, y ahora todos me hablan de la gente de las Canarias. Será el próximo viaje. Entretanto estamos en Cataluña, en dificultades con el nacionalismo, que avasalla incluso a la Iglesia, y con el eco del terrorismo vasco. «Lo más desconcertante es que, aún siendo electoralmente insignificantes, el mundo político pide nuestro juicio». El centro cultural Charles Péguy, del que Giorgio es presidente para Cataluña, se ha convertido en un punto de encuentro importante. Miro las fotos. Hay una de un grupo, un centenar de personas en el campo: es la mítica salida de la calçutada que se hace en febrero o marzo. Una indigestión de cebollas a la brasa, inmersas en una salsa que me quedo con ganas de probar. Llegan otros amigos, Pedro Pizarro, “Piza”, que es policía y que viene de Madrid, y Carlos y Silvia, un matrimonio que los Giordani conocieron en el colegio de sus hijos. «Di algo sobre nuestra amistad», le dice Diego a Carlos. «Si me hubiesen dicho hace cinco años que habría tenido un amigo italiano y que me habría comprado una caravana para ir de vacaciones con ellos no me lo habría creído». Y yo no creo que pueda haber una síntesis mejor para lo que nos decimos todos los días.

Domingo tarde
El avión de Iberia asciende hacia el cielo sobre el Mediterráneo. Este despegue me parece más aceptable de lo habitual, sobre todo tras haber sobrevivido a la conducción de Diego. Releo el párrafo subrayado de un artículo de Prades y Carrón del año 93. «La gratuidad con la que don Giussani ha abrazado el destino de algunas personas es el origen de un camino cuyos resultados nadie podía calcular entonces, cuando él venía todos los años a Madrid para ver a sus amigos. Este encuentro, mantenido en el tiempo, los hizo a ellos diferentes, y de esa diferencia se dieron cuenta también algunos sacerdotes madrileños que en 1979 conocieron a los Carrascosa y los Oriol, y les oyeron hablar por vez primera de un Movimiento italiano. De ahí nació una amistad que desembocó en la unidad del grupo inicial de CL con el de Nueva Tierra en septiembre de 1985. Ese don marca nuestra historia y también fue un fruto precioso de la paternidad de don Giussani (...) Es la experiencia del movimiento la que tiene las dimensiones y el horizonte del mundo, no nosotros, pero a nosotros se nos concede ese horizonte dando la vida por el carisma» (cf. Huellas n. 6, 1993). Esto es verdad hasta tal punto que puedo decir que me he sentido “físicamente” cercano a don Giussani como no me sucedía desde hacía tiempo. Es tan verdad que incluso las cosas que yo decía parecían volverse importantes en un contexto como este. Conservo a todos, también a los que no he podido citar, en mi memoria como un don muy valioso. De este viaje me queda sólo un vacío, suspendido justamente allí donde el alma roza el estómago: una cena con Carras. Pero nunca es demasiado tarde.