Por
qué la Iglesia Milán. Auditorium
La pretensión permanece
Un abogado judío, un pastor baptista y un
sacerdote católico.
El libro de don Giussani brinda la ocasión para una unidad deseada
Aldo Brandirali
Me embargó de
inmediato la emoción al ver lo que sucedía entre un judío,
un católico y un protestante: diferencias deseosas de unidad. Lo cual
me lleva a reflexionar sobre mi experiencia de convertido ya en edad adulta.
Es como volver al primer encuentro: 1982, yo, comunista, delante de Giussani.
También me he detenido posteriormente sobre la gran envergadura de lo
que escuché la noche del lunes 2 de febrero en el Auditorium de Milán.
Don Giussani lleva una novedad que cambia la historia.
Voy a intentar contarlo sin pretensión de profundizar.
Giussani relatado por hombres de distintas religiones, que hablan de él
como de una persona familiar para su vida. Y sin embargo no hubo equívoco
alguno sobre la identidad irreductible de don Giussani, pues todos reconocieron
que habla de Cristo que es todo en todos, que es Dios entre nosotros.
En camino hacia
la tierra prometida
Claudio Morpurgo, de la Unión de Comunidades Judías, habló de
Giussani como el portador de una unidad nueva, de una novedad que apremia al
pueblo elegido a abrirse como un pueblo universal. Por ello, Morpurgo fue capaz
de decir: «Cambiemos juntos el mundo, luchemos por una vida mejor».
Me atrevo a pensar que han incorporado a don Giussani en el camino hacia la tierra
prometida. Ha participado en encuentros periódicos para recitar juntos
los salmos y creo que atisba la Jerusalén liberada.
Archie Spencer, ministro de la Iglesia baptista, identificó en la tradición
el punto de encuentro con don Giussani, que describe la pregunta irreducible
en torno al Misterio. Reconoce en Giussani una lectura del alma humana que le
lleva a decir: «Tradición viviente». Una novedad que se puede
comunicar a la asamblea de los fieles de la Iglesia protestante.
La fe de Spencer, siempre tendente a interrogar al yo interior, se abrió al
encuentro con la experiencia humana de Giussani y también a su profunda
religiosidad, mostrándose disponible a un camino común. Es como
si Spencer y Giussani constituyeran un pequeño pueblo.
Una novedad que cambia todo
Si las cosas están como yo las he comprendido, entonces tiene razón
don Pino, que reconoció que aquella tarde se había manifestado
una novedad que cambia todo, en el sentido de que no deja las cosas como están,
ni siquiera para nosotros, en la vida y en la Iglesia.
Recordemos que es propia de estos días la evidencia de una irresponsabilidad
que disgrega la misma convivencia civil. La clase dirigente del país es
pendenciera, se alimenta de enfrentamientos, pero no vela por el bien común.
Huelgas salvajes, protestas realizadas con graves daños para todos los
ciudadanos, estafas financieras de empresarios en solitario. La unidad es algo
que se considera superfluo y aquel que la desea vive con desesperación.
Ver la unidad que se produce ante la propuesta de don Giussani pone en evidencia
que un cambio histórico es posible. Introduce el problema de la libertad
como método para poder encontrar lo positivo que genera unidad. No existe
libertad sin polémica cultural.
Quiero plantear algunos puntos que nacen de mis preguntas actuales en torno a
la libertad. El materialismo ha llegado a su absurdo histórico, como vemos
en China hoy: un gran dinamismo económico fruto del mercado libre que,
sin embargo, no cambia con respecto al método de la dictadura comunista.
Es decir, no es verdad que la superestructura nazca de los cambios económicos.
Comunistas,
laicistas, integristas
El idealismo tiene su efecto opuesto en la “muerte de las ideas”,
como se desprende del borrador de la Constitución europea, que ni siquiera
accede a citar las raíces judeo-cristianas de Europa. Los que preconizaban
desde el Siglo de las Luces el triunfo de la razón ya no admiten siquiera
la fuente de la luz.
Se llega a considerar unos baluartes del idealismo los países musulmanes
donde la mujer es prisionera de la idea de que es necesario impedir el pecado,
de que el hombre no debe verse tentado por la presencia de las mujeres. Así,
como reacción a Occidente, crecen los rostros velados y los castigos corporales.
Comunistas, laicistas e integristas manifiestan una incapacidad radical de salir
de su esquema de pensamiento.
Urge que la Iglesia responda a estos fracasos humanos.
Desgraciadamente muchos católicos se disuelven en un empaste de diferentes
posturas, como si la libertad no pudiese contar con un encuentro excepcional,
con Cristo. Yo empecé a ser libre cuando me encontré con don Giussani:
me cautivó en mi pasión de comunista y de revolucionario, me devolvió una
experiencia de lo humano amable y deseable, y poco a poco he recobrado todo mi
ardor, debido a la victoria de Cristo, a la correspondencia plena del cristianismo
con lo humano.
Testigos en tierra de bárbaros
Giussani supone un nuevo inicio para todos, se ofrece a todos los caminos del
hombre y muestra que el dolor de cada uno se convierte en alegría siguiendo
a Cristo. Morpurgo y Spencer serán una novedad entre su gente.
Me acuerdo de los primeros santos de la historia cristiana, justo después
de los apóstoles y los primeros mártires: los santos, testigos
de Cristo en tierra de bárbaros, generaron la historia. Maduraron su experiencia
humana ofreciéndola a todo hombre, como puente tendido entre Cristo y
el último de los hombres. En todos los lugares y periodos de la historia
se han formado comunidades y fuertes personalidades por la fuerza con la que
Cristo plasma la historia.
Gracias, querido don Giussani, por estos encuentros que tú generas y que
en mí se convierten en un “a priori” justificado por la experiencia.
Dios se puede ver y tocar, y por eso estoy cierto de que le seguiré encontrando
incluso en la oscuridad antes que rompa el alba.