cartas

a cargo de MARÍA PÉREZ
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RUSSIA
Cumplir los deseos

Querido don Giussani: Me llamo Natacha y vivo en Moscú. Este año he trabajado mucho (soy logopeda en una escuela infantil y por la tarde trabajo dando clases particulares). Me gusta mi trabajo, me gustan los niños, pero durante el curso a menudo me preguntaba: «Señor, ¿qué más hay en mi vida a parte de mi trabajo? Sí, yo lo hago por Tu gloria, pero muchas veces no tengo tiempo para estar con los amigos, ir con ellos al cine, al teatro, a divertirme. ¿Qué debo hacer con todos mis deseos? ¿Por qué uno siempre quiere tener una vida más plena que la que lleva en ese momento?». En un determinado momento comprendí que no podía más, pero al mismo tiempo sabía que lo único que debía hacer para cumplir mis deseos era permanecer fiel a Él, amarLe. Quería contar el regalo que el Señor me ha hecho como respuesta a mi petición. Este verano mis amigos me invitaron al Meeting y a las vacaciones internacionales en La Thuile. Me quedé atónita cuando vi en la misa de apertura del Meeting a 3.000 personas que tenían una sola aspiración. Después, trabajando en el Meeting conocí a muchísimas personas alegres, enamoradas las unas de las otras. Al principio tenía envidia porque allí son muchos, y es más fácil para ellos cuando están juntos. Nosotros en Moscú somos 40 ó 45 y la mayor parte del tiempo estoy sola. Después comprendí que no es importante cuántos seamos: 3.000 o sólo 2, si tenemos conciencia de por qué estamos juntos. En Italia, gracias a la asociación Familias para la Acogida, viví con la familia Biondi y después en casa de una amiga en Milán. También esto fue como una revelación para mí. En Rusia, los jóvenes se casan muy pronto, y después se divorcian enseguida o viven un matrimonio civil, dispuestos a escapar en cualquier momento. Mi hermana ahora vive con su tercer marido. Nunca me habían impresionado tanto las relaciones entre marido y mujer, padres e hijos, como las que he visto en las familias de mis amigos. Es evidente que en estas relaciones está presente Otro que te enseña a mirar a tu prójimo, respetar la personalidad del niño, y por tanto a amar con un amor que pide la eternidad. Lo vi sobre todo en las relaciones de mis amigos más jóvenes. Durante estas vacaciones el Señor me ha dado una conciencia más clara de lo que quiere mi corazón y ha respondido a todos los deseos que había experimentado durante este año. No lo creerá, pero allí encontré a todos los que quiero y que no veía desde hacía tiempo: amigos de Portugal, Italia, Bielorrusia, Kazajistán y los que viven lejos de Moscú en otras ciudades rusas. Estuvimos juntos e hicimos cosas estupendas. Es sorprendente cómo ha podido suceder todo esto en un lugar y en un momento así. Mirando a todos los amigos con los que he estado, pensaba: «Qué alegría que todos pertenezcamos a esta historia. Y qué grande es Dios, que ha creado esta historia y esta amistad que rompe todas las barreras». Ahora, cuando me cuesta y no siento Su Presencia, ya no puedo dudar. Y debo pedir al Señor que me enseñe a vivir esta amistad, este enorme deseo de amor siempre en todos los lugares. Le puedo pedir todo lo que deseo. Sé que me responderá cien veces más y de la manera más impensable. Muchas gracias.
Natacha, Moscú

ITALIA
“El” camino

Empezamos juntos la Universidad; y con esfuerzo continuamos juntos hasta la licenciatura (uno en abril, dos en julio); juntos nos inscribimos en la peregrinación a Toronto. Sin embargo, lo que no había separado la borrascosa vida universitaria, lo separó la organización del viaje: tres amigos, tres aviones diferentes, tres fechas de salida y de llegada diferentes. Sólo nos volvimos a ver la mañana del 24; y un afortunado entre nosotros había “ganado” el billete con escala en Madrid (cuatro horas a la ida y ocho a la vuelta); además de llegar el último, también se fue a la cama sin cenar, a pesar de haberlo intentado desesperadamente toda la noche. Un poeta escribió que un imprevisto es la única esperanza, pero para nosotros la situación era la contraria: cada mañana nos levantábamos deseándonos que ocurriera algo previsto. Durmiendo poco y mal, con el estómago medio vacío, o medio lleno de comida que se podía tragar sólo por fe o hambre, nada nos hacía creer que se pudiera verificar algo positivamente memorable; en cambio, esa era nuestra expectativa más grande. Y sucedió. En su discurso de bienvenida, el Papa restableció para nosotros un orden de prioridades en ese revoltijo de hechos que se sucedían vertiginosamente: dijo que a nuestra petición de felicidad el mundo respondía proponiendo muchos caminos, pero él aseguraba que el camino era uno solo. Nos “aguijoneó”: todos los pensamientos que teníamos sobre la elección de trabajo, de la Escuela de comunidad y otras cuestiones que surgen en un momento de la existencia como el que estábamos viviendo, ¿qué son si no el reflejo del deseo de ser feliz? Después pensamos: ¿qué diferencia hay entre hacer una cosa en lugar de otra si no hay una respuesta total? ¿De qué sirve empeñar las energías y la propia libertad, sacrificarse, si no se ve la posibilidad de ser escuchados? Esta posibilidad concreta tiene un nombre: Cristo, ese único camino que esos días para nosotros tuvo como rostro el luminoso testimonio del Papa, o el apoyo concreto de nuestra compañía que, llena de rostros extraños al principio, día tras día fue convirtiéndose en un lugar familiar. Entonces, para nosotros tres el estar separados ya no era un problema como al principio. El encuentro con Juan Pablo II, lo que nos dijo, la ternura y la estima con la que nos miró, la disponibilidad responsable que nos pidió a cada uno de nosotros, nos hizo darnos razones de la historia que nos había conducido a Canadá y había sostenido el esfuerzo de nuestra permanencia. Si una pregunta que busca la respuesta es capaz de mucho, ¿cuánto más nos hará construir la pregunta confortada por la certeza de la respuesta?
Lorenzo, Giovanni y Paolo, Milán

Un fin de semana distinto
Soy una misionera comboniana que vive en África desde hace años. Recién llegada de Sudán a Italia, supe que en un colegio no se celebraba la Navidad porque en clase había un niño musulmán. En cambio, en Sudán, a pesar de haber un gobierno de integristas islámicos, el celebrante al final de las tres horas de misa solemne, felicita además de a los cristianos, a los musulmanes presentes en la celebración. A algunos de estos los conozco en persona: llegan bien pronto para coger sitio, y si, por ejemplo saludo a un matrimonio remarcando que han llegado a la iglesia antes que yo, me responden que no quieren perderse la celebración de la Navidad. Además, al llegar a Italia escuché otras voces muy negativas, y me quedé perpleja pensando que aquí ya nada funciona. Un par de semanas después de estos hechos, mi sobrina me preguntó si quería asistir con ella a los Ejercicios, le respondí que me encantaría, y fui. Hacía tiempo que conocía la existencia del movimiento, pero muy vagamente. Llegué al auditorio y me senté en mi sitio; mirando a mi alrededor comprendí a fondo el gran don que Dios ha hecho a la Iglesia en don Giussani, obrando siempre para suscitar apóstoles que sepan dar un rostro nuevo a su Iglesia. El gran salón estaba lleno de personas de todos los niveles sociales, unidas por un camino cada vez más certero hacia la conciencia de Cristo, hacia una vida más intensa vivida en el día a día en Su Presencia, para comunicarla a cuantos encontremos en el camino en el que Él nos pone. Mi agradecimiento al Dios de todo bien por esta nueva fuerza que es vuestro movimiento en la Iglesia de hoy. Caminad sobre las huellas de Cristo y de don Giussani para ser luz y estímulo de cuantos encontréis.
Carta firmada

Con broche de oro
Con el corazón todavía rebosante de alegría, quiero darles las gracias por las vacaciones que pasé con uds. Fue una verdadera fiesta para el alma por la delicadeza que tuvieron hacia el P. Fabián y conmigo. Ya el viaje en auto desde La Thuile con Javier Restán, Carmen y Manoli fue precioso, entre canciones, repaso de amigos comunes, y el súbito comentario de Javier de la relación con su esposa e hijos, breve y conmovedor, donde pudimos tocar el Misterio hecho carne obrando en ellos el milagro de la comunión, de la misericordia, de la fidelidad gozosa. Gracias por invitarnos a participar de las vacaciones en Formigal, un espectáculo de amigos que ofrecen toda su vida a Cristo y se dejan abrazar por Él. Pudimos compartir desde la pasión por la educación o la familia hasta las confidencias de dolor llenas de esperanza ante dramáticas situaciones familiares y de trabajo. Me impresionó el momento breve del Ángelus por las mañanas para retomar la conciencia de quiénes somos. Las diaconías nocturnas con la promesa del jamón y el “queso del pastor” nos ayudaron a mirar lo que iba aconteciendo, como el contundente testimonio de Carlo: «Cuando encontré a Cristo me descubrí hombre», porque lo puedo suscribir totalmente yo mismo. Se me hizo evidente también otra cosa que él dijo: «Repítanse a menudo: “sin Cristo a éstos no los hubiera conocido nunca”», clarísimo: con uds. allá, acá entre nosotros. El broche de oro lo puso la hospitalidad de Pedro Pablo en su recién estrenada parroquia de Alcobendas. A través de él percibí la rica vida de amistad que existe entre los sacerdotes y sus deseos de vivir a fondo el Movimiento y la relación con Cristo. Con gratuidad conmovedora y gusto por enseñarme la belleza del pueblo español me llevó a conocer “Madrizz” (es decir, Madrid), Toledo, Alcalá de Henares y El Escorial (donde rezamos ante la tumba de Juan de Austria, a quien acababa de descubrir al leer El último Cruzado de L. De Wohl).
P. Miguel

Su gente y su palabra
Querido don Giussani: Este año ingresé en la universidad (estoy estudiando Profesorado en Letras), lo que significó para mí un cambio muy grande. Tuve que dejar mi pueblo (Elisa), mi familia y mis amigos. Cuando llegué a Santa Fe todo era muy distinto; me sentía sola. Pero un día conocí a Laura, que realizaba una ayudantía de cátedra en una materia que yo estaba cursando. Charlamos sobre lo difícil que eran para mí todos estos cambios; ella me propuso su amistad y luego me invitó a Escuela de comunidad. A partir de entonces, mi mirada cambió, porque encontré un grupo de personas extraordinarias que comparten mis intereses y tienen las mismas exigencias que e interrogantes que yo. Desde un principio los chicos de Escuela se volcaron conmigo y no tardé en darme cuenta de que me tomaban en serio y querían compartir lo que ellos vivían. Espero y deseo que todos los jóvenes puedan tener la oportunidad de conocer a personas así y sus palabras, don Gius, que reflejan la historia que yo veo y comienzo a vivir en mi ambiente.
Virginia, Santa Fe (Argentina)

México lindo, Dios te bendiga
El viaje del Papa a México vino a despertarnos a mis amigos y sobre todo a mí. Hace unos meses permanecía un poco dormida frente a su visita, pero gracias a un amigo caí en la cuenta de la importancia que tenía. El clima que se vivía en México unos días antes era de duda, a veces de escepticismo, fomentado por los medios de comunicación: «No habrá lugar, mejor quédese en casa y vea al Papa en la televisión». El Papa no venía a México para “turistear”. Venía por dos razones importantes: la canonización de Juan Diego, que es como decir públicamente que Dios que se encarnó y continúa hoy en la historia está vivo porque actúa; y la beatificación de dos mártires, cuya historia me cautivó. Cada vez descubro más el valor del sacrificio, el valor de Cristo que lo es todo, que es mi vida. Y todos estamos llamados a la santidad. Lo que me movió a invitar a familiares y amigos fue poder participar con el Papa en ese gran grito mudo: ¡Cristo es todo, y si yo estoy aquí es para afirmarlo! Hicimos un viaje cansadísimo en camión. Había gente que había llegado caminando desde su pueblo. Nos tocó estar dentro de la basílica y no me lo podía creer. A las 2:00 a.m. salimos del refugio para hacer la fila y entrar a la basílica, eran las 4:00 a.m. y todavía estábamos afuera; llegó un momento en que me desesperé, pero al escuchar a unas mujeres del pueblo de Cajonos cantar, y viendo que estaban en las mismas condiciones que yo, cambió todo otra vez. Estuvimos cuatro horas esperando la llegada de Juan Pablo II en la basílica. Teníamos una pantalla gigante que nos avisó que el Papa había entrado en el atrio, se oían multitud de voces que gritaban desde afuera llenas de emoción. Cuando apareció en la pantalla me conmoví enormemente. Cuando al fin entró, me quedé muda, solo mirándolo... la gente cantaba. Es evidente que él es un hombre para el cual Cristo es el centro de su vida, es su vida misma. Agradezco a Dios haber podido verle: él ahí sentado a los pies de la Reina y fundadora del pueblo mexicano, que al finalizar todo se despidió con un «México, México, México lindo, Dios te bendiga».
Leslie, Oaxaca

México
Querido José: El corazón se exalta ante la presencia de un hombre verdadero como Juan Pablo II. Pertenecer al Movimiento me hace entroncarme plenamente en la historia del pueblo de Oaxaca y de su Iglesia, vivamente insertada en la de México. El encuentro con el Papa, su presencia, fue una fiesta de la identidad del pueblo mexicano y de las raíces del pueblo de Oaxaca marcadas por Cristo. El pueblo expresó esta coincidencia muy simple y espontáneamente derrochándose en las calles, abarrotando la Basílica, apiñándose frente a los televisores durante los dos días de la visita. Entiendo que nuestro carisma nos centra en el corazón del mundo, de donde brota el deseo de ser felices, plenos, satisfechos. Qué dulce y ligera es la tarea que se nos encomienda por el simple hecho de haber visto, oído, tocado el Misterio del Dios encarnado: ser el inicio del final aquí y ahora ante los ojos de todos.
Lorenzo, Oaxaca

Los otros
Terminé el curso muy cansada, con gran desánimo. En el mes de junio leyendo el cuaderno de los Ejercicios de la Fraternidad me sentí espoleada. En un tiket del supermercado apunté una nota para no olvidar lo que quería escribiros: «Pensaba: alguien de mis amigos de Parla irá a Italia y verá a don Giussani. Decidle que soy Maruja, que le doy las gracias por ser como es, por querernos tanto, por ser un padre con nosotros. Cuando participo en la Escuela de comunidad le escucho a través de las palabras de otros. A través de otros su carisma me alcanza a mí también. Me hace tanta falta seguirle... Ya he experimentado que la vida siguiéndole es más linda, está más llena de esperanza. Este verano he tenido una lucha constante entre hacer lo que yo pienso y amar lo que se me da. Creo que esto es algo así como permanecer enfadada y sentirme irritable y molesta o seguir a Otro.
Maruja, Jaén

La alegría de seguir
Querido don Gius: Hola, me llamo María, tengo 13 años. Mis padres son del Movimiento y mi tío es un gran amigo tuyo, se llama Julián Carrón. Quiero felicitarte por tu cumpleaños: ¡¡MUCHAS FELICIDADES!! Cuando mi madre me dijo que hoy es tu cumpleaños y me propuso que te escribiera, me pareció muy bien. He pensado que me ayudaría mucho escribir a alguien que está tan cerca de Jesús como yo quiero estar. Debe de ser muy bonito estar tan cerca de Jesús toda la vida como tú. Yo participo en el movimiento juvenil con otros amigos de mi edad aquí en Parla (donde vivo). Tenemos amigos mayores que nos ayudan en nuestra amistad y que son del Movimiento. Aunque no tengo la suerte de conocerte personalmente, te escribo... ¿Porqué? Este ha sido uno de los objetivos de mi carta, conocer qué relación tengo yo contigo y por eso me pregunto: ¿Qué me impulsa a mí María Borrero a escribirte a ti Luigi Giussani siendo personas tan diferentes? Que tú eres alguien grande, que ha encontrado lo que muchas personas no podrán encontrar o no querrán (ellos se lo pierden): un amigo, el mejor de los amigos, Jesús. Pero gracias al Movimiento, cada vez son más las personas que siguen a Jesús a través tuyo (espero encontrarme siempre entre ellas) y eso es una experiencia que me impresiona muchísimo.

En resumen, lo más grande que me impulsa a escribirte esta carta es que te admiro, te admiro por tus obras. Desde que yo era pequeña he tenido la oportunidad de crecer en la Iglesia y en Cristo, cosa que muchos otras personas no pueden, pero tú has visto esto y has intentado cambiarlo, en definitiva, te has movido. Creo que ha sido un hecho asombroso, que sólo has podido hacerlo gracias a Otro que se hace presente a través tuyo. Además tú has encontrado algo grande, algo que quieres que todos compartamos: la alegría de seguir a Jesús cada día.
María, Parla

Mirarte es fácil
Querido don Giussani: Doy gracias a Dios por el milagro que tú eres y que ha permitido que yo pueda decirle a Cristo: Señor, te pertenezco. En el transcurso de cada día, al trabajar, ante las personas que quiero, cuando lo que veo no me es inmediato y se agudiza mi deseo de bien para todos los que me rodean, detengo la mirada en mí mismo y me descubro encerrado en imágenes y sentimientos. Entonces, el mirarte a ti, tu existencia y tus palabras, me permite reconocer que Cristo está presente y me solicita a través de la realidad que tengo delante. La memoria de ti y el repetirme tus palabras se convierte - dentro de la circunstancia que vivo - en la ocasión de un nuevo reconocimiento de Su presencia. “Aún viviendo en la carne, vivo de la fe...” Y por eso estoy en paz y mi tiempo se llena de espera. No hay tregua. Es lo mismo que sucedió el día que hablé contigo sobre la vocación. Cuando, a pesar de mi deseo, te hablaba de los muchos ‘peros’ que nacían de mis imágenes, tú no me dejaste continuar y sólo me dijiste: «Eso no tiene nada que ver, adelante». Nunca he experimentado una correspondencia como en ese momento, lleno de esa «certeza inmediata que produce la evidencia indiscutible e indestructible de ciertos factores y momentos de la realidad que, cuando entran en el horizonte de nuestra persona, nos golpean hasta el fondo de nuestro corazón». Comprendí para siempre que la vida consiste en reconocer y aceptar la iniciativa que Cristo toma hacia ti en cada instante, como en ese día. Es un problema de mirada. Y mirarte a ti es fácil. Gracias por todo y felicidades.
Enrique, Madrid

Saboreando brandy
Querido don Giussani: La primera noticia que tuve de ti fue a través de mi profesor de religión, Carras, a los 14 años. En nuestro colegio habíamos “echado” a varios profesores de religión y pensábamos hacer lo mismo con el nuevo. No fue así. Hablaba y vivía de algo interesante. Era un hombre que hablaba de otro hombre. Ese eras tú. Fue la primera vez que el cristianismo me atrajo humanamente. Pronto tuve la ocasión de conocerte físicamente en Madrid. De poner un rostro a ese desconocido del que, sin saberlo, ya conocía mucho. Me eras muy familiar. Con los años, tuve la oportunidad de encontrarme contigo en distintos momentos. Recuerdo cuando en Cobacha te estábamos contando un grupo de universitarios lo que estábamos haciendo. Llegó mi turno y te dije que estaba dedicado a los residuos radiactivos. «¡Residuos radiactivos! !qué interesante¡» comentaste, demostrando un interés más grande que el mío. O cuando en Milán, y antes de que comenzarás una reunión con Vitta, Cesana, Piccinini... en una habitación contigua, te dije que me casaba en septiembre, entregándote la invitación a la boda y una botella de Cardenal Mendoza, ni corto ni perezoso dijiste ¡«Facciamo il primo brindis per il tuo matrimonio!» y todos juntos saboreamos el brandy español. Estos y otros episodios contigo y con el pueblo que ha surgido de tu sí, de tu continuo si al Señor a través de las circunstancias concretas que El te pone delante son motivo de esperanza para mí, mi familia, mis amigos y, de un modo misterioso, para el mundo entero.
Gracias amigo y “tanti auguri”. Ramón, Madrid