Encuentros
Una escuela cotidiana de libertad
La primera experiencia política en el Movimiento Popular, la
elección en el Parlamento Europeo y, actualmente, en el ejercicio
del segundo mandato como Presidente de la Región de Lombardía. «En
todas las decisiones importantes que tenía que tomar no me contentaba
con “una” opción,
quería “la” opción»
Roberto Formigoni
Sin un juicio sobre sí mismo y sobre la realidad el hombre es impotente;
sin este juicio de valor, el hombre avanza inseguro. Carece de certeza
y, por tanto, procede sin rumbo, sin capacidad real de construir.
Justamente en este sentido, conocer el movimiento fue determinante para
mí y me guió constantemente para profundizar y articular
orgánicamente este juicio que iba haciéndose también
mío.
Un tramo del camino
Ya de universitario, por ejemplo, en virtud de ese encuentro y del juicio
que conllevaba, decidí cambiar de Facultad, es decir, de perspectiva
de vida y de trabajo. Me había matriculado en Ingeniería
por unas razones muy válidas: la fascinación por mi padre
que era ingeniero; una notas excelentes en las asignaturas de Ciencias;
una perspectiva de trabajo segura y prometedota. Sin embargo, todo esto
no suponía un auténtico juicio para mí (aunque, desde
el comienzo, quien me guiaba me señaló algunos factores
más). Un juicio auténtico es aquel que corresponde a ese
haz de luz sobre mí mismo y mi futuro, y esto fue lo que entró en
mi vida con el movimiento. Cuando el encuentro llegó a iluminar
de manera irresistible lo que yo era y cómo podía servir
al mundo, me cambié de Facultad. Fue un punto de no retorno en
mi camino.
En todas las decisiones importantes que tenía que tomar advertía
la necesidad de comprender a fondo cómo estaban las cosas; no me
contentaba con “una” opción, quería “la” opción;
no quería simplemente aprovechar la ocasión, buscaba razones
adecuadas para una opción concreta.
Sin haberme distanciado nunca del movimiento, sin embargo tuve la oportunidad
de encontrarlo repetidas veces. He tenido la suerte de volver a vivir
el encuentro original.
Me acuerdo perfectamente del primero, con 14 años. Pero recuerdo
de la misma manera, el segundo, el tercero, el cuarto... Fueron puntos
firmes, evidencias cargadas de emoción como la primera, de los
que puedo recordar, como san Juan, el día y la hora. De manera
especial, algunas conversaciones con don Giussani me marcaron a fuego
con una novedad que me aferraba y cambiaba la vida, a veces con dureza
y dolor.
Vista desde arriba
Me pasaba igual que a aquel que nunca ha subido a la montaña y
mira el mundo desde abajo; un día sube hasta los 3.000 metros y
de repente lo ve todo de otra manera; al cabo de un tiempo, sube a un
avión y mira el mundo desde los 10.000 metros de altitud; luego,
se le ofrece la oportunidad de un viaje al espacio...
Estos encuentros me han ensanchado siempre el horizonte: cada vez he visto
la realidad y me he visto a mí mismo más profunda y adecuadamente.
Y así uno crece en libertad y en conciencia, porque el encuentro
con Cristo genera libertad y capacidad de conocer la realidad. Lo cual
ha determinado mi vocación histórica: desde la experiencia
del Movimiento Popular, a mitad de los 70, a mi primera candidatura política
al Parlamento Europeo en Estrasburgo, en 1995, y la Presidencia de la
Región de Lombardía... Cada vez he querido comprobar si
esa era “la” vía a recorrer y siempre el movimiento
ha sido factor esencial de claridad sobre mi persona y la realidad en
la que esta se inserta, permitiéndome elegir con plena conciencia
y libertad extrema.
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