España
Los españoles acudirán a las urnas para elegir a los parlamentarios
europeos todavía determinados por los atentados del pasado 11 de marzo
y por el vuelco político que ha provocado el terrorismo islamista. El
PSOE ganó las elecciones generales porque más de dos millones de
votantes hicieron responsable de los muertos de Atocha al Gobierno de José María
Aznar, en una clásica operación de transferencia de culpa. Los
comicios del próximo mes de junio se entienden, sobre todo, en clave interna.
Si el PP consigue un buen resultado verá respaldada la interpretación
que viene haciendo de los resultados de las elecciones generales: el triunfo
socialista fue consecuencia de las extraordinarias circunstancias en las que
se votó. Si no lo consigue tardará mucho tiempo en “reinventarse” para
hacer oposición. España es un país en el que no hay casi
euroescépticos, pero la cuestión sobre cómo se debe realizar
la construcción europea ni preocupa ni interesa a la mayoría de
la población. La Unión es percibida, sobre todo, como una fuente
de ayudas que han contribuido a igualar durante los últimos años
nuestra renta media con la de nuestros socios. Se considera una fatalidad que
la ampliación vaya a reducir esas ayudas. Pero nada más. La redacción
de la Constitución ha generado cierto debate pero muy alejado de la mayoría
de los votantes. Los socialistas que ahora gobiernan se sienten muy cómodos
con el borrador de Constitución que ha ido madurando porque se identifican
con el reglamentismo, estatalismo y laicismo del texto preparado por Giscard
D´Estaing. El Partido Popular, mientras estuvo en el Gobierno –sobre
todo por un empeño de Aznar– batalló por una mención
al cristianismo en el texto. Seguramente el carácter democratacristiano
de su cabeza de lista, Jaime Mayor Oreja, hará que no se olvide todo el
trabajo de Aznar. Pero al partido de centro-derecha le falta interés y
vocación para oponerse a los socialistas que en Bruselas y Estrasburgo
se sienten muy identificados con las corrientes laicistas y con esa “sensibilidad
francesa” tan alejada del espíritu de Schuman y de Monet.
Fernando de Haro