Medicina
y persona Congreso de enfermería en Milán
Curar y cuidar a la persona
Medicina y Persona reúne
a más de cuatrocientos enfermeros: «Nuestra
tarea es buscar el bien que aflora incluso en una circunstancia difícil
como es la enfermedad y ayudar a verlo a quien sufre»
Andrea Costanzi
El código deontológico del enfermero dice que su responsabilidad
consiste en «curar y cuidar a la persona». Se trata de dos aspectos
profundamente distintos: el primero es una prestación; el segundo, una
preocupación. Florence Nightingale, fundadora de la enfermería
moderna, señalaba la necesidad de una preparación científica,
pero estaba convencida de que la ciencia por sí sola no basta para llegar
a ser una buena enfermera. Cuatrocientos enfermeros reunidos en el congreso de
la Asociación Medicina y Persona del pasado mes de abril en Milán
se planteaban la cuestión fundamental sobre su misión bajo el título: «¿Es
todavía posible “cuidar”? La enfermería y el contexto
sanitario». Lo de “todavía posible” se refería
a la dificultad de la situación actual, pero los trabajos revelaban que
el problema es sin lugar a dudas el del sujeto, la persona y su motivación
para desempeñar una profesión que le pone en contacto con la miseria
y la fragilidad del cuerpo, y que provoca cada vez más el fenómeno
burn out, el agotamiento de las razones: se empieza con una gran disponibilidad
y dedicación, y se termina agotado psicológicamente.
Mientras persigue potenciar el aspecto de la cura, el mundo científico
parece no darse cuenta de que «el enfermero no es un pequeño médico»,
como afirma provocativamente Giancarlo Cesana, catedrático de Medicina
del Trabajo en la Universidad Milano Bicocca. «El límite físico,
la enfermedad, cuestionan el sentido positivo de la vida. El sentido de la vida
que el enfermero tiene le permite no desanimarse ante el enfermo, al que cuida
con una cercanía que el médico ni siquiera puede imaginar. Pero
se debe educar en este significado puesto que no nos lo proporciona la ciencia
sino la tradición que nos transmiten hombres que dieron su vida para asistir
a los enfermos». ¿Es esto lo que todavía hoy se le pide a
un enfermero? «El paciente, aparte de una capacidad técnica –continúa
Cesana– busca las cualidades humanas del enfermero, alguien en quien confiar,
una persona preparada para acompañarle a través del camino plagado
de dificultades en el que se encuentra. La tarea del enfermero es buscar el bien
que aflora incluso en una circunstancia difícil como es la enfermedad
y ayudar a verlo a quien sufre. Es el profesional de la esperanza».
Instrumentos de gran utilidad
En Italia hay cinco enfermeros y seis médicos por cada mil habitantes.
La capacitación profesional del enfermero (todavía mayoritariamente
mujeres) pasa hoy por la universidad (una diplomatura de tres años y,
en algunas universidades, una especialización de dos años más)
y por la puesta al día obligatoria ECM (Educación Continua en Medicina),
mientras el trabajo está cada vez más marcado por protocolos.
Las diferentes sesiones del congreso se centraron en dos instrumentos de gran
actualidad en el campo médico y de la enfermería: la Evidence Based
Nursing (EBN), es decir, la ciencia de la enfermería basada en la evidencia
aportada por las estadísticas; y, en segundo lugar, la organización
de estructuras sanitarias concebidas como ayuda y no como obstáculo para
los profesionales.
«
El EBN es un instrumento muy útil –afirmó Felice Achilli,
cardiólogo y presidente de Medicina y Persona–, pero la fuente de
todo es la persona que trabaja con pasión. La relación con personas
que tienen una razón para desempeñar su labor y testimonian la
pasión por lo que hacen suscita en el enfermero el amor por su profesión.
De lo contrario, ¿de qué manera se podría cuidar de un paciente
psicótico que rechaza el tratamiento pero pretende curarse?».
Palermo y Bolonia:
dos ejemplos
El ISMETT, Instituto Mediterráneo de Trasplantes y Tratamientos de alta
especialización de Palermo, nace como un proyecto de experimentación
organizativa entre la Universidad de Pittsburgh y la Región de Sicilia
con la intención de limitar los “viajes de la esperanza” a
los hospitales del Norte de Italia y crear un centro de excelencia. Está dirigido
por un administrador clínico, una directora sanitaria que es enfermera,
de la que depende directamente Carla Tozzi, que intervino en el congreso para
explicar cómo se puede gestionar un hospital poniendo al paciente en el
centro de toda acción y garantizar altos niveles cualitativos de curación
y asistencia.
En el departamento de Quimioterapia del Hospital Rizzoli de Bolonia se tratan
los sarcomas óseos. A pesar de no ser un departamento pediátrico,
hay muchos niños entre los enfermos. Cristian Forni, enfermera profesional,
relata la jornada de un enfermero “creativo”: «Empezamos visitando
todas las habitaciones. Después hacemos la visita médica, administramos
la quimioterapia, cambiamos los goteos, enseñamos a las madres a manejar
los catéteres venosos y damos de comer a los peces del acuario que tanto
gusta a los pequeños. También nos ponemos en contacto con famosos
para que vengan a animar a los niños (deportistas o artistas, por ejemplo).
Hacemos más acogedora la planta pintando las paredes. IKEA ha regalado
la cocina para las madres: preparan pizza juntas y cocinan la pasta a su gusto.
El 61% de nuestros pacientes engorda durante su ingreso y sólo el 7% pierde
peso. En los demás países europeos no dan crédito ante este
dato. El paso siguiente es redactar un informe (he aquí la utilidad del
EBN: partir de la experiencia y analizarla, ndr), como hicimos, por ejemplo,
con la experiencia de los catéteres intravenosos (las infecciones disminuyeron
del 11 al 6%, porque raramente una madre se olvida de lavarse las manos antes
de tocar el catéter de su hijo). Aunque lo más útil ha sido
facilitar que los jóvenes puedan continuar sus estudios incluso cuando
el tratamiento dura más de un año. No sólo en primaria y
secundaria, sino también en bachillerato, con el sistema de créditos
formativos».
El Rizzoli constituye un buen ejemplo de que se puede mejorar el propio puesto
de trabajo sin esperar que sean otros quienes lo hagan. Lo confirmaron los administradores
que en su intervención explicaron cómo al tener un objetivo común,
la organización funciona al servicio del profesional (y lo educa) y del
paciente. Los profesionales de la esperanza ya son una realidad.