Comienza
el CLU en Moscú
Ese
grupo de amigos de la Universidad Humanística
Agata, Maia, Liuba, Roman y los demás, profesores,
estudiantes y conocidos. Desde los primeros encuentros a la participación
en el Meeting de Rímini, desde
la Escuela de comunidad a las vacaciones. Nace el CLU en el ateneo moscovita
Elena Mazzola
Elena trabaja en la Universidad Humanística, una de las mayores
universidades moscovitas, en donde desde hace años enseña italiano.
Oksana busca trabajo, le gustaría enseñar francés en la
universidad. Le ofrecen un puesto... ¡en la Universidad Humanística!
Y a continuación yo: faltan profesores de inglés. Me contratan.
Finalmente llega don Paolo: estaría bien proponer un curso sobre El
Sentido Religioso. ¡Adelante! Ya somos cuatro trabajando en la universidad.
Moscú es algo más que una gran ciudad. Tiene once millones de
habitantes, según los datos oficiales, pero en el metro parece que hay
muchos más. Todo parece lejano e inalcanzable. Se va corriendo a todas
partes, hace falta mucho tiempo para reunirse y además los ritmos de
la vida universitaria son apretados. Nos vemos poco en la universidad, y siempre
a la carrera. Nos cruzamos en el cambio de clase, y en esos breves momentos
querríamos decirnos todo. Sin embargo, no podemos limitarnos a vernos
solo en estos breves momentos o en las vacaciones, no bastan los sms, y la
Escuela de comunidad no puede permanecer como un espacio de tiempo recortado
en el caos: la amistad entre nosotros es para todo, es acerca de todo, tiene
que ver con toda la vida. Algunos empiezan a intuirlo. Agata nos cuenta: «Cuando
estoy sola y hago algo, sobre todo algo difícil, me vienen a la cabeza
las letras de las canciones que hemos aprendido, me hacen compañía».
Y Maia: «Estoy aprendiendo a mirar las cosas desde otro punto de vista:
el del destino y el de Dios». Dice también Liuba: «Nos pidieron
en la universidad hacer un trabajo sobre la clonación en el que al final,
cosa inusitada, el profesor nos pedía nuestra opinión. Empecé a
escribir y, no sé cómo, porque hasta hace poco tiempo no lo habría
hecho, tuve el valor de hablar de mí misma y comencé así:
yo soy cristiana...». Éstos son solo algunos de los chicos del
CLU.
Pero retrocedamos un poco en el tiempo.
Septiembre 2002 En Moscú existe ya un diminuto grupo de universitarios,
alumnos de Elena, amigos de amigos. Algunos frecuentan nuestros encuentros,
otros han venido a las vacaciones.
Una tarde les invitamos y les propusimos vivir una amistad cristiana en la
universidad. Hablamos del deseo de felicidad del hombre, de cómo éste
es maltratado por todos y de cómo, por el contrario, es grande y digno
para nosotros. Dijimos que nosotros vivíamos por un ideal, Cristo, y
que esto respondía al grito de nuestro corazón. A Liuba, Iulia
y Vera se les iluminó el rostro. Yo, sinceramente, no me lo esperaba.
En el primer encuentro vimos la película El evangelio según san
Mateo, de Pasolini. Después escribimos algunos manifiestos para invitar
a compañeros de curso a la Escuela de comunidad. Entre tanto, llegaron
refuerzos de Milán, cuatro estudiantes de la Universidad Católica:
estudiaban siempre juntas en la universidad y su amistad enseguida se volvió contagiosa.
Empezamos reunirnos para tener la Escuela de comunidad sobre El sentido religioso
y sobre Los orígenes de la pretensión cristiana.
Agosto 2003 Algunos van al Meeting a trabajar y en septiembre Roman, Liuba,
Natasha y yo participamos en el Equipe del CLU en La Thuile. Y después,
la sorpresa de poder visitar a don Giussani, que quiso saber todo de nosotros
y nos volvió a decir cómo amaba a Rusia. Me acordé de
lo que me había dicho un año antes: «Por una parte os envidio,
porque lo que hacéis vosotros allí me gustaría hacerlo
a mí, pero por otra no os envidio, porque en lo más importante,
que es dar gloria a Dios, puede contribuir cualquiera», y de todo lo
que había venido después. Volvimos a casa con una certeza mayor.
En Moscú nos esperaba Alex. Esta vez los refuerzos venían del
sur, de Bari.
Septiembre 2003 Decidimos empezar el curso pasando tres días juntos.
Estábamos un poco dudosos al principio, después nos sorprendió la
hospitalidad de algunos amigos ortodoxos que nos ofrecieron una casa preciosa
en Pereslavl Zalessky, una de las ciudades más antiguas y ricas de historia
de Rusia, rodeada por un paisaje maravilloso. Fuimos veinticinco personas de
Moscú, Natasha y Katja de San Petersburgo, cinco amigos de Vladimir,
Alex y Chiara, que había venido de Trieste y que junto con Katja nos
enseñó un montón de canciones.
El tema de las vacaciones era “Vivir la realidad”. Para algunos
de nosotros las condiciones no son fáciles. Masha trabaja para pagarse
la universidad y vive a casi dos horas de Moscú. Tiene muy poco tiempo
libre. «Me encantaría ir a las vacaciones, pero, ¿cómo
puedo hacerlo? Me encantaría ir siempre a la Escuela de comunidad, pero, ¿cómo
puedo hacerlo?». Pero al final consiguió organizarse, y en las
vacaciones sus preguntas fueron el punto de partida: ¿qué buscamos
en lo que hacemos todos los días? ¿Qué esperamos del estudio,
del trabajo, de los amigos? Fueron unos días llenos de provocaciones
y de amistad. Una nueva semilla.
Septiembre 2003 Al volver a la universidad nos zambullimos en la vida frenética
de siempre. Tenemos la Escuela de comunidad los viernes. Por lo menos una vez
al mes vamos a Vladimir a estar con nuestros amigos Roman y Tanja. A finales
de octubre llegó a Moscú don Paolo. Retomamos el trabajo sobre
El Sentido Religioso e invitamos a nuestros nuevos alumnos. ¿Por qué no
hacer un curso? ¡Tenemos hasta el profesor! De esta forma conocimos a Lev,
que tenía muchísimas preguntas, y que fue el primero en inscribirse
a las vacaciones de invierno.
Febrero 2004 Las vacaciones de febrero eran para algunos una tradición.
Este año nos separamos de los adultos. Nosotros solos, vacaciones “estudiantiles”,
o mejor dicho, del CLU. Febrero es periodo de vacaciones para los estudiantes,
y pudimos estar cuatro días juntos. Éramos un grupo estupendo de
amigos: Liuba, Roman, Tanja, Oksana, Katja, Natacha y Vera. En la asamblea final,
Yura, que participaba por primera vez, intervino: «Me que quedado asombrado,
estoy contento de haber conocido a gente que cree de verdad en lo que yo creo; ¡no
me lo podía ni imaginar!». Y también Lev, de vuelta a casa: «Es
razonable seguir estando con vosotros después de estas vacaciones aunque
no comprenda todo lo que decís; es razonable porque corresponde con mi
corazón».
Marzo 2004 Elisa había llegado hacía poco desde Milán, y
se quedaría hasta finales de abril. Se implicó enseguida en la
relación con Liuba, Sasha, Lev y Vera y propició el primer intento
de acción caritativa, consistente en la limpieza cada tres semanas de
la sede. Y es que queremos ser educados en la verdad, queremos aprender, queremos
vivir el movimiento. Nos interesa todo: nos dicen que hay una exposición
bonita de Chagall, vamos a verla. Llega Anna que ha escuchado muchas veces a
don Giussani explicar La Anunciación a María, le pedimos que nos
la lea.
Liuba introduce el encuentro: «Don Gius ha recomendado siempre leer este
libro... desde los comienzos del movimiento».