El Estado ligero

Entrevista a Lorenzo Ornaghi y Giorgio Vittadini sobre “La noción de cosa pública está en crisis”. Es un concepto que coincide cada vez con más frecuencia con “política” o con “poder”. Pero tal vez sea éste precisamente el momento de “remangarse” y volver a dibujar la organización social, un Estado que sea,en definitiva, expresión de la comunidad

a cago de STEFANO ZURLO

Solemos colocar nuestra imagen del Estado, si no en un parque jurásico, detrás de una vitrina de museo de ciencias naturales. Con sus diferentes articulaciones, el Estado es un paquidermo, un brontosaurio, un animal con un cuerpo pesado que no nos inspira simpatía. Sobre esta cuestión de que “La noción de cosa pública está en crisis” están de acuerdo los dos interlocutores llamados por Huellas para hablar sobre res pública: Lorenzo Ornaghi, vicerrector de la Universidad Católica y presidente de la recién inaugurada Authority del Tercer Sector y Giorgio Vittadini, presidente de la Compañía de las Obras. Pero si el diagnóstico es preocupante también es verdad que éste es el momento de abrir horizontes, de intentar volver a dibujar la organización social, de eliminar un poco de naftalina y conectar lo público con las necesidades que nacen de la sociedad. Se trata de un “crucigrama” de lo más difícil e imaginativo, pero Ornaghi y Vittadini han dicho que sí al juego y han ofrecido sus soluciones.

Huellas: El Estado es una máquina sometida a presiones cada vez más fuertes.

Ornaghi: Podemos decir que desgraciadamente la gente tiende a encerrar al Estado dentro de un recinto. O si se prefiere, detrás de una valla: la de la arena política. El Estado coincide con la política, o mejor, con la lucha entre los partidos y con los litigios entre los diferentes poderes.

Vittadini: El Estado parece quedar reducido al poder. Como si fuera un castillo que hay que conquistar para disponer de los tesoros y las riquezas que contiene. Un cuadro desolador. Me pregunto adónde nos llevará esta disgregación. Si las sacudidas superan un punto sin retorno, se puede llegar a la desintegración de las instituciones.

Ornaghi: Naturalmente espero que no. Creo que, en vez de abandonarnos a consideraciones pesimistas, debemos remangarnos y ponernos manos a la obra.

Huellas: Pero si acabamos de decir que el Estado es un cuerpo extraño, ¿por qué los ciudadanos deberían cargar con un fardo que no comprenden?

Vittadini: El principio de subsidiariedad sugiere una salida.

Huellas: Sugiere, pero hay que hacerla explícita. La palabra subsidiariedad hay que llenarla de contenidos. Y después hacerla explícita con otros conceptos. Por ejemplo ¿cómo veis el matrimonio entre subsidiariedad y federalismo?

Vittadini: Si es sólo un traslado de poder del centro a la periferia es un hecho ni positivo ni negativo. Es más, puede ser incluso peor, porque el control, digamos la opresión, podría resultar más fuerte. Una cosa es el Estado gendarme, espía rígido, que hace repetir indefinidamente un guión ya escrito, y otra cosa es el Estado que para algunas cuestiones dirige la orquesta con mano segura y para otras se queda escondido en la trampilla, como el apuntador del teatro. Ayuda, acaba las frases incompletas, da seguridad con su presencia pero se retira en el momento oportuno.

Huellas: El podio y la trampilla: una presencia visible e invisible, fuerte y discreta.

Vittadini: Hace falta imaginación. Debemos salir de la contraposición entre lo público y lo privado. Un ente privado puede desarrollar una función pública. Y el Estado debe valorar, premiar, poner en contacto. Si en Milán hay demanda de trabajo y en Roma hay oferta, el Estado debe poner en contacto esas dos realidades. Y si un ente privado ofrece servicios sanitarios mejores, el Estado debe elegirlo y liberar de impuestos esa actividad. En definitiva, el “centro” debe convertirse en empresario y debe saber leer lo que se mueve en los cuerpos sociales.

Ornaghi: Si tuviera que usar una imagen diría que el Estado debe ser la levadura que, dentro de los diferentes elementos presentes en la sociedad, libera nuevas energías, pone en juego fuerzas ya olvidadas, crea una nueva geografía social.

Huellas: La imagen es sugerente pero un poco hermética.

Ornaghi: Digámoslo así. El Estado hoy se ve, en el mejor de los casos, como el lugar de las garantías. Ofrece, por citar algo clásico, un trabajo seguro. Está claro que esta concepción pasó a la historia. Tenemos que empezar a imaginar el Estado no como un lugar de garantías sino de funciones. El Estado es tal si realiza algunas funciones, empezando por las más importantes, como la política exterior y la seguridad.

Huellas: En definitiva, usted en el debate sobre Estado ligero y Estado pesado está con quien quiere hacer la cura de adelgazamiento y ve con horror la bulimia de la administración pública.

Ornaghi: No se trata sólo de tirar el lastre y de perder peso. Hay algo más. Hoy día, por seguir con las ciencias naturales y los dioramas, pensamos en el Estado como en un invertebrado. Las funciones, las funciones esenciales, dibujan en cambio un esqueleto. Y este esqueleto da autoridad y consistencia a la cosa pública. Pero esto no es suficiente.

Huellas: De esta manera tenemos un organismo que funciona, pero que corre el riesgo de ser extraño para la colectividad.

Ornaghi: En cambio debemos recuperar el discurso de la levadura y la subsidiariedad. Me explico introduciendo otro par de palabras: producción y distribución.

Huellas: ¿Qué tienen que ver estos dos vocablos con nuestra conversación?

Ornaghi: Hoy el Estado distribuye, pero no produce. Y en cambio, asumiendo el principio de subsidiariedad en su acepción más amplia, tiene que empezar a producir.

Huellas: Lo que significa...

Ornaghi: Desarrollar un papel dinámico y propositivo. En definitiva, el Estado en mi opinión debería interactuar con la sociedad, interceptar la energía, regularla y convertirla en patrimonio de todos.

Huellas: ¿Una figura geométrica variable?

Vittadini: Un Estado discreto. Articulado, flexible, cercano al ciudadano y, a la vez, punto de referencia.

Ornaghi: Una orilla y una guía.

Vittadini: Atención: querría eliminar un posible equívoco. Algunos, poco perspicaces, piensan que la subsidiariedad prefigura una especie de “balcanización” de la sociedad.

Huellas: ¿Qué quiere decir?

Vittadini: Una especie de lucha postmoderna. El católico se construye su escuela, el musulmán la suya, el laico igual y así por su orden. En este caso viviríamos en un Estado “balcanizado”, formado por muchos mundos incomunicados, lejanos. A mí este escenario no me interesa.

Huellas: ¿Y qué sugiere?

Vittadini: La subsidiariedad significa que yo necesito al otro. La experiencia de los demás me sirve a mí. El pluralismo, lejos de cualquier retórica, ofrece esta gran posibilidad: una sociedad rica enriquece al Estado, que a su vez es capaz, como una catedral gótica, de valorar y medir los golpes y contragolpes. Asegurando el bien común.

Ornaghi: En vista de que se habla de catedrales góticas quiero añadir que me es muy fácil hacer alusión al Medievo. No se trata de hacer un mito del pasado, pero seguramente en aquellos tiempos la dimensión universal se codeaba con la particular. Lo que querría, mientras se discute de federalismo y de Constitución europea, es un Estado que produzca sentido, símbolos y autoridad, pero también un Estado que sea expresión de la persona y de ese conjunto de personas que es la comunidad. Habría mucho que discutir sobre esto. Ya es importante haber salido del parque jurásico.