Ante
los atentados terroristas, una esperanza cierta
Un
camino obligado e inaplazable
El domingo anterior ya hacía referencia a los polvorines de guerra y a
los ataques terroristas que ensangrientan varias partes del mundo. El jueves
pasado tuvo lugar el dramático atentado en Madrid, que ha provocado doscientas
víctimas y ha provocado más de mil heridos. El horrendo crimen
ha conmocionado a la opinión pública mundial. Ante tanta barbaridad,
uno se queda profundamente trastornado, y se pregunta cómo es posible
que el espíritu humano pueda llegar a concebir felonías tan execrables.
Al confirmar la absoluta condena de semejantes actos injustificables, expreso
una vez más mi participación en el dolor de los familiares de las
víctimas y mi cercanía en la oración a los heridos y a sus
seres queridos.
Ha tenido un eco conmovido en todo el mundo el testimonio conjunto de solidaridad
que se levantó de todas las partes de España el viernes pasado,
con la participación de las autoridades políticas de toda Europa.
Apoyándose en la contribución armónica de todas las fuerzas
sanas del continente, es posible mirar hacia delante con confianza y esperar
en un futuro mejor. En particular aquellos que creen en Dios, Creador y Padre,
deben sentirse comprometidos a trabajar por la edificación de un mundo
más fraterno y solidario, a pesar de las dificultades y obstáculos
que pueden encontrarse en este camino obligado e inaplazable.
En las manos maternales de María, Virgen de la misericordia, ponemos de
manera particular a las víctimas del terrible atentado terrorista de Madrid.
Le pedimos que proteja y vele por la querida nación española, por
Europa y por el mundo entero.
Juan Pablo II
Angelus del 14 de marzo de 2004
Su
Eminencia Reverendísima
Cardenal Antonio María Rouco Varela
Arzobispado de Madrid
Al conocer la noticia de los terribles atentados en Madrid, junto con toda Comunión
y Liberación, quiero expresar mi cercanía al corazón de
padre de Vuestra Eminencia que llora por tantas víctimas inocentes entre
el pueblo español. La misteriosa participación en la cruz de Cristo
nos pone de rodillas ante la Virgen María para implorar, para España
y para el mundo entero, la misericordia de Aquél que es nuestra paz.
Luigi Giussani
No hay palabras para expresar el dolor por la masacre provocada
por los atentados terroristas perpetrados hoy en Madrid, que con su crueldad
han sumido en la aflicción
a tantas familias y a toda la sociedad española.
Nos unimos a la “firme y absoluta reprobación de tales injustificables
actos que ofenden a Dios, violan el fundamental derecho a la vida y socavan la
pacífica convivencia anhelada vivamente” por nuestro pueblo, como
ha escrito Juan Pablo II.
El terrorismo se alimenta de ideologías que convierten en ídolos
a la raza, la nación o a un sistema político, sin dudar en sacrificar
por ello vidas humanas.
La espiral de violencia y odio sólo puede romperse con la ayuda de un
Don más grande que nuestras fuerzas, Don que suplicamos para no sucumbir
ante el mal y su lógica inexorable. Bajo tu amparo nos acogemos, Santa
Madre de Dios.
Comunión y Liberación