CDO

Escuela de subsidiariedad

Piamonte, Lombardía y Lacio. Las tres regiones donde han comenzado los cursos de ASSO, la asociación de la CdO que quiere enseñar a directivos y funcionarios de la administración pública la concreción de la “subsidiariedad horizontal”. Un experimento digno de repetirse

emmanuele forlani

Cuando hace más de diez años don Giussani hablaba de subsidiariedad pocos percibían su importancia. Hoy el término está en boca de todos, pero con las más disparatadas y a veces contrapuestas interpretaciones. En efecto, aunque la Doctrina Social de la Iglesia sea muy explícita al respecto, va ganando terreno un dualismo ideológico entre el liberalismo salvaje y el estatalismo, entre privatización y centralización de los poderes y de las funciones. De aquí nació la idea de realizar unos cursos que tuvieran como tema la subsidiariedad y que propusieran modelos de aplicación para llegar a una interpretación correcta del principio.

A decir verdad estas “escuelas” no son una novedad. En efecto, son numerosas las ediciones de años anteriores en diferentes regiones de Italia. Sin embargo, es una novedad el contexto jurídico y social en el que se sitúa el principio de subsidiariedad. Desde hace pocos meses el valor horizontal del principio encuentra acogida en el texto constitucional. La Constitución italiana es la primera en el mundo que habla expresamente de subsidiariedad horizontal. El debate sobre el federalismo, las transferencias de poder y la subsidiariedad vertical está más encendido que nunca en los pasillos y en las “cámaras” de nuestra República. ASSO (Asociación de Escuelas de Subsidiariedad Horizontal) nace con una gran ambición y encuentra enseguida el apoyo, no sólo económico, de la prestigiosa Fundación Giovanni Agnelli y, en Lombardía, de ASERI (Instituto de la Universidad Católica de Milán) y de IRFOD (Instituto Regional de Formación) en Lacio.

Para el 2002 están en marcha tres cursos en Piamonte, Lombardía y Lacio. Los programas incluyen temas de interés regional y están dirigidos a directivos y a funcionarios de la administración pública. Los ponentes son profesores universitarios, pero también políticos, funcionarios y trabajadores del sector privado. La aventura de las escuelas acaba de empezar, pero ha dado frutos en poco tiempo. Más allá de cualquier expectativa ha surgido la exigencia de profundizar, más expresada por los que hoy tienen que concretar la subsidiariedad, sin saber, la mayoría de las veces, de qué se trata. Han participado, en efecto, más de 120 personas en Piamonte y 140 en Lombardía; una platea extremadamente cualificada - la antigüedad media ronda los 20 años de servicio en la administración pública - ha seguido y participado en las primeras lecciones.

Nunca hemos querido organizar iniciativas o congresos invitando exclusivamente a quienes «piensan como nosotros». Esta es la clave de lectura de la elección de los ponentes, figuras de comprobada experiencia y competencia. Hay exponentes del mundo académico italiano (entre otros, el profesor Velo, presidente del comité de directores de las facultades de Economía, el profesor Ornaghi, vicerrector de la Católica y presidente de la Agencia del sector Non Profit), personalidades de fama internacional (el profesor Anheier, London School of Economics; el profesor Ayuso, Universidad Pontificia de Comillas de Madrid; el diputado Eugenio Nasarre, presidente de la comisión de Educación del Congreso de los Diputados de España), políticos locales (asesores regionales de Piamonte y de Lombardía), protagonistas de empresas sociales (entre otros el profesor Alberto de Rosa Torneer, gerente del Hospital de la Ribera, España).

La participación es gratuita gracias a la contribución de las regiones Piamonte, Lombardía y Lacio que han patrocinado la iniciativa. Las intervenciones escuchadas hasta hoy impresionan porque son capaces de dar razón del valor antropológico del principio de subsidiariedad, incluso desde recorridos disciplinarios y temáticos diferentes. El valor de la persona es de primordial importancia también en la organización de un Estado y de una sociedad que, si no, quedarían esclavos de estériles ideologías. El principio de subsidiariedad actúa precisamente en este sentido.