Medicina
y Persona Una ayuda para la vida
Un
fin de semana en Benasque
Algunos
médicos, enfermeros y personal sanitario que comparten el interés
por la persona organizaron unos días de esquí para tener
la oportunidad de dar los primeros pasos en lo que, con el tiempo, será el
grupo de Medicina y Persona en Cataluña
Alex Brenchat
Es
sorprendente lo que está sucediendo entre nosotros
desde que Eli, una médico de Barcelona recién licenciada, conoció a
través de unos amigos a Inma, una neuróloga que también
trabaja en nuestra ciudad. Viendo la necesidad de ayudarnos a vivir a fondo
nuestra profesión, enseguida surgió una amistad que se ha extendido
a todo un grupo de estudiantes universitarios de la rama sanitaria de Barcelona.
Ante la profesión y sus fatigas
Durante las prácticas o el trabajo en los hospitales, es doloroso constatar
la tendencia generalizada a descuidar el trato con el paciente, con la persona
que tenemos delante. No se puede culpar a nadie de que esto suceda. Cuando
empezamos a ejercer todos tenemos ganas de hacer bien las cosas, de disfrutar
de nuestro trabajo y de dar un buen servicio. Sin embargo, las condiciones
de trabajo no son siempre satisfactorias y ante la enfermedad experimentamos
todos nuestros límites. En particular, la percepción de que ninguna
respuesta es suficientemente adecuada para explicar o acompañar el sufrimiento
a menudo hace que la distancia con el paciente sea el escudo más utilizado
para censurar la provocación que supone esta realidad cotidiana.
Ayudarse en lo que vale
Acostumbrarse a esta distancia es quedarse a mitad de camino del desarrollo
de nuestro trabajo y de la relación con el enfermo. Pronto nos dimos
cuenta de que, para salir de esa nada en la que continuamente también
caemos, necesitábamos ayudarnos a comprender el valor de cada persona
y de nuestro trabajo, a recuperar con esperanza una visión adecuada
sobre todo lo que nos sucede. Por este motivo, decidimos vernos periódicamente
en Barcelona: cenamos juntos, hablamos de lo que nos preocupa, leemos algunos
textos o cartas que pueden ser de ayuda para todos. De esta manera, se va consolidando
una amistad que cada vez es más constitutiva del camino profesional
y humano, porque tiene que ver con el significado de todo.
Milán, Madrid, Barcelona
Conocíamos ya la existencia de la Asociación Medicina y Persona
en Italia e Inma nos había hablado de sus amigos de Madrid, que participaban
de la misma experiencia. Conscientes de que formamos parte de una historia
más grande y con el deseo de conocerla mejor, decidimos organizar unos
días de esquí juntos en el valle de Benasque, en los Pirineos.
Nos fuimos en el puente de San José, quien por cierto, se portó “de
fábula” regalándonos unos días preciosos con unas
condiciones climatológicas óptimas. Fue conmovedor el cuidado
con que preparamos el encuentro. Con asombro reconocimos que todo sucedía
con una naturalidad y una belleza que excedía, sin ninguna duda, cualquier
cálculo previo. Todo estaba preparado de forma providencial para que
nos pudiésemos conocer.
Una convivencia fundada
El viernes por la noche llegamos de Barcelona. Los madrileños nos estaban
esperando y nos habían preparado una estupenda cena. Al día siguiente,
hicimos una excursión con raquetas de nieve por los valles del Hospital
de Benasque, cantamos mucho junto con Manoli y volvimos la mar de contentos
de pasar el día juntos. A lo largo del día el rezo del Angelus
y la misa nos hicieron presente el origen de la amistad que teníamos
delante como un bien indudable. Antes de cenar, pudimos comentar juntos una
conversación de Giancarlo Cesana sobre Medicina y Persona. Los que habían
participado en algún encuentro o vacaciones de la asociación
nos contaron lo que había supuesto para ellos y nos planteamos la posibilidad
de ir juntos a las vacaciones en la Thuille que se proponen para este verano.
Presencia y amistad
Se hizo patente que la propuesta que se nos hace no es algo sentimental y pasajero,
sino todo un camino de una consistencia y belleza extraordinaria para nuestro
desarrollo personal y profesional. Al día siguiente algunos pudimos
subir a esquiar. Fue tan bonito que nos temblaban las piernas por el cansancio
y no queríamos parar ni a comer. Ignacio repetía que nunca había
disfrutado tanto esquiando. Las condiciones eran de nuevo extraordinarias,
pero más todavía lo es la amistad que nos une. Pudimos admirar
en silencio la belleza de las montañas, reconociendo agradecidos que
Aquel que nos las pone delante es también el que se hace presente en
esta compañía.