AVSI
Nigeria
Willy. Una esperanza para el pueblo
“Que
cada uno mire por sí mismo”. Ésta era su filosofía
de vida. Después, el encuentro con un grupo de amigos hizo que los innumerables
tentáculos de la vida comenzaran a adquirir un sentido. En la trágica
situación del país africano asombra la obra del Seed Education
Centre de Lagos
John Williams
Soy nigeriano y vivo en Lagos. Tengo treinta y tres años y trabajo en
el Seed Education Centre, donde desempeño varias tareas, entre ellas la
de profesor. El Seed Education Centre comprende un jardín de infancia,
una escuela primaria con 600 alumnos, cursos de recuperación para unos
cien estudiantes, un centro de estudios y de actividades extraescolares para
los jóvenes, un curso de formación para profesores y un centro
para la educación de padres y adultos.
Creciendo en una sociedad donde se nos cría para trabajar, y en buena
parte con el fin de ganar algo desde pequeños, en apariencia gozan de
la vida los que tienen más dinero. Cada uno desde pequeño, de forma
más o menos consciente, comienza a correr en esta competición.
Al terminar los estudios superiores, lo único que tenía en mente
era encontrar un trabajo, tener dinero y ganarme la vida; trabajar sólo
y exclusivamente por mi “interés”. Mi filosofía de
vida era “que cada uno mire por sí mismo”.
Gracias al encuentro con este grupo de amigos durante mi último año
de universidad, en el Politécnico, mi formación académica,
mi vida y todos sus innumerables tentáculos comenzaron a adquirir un significado
en su globalidad. Desde que conocí a Chiara y a los demás, empecé a
cuidar más de mí mismo, a interesarme por el significado de mi
persona y de la realidad.
Entusiasmo
Ahora, a diferencia del pasado, vivo la vida con más entusiasmo, buscando
con más intensidad la felicidad. Soy feliz de aprender y compartir la
vida con estos amigos que me han dado las razones fundamentales para vivir, para
esperar y compartir esta pertenencia a la comunidad.
Llego al trabajo con un programa bien preciso, con una idea de cómo debe
ir la jornada, pero la realidad siempre revuelve las cosas según un orden
diferente. Suelo empezar echando una mano a Jovita, la responsable del jardín
de infancia y de la escuela primaria, tratando que todo esté a punto y
respondiendo a necesidades y emergencias que nunca faltan: niños que vienen
enfermos al colegio, otros que no traen la comida o el material escolar porque
sus padres no pueden permitirse comprar un objeto tan sencillo como un bolígrafo.
Mi siguiente tarea es ocuparme del Apoyo a Distancia, del que soy principal responsable.
Por y con los estudiantes
A partir de las tres de la tarde llegan los estudiantes de los cursos de recuperación.
Su finalidad es ayudar a los alumnos a estudiar, una necesidad perentoria por
varias razones: la participación de los profesores en las agitaciones
sindicales, su desinterés por la profesión, la escasa cualificación,
etc. La mayoría de los estudiantes va al colegio regularmente por las
mañanas, otros además trabajan, algunos están aprendiendo
un oficio, otros son ya padres. Yo doy clases de ciencias naturales, química
y física comparada en bachillerato.
Con Pascal, un compañero, trabajamos con los estudiantes, preparamos juntos
las actividades extra-escolares, y también la Escuela de comunidad para
los que lo desean. Compartimos con ellos nuestra vida y les ayudamos a comprobar
el significado y la riqueza de lo que aprenden en clase y de lo que les rodea.
Francis y Michela son los profesores de los cursos de recuperación; trabajan
con nosotros por las tardes, mientras por las mañanas dan clase en escuelas
públicas y privadas. Con ellos me reúno una vez al mes para comentar
cómo va la escuela, los estudiantes y la tarea que desempeñan.
Es interesante destacar la diferencia que hay entre un profesor que se cree el
mejor en su campo, y otro que se considera como un signo que indica a los estudiantes
algo más grande que él. Nuestros profesores están aprendiendo
que esta conciencia es más verdadera y corresponde más a su corazón.
Pobreza vergonzosa
Sobre el papel, Nigeria debería ser una nación rica, dado que exporta
petróleo y posee abundantes recursos naturales y humanos. La realidad
es que una pobreza vergonzosa golpea a la mayoría de la población.
Muchos piensan que se ha convertido en una nación cuya regla de oro es: “Poderoso
igual a justo”. Quien detenta el poder y sus adláteres deciden quién
debe respirar y quién puede hablar. El único modo de salir adelante
es tener algún “padrino” o bien soportar la suerte adversa.
Es triste advertir cómo durante las campañas electorales los políticos
se postran ante la gente para después darles la espalda cuando obtienen
la victoria, tomando sus decisiones sin consultar a nadie.
Pedir bienes de primera necesidad como electricidad, agua, comida o casa es como
pedir la luna. Para las familias la situación socio-económica es
durísima. A causa de la escasez de puestos de trabajo, incluso entre los
licenciados, la mayoría de las familias se dedica al comercio, esto es,
a la adquisición y venta de pequeños artículos como dulces,
galletas, fruta, verdura, pescado, etc., obteniendo normalmente menos de 2.000
naira (17 dólares) con los que deben mantenerse. El día que los
negocios se dan mal, padres e hijos deben apretarse el cinturón.
Sacos, cañas y madera
La vivienda es muy cara e insuficiente para toda la población de Lagos,
que crece constantemente, tanto que algunas familias han tomado la iniciativa
de construir casas con sacos, cañas, madera, sobre terreno del que antes
o después se verán obligados a marcharse. Otros viven debajo o
cerca de los puentes. Como resultado de estas privaciones se asiste al aumento
del número de niños que abandonan la escuela ya durante la primaria,
al incremento de la tasa de criminalidad, al uso indiscriminado de drogas fuertes,
como la marihuana, cuyo consumo libre está alcanzando la popularidad de
los cigarrillos. Existe, además, el problema de los embarazos de adolescentes,
que están a la orden del día.
Ante esta situación, la primera reacción es culpar al gobierno,
a la sociedad, a los padres, a todos, menos asumir una responsabilidad uno mismo.
También yo estaba firmemente anclado en esta posición hasta que
conocí a estos amigos.
Con ellos he aprendido a afrontar estas situaciones no con pietismo sino con
esperanza, seguro y agradecido por saber que puedo contribuir un poco al desarrollo
de la dignidad humana de los nigerianos. También me alegro de que el Seed
Centre esté contribuyendo al bien del pueblo, no sólo a nivel económico
o de cara al futuro sino ya desde ahora.
La brújula cotidiana
Los amigos de CL me han propuesto un modo de vida que he hecho mío, que
se ha convertido en la “brújula” para todo lo que hago y vivo.
También he descubierto que una cosa es dar dinero de forma asistencial
y otra es formar a una persona. Trabajando con ellos he aprendido a amar y a
colaborar con esta formación del hombre de la que soy beneficiario. Por
eso puedo proclamar con la cabeza bien alta, si bien lleno de limitaciones: «¡Yo
soy un hombre!».
Compartiendo la vida y la educación que he recibido con los estudiantes,
agradezco al Misterio los pasos que van dando y contemplo cómo se enciende
la llama y sigue su curso hasta hacerse una fogata. Con estos amigos puedo decir
con certeza que nuestra sociedad, que Nigeria, progresará seguro.