Difundir
la cultura
Libros
para crear un lugar ecuménico
La Biblioteca del Espíritu continúa desde
1993 en Moscú el trabajo que había comenzado el padre Scalfi:
imprimir y enviar, incluso a los lugares más lejanos del país,
textos indispensables para una mentalidad cristiana
Jean-François Thiry
El Centro cultural Biblioteca del Espíritu nació en 1993
en Moscú en circunstancias culturales y religiosas muy distintas de
las actuales: los libros de carácter religioso eran entonces una rareza,
objetos codiciados en una atmósfera que sería definida enseguida
como de “boom religioso”. Los pocos miles de Biblias reimpresas
en 1988 con ocasión del milenario del Bautismo de Rusia no podían
seguramente satisfacer la sed de las generaciones salidas del vacío
espiritual impuesto por la dictadura de Estado. En este contexto, los recién
elegidos obispos católicos pidieron a Russia Cristiana que fundara un
centro para la impresión y distribución de textos religiosos
para ayudar a estas nuevas generaciones, dirigir su búsqueda y sostener
la reconstrucción de las estructuras parroquiales católicas dentro
de las nuevas diócesis. «Fundar» no es quizá el término
exacto: se trataba sobre todo de continuar en Moscú el trabajo que el
padre Scalfi hacía ya desde hacía treinta años en Italia,
en Russia Cristiana, imprimiendo y enviando a Rusia textos indispensables para
sostener una mentalidad cristiana bajo el régimen soviético.
La perspectiva nueva que se abría comportaba un montón de desafíos:
desde poner en pie una estructura estable en el ambiente de far west de los
años de Yeltsin a la elección de colaboradores que compartiesen
ideales y métodos. En estos diez años se han publicado más
de ochenta títulos, como El rostro del hombre, El Sentido Religioso,
La Anunciación a María, Miguel Mañara, los Coros de la
Piedra, la Historia de la Iglesia de Lortz, el Catecismo de la Iglesia Católica
o la colección de teología católica Amateca.
Un verdadero placer
difundir ciertos libros
La elección de libros a distribuir ha representado un paso decisivo
para aclarar nuestra propuesta cultural. A medida que la situación social,
económica y cultural en Rusia se iba estabilizando progresivamente,
el Centro empezó a contar con ediciones aparecidas en otras editoriales
para insertarlas en nuestro catálogo de libros. Fue estupendo constatar
que se publicaban autores como Péguy, Dobraczinski, Moulin, Eliade,
Dawson... y un verdadero placer difundirlos. Con esta finalidad organizamos
un programa de venta de libros por correo que presentase lo mejor de las ediciones
católicas y ortodoxas, destinado en primer lugar a llegar a las regiones
periféricas de Rusia, donde no llega el sistema de distribución.
Al principio, una parte importante de la actividad del Centro fue de tipo caritativo:
se regalaban libros para formar bibliotecas estatales o parroquiales, para
sostener la labor pastoral de sacerdotes que trabajaban en prisiones u orfanatos.
Después nos dimos cuenta de que era importante también introducir
estos libros en los circuitos del mercado editorial y hacerlos circular a través
de canales diocesanos y parroquiales: vender tenía un valor misionero,
no solo porque los ingresos eran necesarios para sostener la estructura, sino
porque de esta forma podía llegarse a un público mucho mayor
y trabajar de forma más profesional y sistemática dentro de la
sociedad civil.
Poco después tuvimos que descentralizar nuestra oficina moscovita: encontramos
socios en otras ciudades de Rusia y de la antigua Unión Soviética.
De esta forma han nacido nuevos centros ligados a nosotros en Novosibirsk,
en San Petersburgo y en Minsk, a los cuales hemos regalado un capital base
de libros para empezar y ofrecido una colaboración estable para ayudarles
a levantar su pequeña obra: crear puestos de trabajo y participar en
la formación de una mentalidad cristiana en la sociedad.
Interés por la tradición católica
Rusia es un país de tradición ortodoxa en el que la Iglesia católica,
presente desde hace siglos, no ha alcanzado nunca una relevancia numérica.
Además estuvo formada siempre por extranjeros presentes por motivos
diversos en sus territorios (desde los polacos y lituanos englobados con sus
tierras en el imperio de los zares a los alemanes enviados por Catalina la
Grande a poblar el fértil valle del Volga, o los franceses, ingleses
e italianos llamados en calidad de arquitectos, hombres de cultura, etc...),
y por una exigua minoría de intelectuales y nobles rusos. Y sin embargo
en Rusia ha existido siempre un fuerte interés por la riqueza de la
tradición católica, y en muchos ortodoxos, en particular, se
abre camino cada vez más la conciencia de que es necesario reconocer
una unidad ya existente a la que convertirse juntos, profundizando cada uno
en la propia tradición a través de la compañía
del otro. Por este motivo, hemos asumido la tarea de dar a conocer la tradición
católica y de aprender con simpatía de la tradición ortodoxa.
En estos diez años de actividad, son numerosas las iniciativas que ha
realizado el Centro, en primera persona o en colaboración con otras
entidades. Se podría citar la exposición fotográfica “De
la tierra a las gentes” que, a través de la Biblioteca del Espíritu,
ha llegado desde Rímini a más de treinta ciudades de Rusia y
de Bielorrusia; o el ya tradicional “Bazar del libro”, que tiene
lugar una vez al año en una de las dos iglesias católicas de
Moscú (en un día se despachan alrededor de tres mil ejemplares),
en el que hemos implicado a varias editoriales cristianas, que con este motivo
presentan sus propios libros y los venden con descuento; o un proyecto teológico
importante en el que estamos trabajando junto con entes oficiales como la Enciclopedia
ortodoxa rusa y la Comisión teológica del Patriarcado de Moscú para
la publicación de una colección de obras de la teología
cristiana del siglo XX.
Un nuevo espacio
en el centro de Moscú
Pero el proyecto más comprometido en el que estamos trabajando, y ciertamente
el desafío número uno para nuestra obra, es la ya próxima
apertura, en pleno centro de Moscú, de un nuevo espacio cultural compuesto
por una librería y una sala para encuentros, exposiciones, cineforum,
etc..., con un pequeño espacio de bar en el que sentarse a charlar.
Nos veremos obligados a lanzarnos “sin red” y a medirnos con las
leyes del mercado, con la inflación de propuestas más o menos «culturales» ya
existentes en Moscú. Nuestra apuesta es que lo conseguiremos en la medida
de la verdad y de la sinceridad de nuestro deseo misionero, que se identifica
con la aventura de nuestra compañía. Y diez años de experiencia
nos lo testimonian.