Recuerdo
El cardenal Opilio Rossi (1910-2004)
Fiel
e incansable servidor de la Iglesia
El 9 de febrero moría el
cardenal Opilio Rossi. En 1982, como presidente del Consejo Pontificio para los
Laicos, firmó el decreto de reconocimiento de la Fraternidad. Hombre afable
y devoto, siguió siempre con fidelidad al Papa
Guzmán Carriquiry
Siendo el cardenal Opilio Rossi Presidente del Consejo Pontificio para los
Laicos, firmó, junto a S.E. monseñor Paul Josef Cordes, entonces
vice-secretario, el decreto de reconocimiento de la Fraternidad de Comunión
y Liberación el 11 de febrero de 1982. Desde la presentación de
la solicitud, hasta su aprobación, pasaron dieciséis meses de intensas
consultas promovidas por el Dicasterio, en un clima eclesiástico italiano
bastante candente, aunque rebosante también de la sorprendente novedad
del Pontificado de Juan Pablo II. No fueron pocos los eclesiásticos (y
no solo tales) que fueron al cardenal Rossi con las más variadas historias
y juicios. Quizá hubiera sido para él de mayor “tranquilidad” y
de prudencia humana aducir la oportunidad de una maduración más
serena y consensual de las cosas. Y sin embargo no dudó ni un instante
en su discernimiento positivo de la Fraternidad.
Desde Piacenza hasta Austria
Nacido en 1910, ordenado sacerdote e incardinado en la diócesis de Piacenza-Bobbio
en 1933, pocos años después ingresó en la Academia Pontificia.
Comenzó así su fiel e incansable servicio a la Santa Sede, que
durante casi cuarenta años le llevó por distintas representaciones
diplomáticas. Fue auditor en la Nunciatura en Alemania durante los trágicos
tiempos de la guerra, y en Berlín se entregó a su trabajo con gran
generosidad, como recordó Juan Pablo II, que quiso presidir las solemnes
exequias celebradas en la Basílica Vaticana el viernes 13 de febrero.
Fue nuncio en Ecuador, en Chile y, durante diecinueve años, en Austria,
en donde fue muy amado. El ambiente diplomático no le hizo perder nunca
aquella sencillez digna y sobre todo humilde que siempre le distinguió.
Así lo recordamos en el Consejo Pontificio para los Laicos, que presidió durante
siete años y medio, desde 1976, poco después de haber sido creado
cardenal por Pablo VI. Consciente de sus propios límites, nunca trataba
de enmascararlos. No se presentaba como una figura aparente, no era un intelectual,
no pretendía ningún protagonismo. Educado para rezar, obedecer
y servir, su autoridad y su sabiduría supieron “gobernar” serenamente
incluso las situaciones más difíciles. ¡Qué lejos
estaba del “politiqueo” de la curia! Era imposible no quererle. Todos
terminaban por admirarle.
Instinto católico de sabiduría
Ese hombre afable, bastante tímido, devoto, hizo posible y dirigió un
cambio importante en el servicio del Consejo Pontificio para los Laicos a la
Santa Sede. Le recuerdo durante el primer Congreso Internacional “Movimientos
en la Iglesia”, que tuvo lugar en Roma en septiembre de 1981. Estaba sorprendido,
lleno de curiosidad, por la novedad impetuosa de estas nuevas realidades de vida
cristiana. Confesaba que no llegaba a comprender algunos aspectos y expresiones.
Le bastaba con seguir fielmente al Papa, con tener un instinto católico
de sabiduría y con ver los buenos frutos. «Cumplo ahora el venerado
encargo –le escribía el cardenal Agostino Casaroli, secretario de
Estado, dieciséis días después del reconocimiento de la
Fraternidad– de significarle que el Santo Padre ha tomado nota con complacencia
de cuanto este Consejo Pontificio ha dispuesto realizar para dar cumplimiento
a Sus veneradas instrucciones».
El Jubileo de los jóvenes
Su paternidad se reveló preciosa también cuando acogió la
iniciativa profética de convocar el “Jubileo de los Jóvenes” en
el mes de abril de 1984, durante el Año Santo de la Redención.
El cardenal Rossi y monseñor Cordes pidieron a la Acción Católica,
a Comunión y Liberación, a los Focolares, a la Renovación
Carismática Católica y a otros movimientos que formaran parte del
comité preparatorio, que se reveló como una experiencia singular
de encuentro, de implicación y de amistad, y por tanto prólogo
y promesa de un gran evento. La presencia del cardenal Rossi fue siempre presencia
de padre y de guía apaciguadora. Pocos días antes del Jubileo de
los Jóvenes fue sustituido en la presidencia del Consejo Pontificio para
los Laicos por el cardenal Eduardo Pironio. Y todavía tuvo energías
para servir como presidente, primero del Comité Pontificio para los Congresos
Eucarísticos Internacionales y, después, de la Comisión
Cardenalicia para los Santuarios Pontificios de Pompeya, Loreto y Bari.
El cardenal Opilio Rossi falleció el 9 de febrero de 2004 a la edad de
93 años. En los últimos años se había ido apagando
poco a poco. Perdió la conciencia en los últimos meses, y el único
gesto que hacía repetidamente era el de desgranar con los dedos el rosario.
Era un hombre de una piedad tan discreta como profunda, alimentada en la tradición
católica popular. Con certeza la Virgen María le ha llevado de
la mano hasta la morada de Dios, hasta el “cara a cara” con su Hijo,
el Señor resucitado y glorioso.