Tambores de guerra

La posición de EEUU e Irak ante otro posible conflicto en Oriente Medio. La Santa Sede y el llamamiento del Papa para reanudar el diálogo con esperanza

Visto desde EEUU
El documento sobre la estrategia militar contra Sadam que redactaron Bush y sus más estrechos colaboradores. «En el nuevo mundo en que hemos entrado, el único camino hacia la paz y la seguridad es el camino de la acción». A continuación, los cargos que se le imputan al rais y las luces y sombras de una posible intervención bélica

MARCO BARDAZZI

Más que en la fatigosas resoluciones de la ONU, el destino de Sadam Hussein está en manos de George W. Bush y del documento de 33 páginas con el emblema de la Casa Blanca en la portada, que se difundió el 20 de septiembre. Se titula «La Estrategia Militar Nacional para los EEUU» y el presidente norteamericano ha trabajado en su redacción todo el verano junto a sus más estrechos colaboradores en su retiro tejano del rancho de Crawford. En sus páginas está la clave de lectura para entender cómo actúa y actuará EEUU en el mundo rediseñado tras el 11 de septiembre. El mensaje es sencillo y eficaz, en el estilo directo que le gusta a Bush: no podemos permitir que nuestros enemigos puedan golpearnos, debemos anticiparnos. Sean cuales sean los ritmos y los pasos futuros de la crisis iraquí, la Casa Blanca difícilmente se alejará de este nuevo camino, que suprime los viejos planteamientos de la “disuasión” propios de los tiempos de la Guerra Fría, y pone en manos de las fuerzas armadas norteamericanas y de su diplomacia el instrumento mortal del ataque preventivo.

Derecho a la autodefensa
«EEUU - afirma la Doctrina Bush - actuará contra las amenazas antes de que se planteen explícitamente. No podemos defender América y los países amigos simplemente esperando lo mejor. En el nuevo mundo en que hemos entrado el único camino hacia la paz y la seguridad es el camino de la acción». La Casa Blanca parece decir que el resto del mundo puede discutir si quiere, pero ellos no se quedarán con las manos cruzadas en espera del desastre que se avecina: un ataque con armas de destrucción masiva que haga palidecer incluso al horror del World Trade Center.

«EEUU buscará constantemente el apoyo de la comunidad internacional - escribe Bush en su tratado estratégico -, pero no dudaremos en actuar solos si es necesario, para ejercer nuestro derecho a la autodefensa». En el punto de mira terminarán no sólo las organizaciones terroristas como Al Qaida, sino también los estados que hagan guiños a Osama Bin Laden y compañía. «La coincidencia entre los estados que apoyan el terrorismo y los que apuestan por las armas de destrucción masiva nos impele a actuar».

Si hay algo que Bush no soporta son los juegos de palabras. Incluso en la elaboración de la “Estrategia Militar” quiso revisar en persona los borradores eliminando las partes que se prestaban a interpretaciones ambiguas. El resultado es muy claro para Sadam: «Prepárate, ahora te toca a ti». Pero entre la enunciación de los principios y la acción hay mucho que hacer para convencer no sólo a los aliados (esta vez la mayoría es reticente), sino también a muchos norteamericanos que no comparten respecto a la guerra contra Irak las mismas certezas y la misma resolución que mantuvieron al país como un piña cuando comenzaron las operaciones militares en Afganistán.

Tambores de guerra
La administración Bush trabajó duro durante el verano para preparar la ofensiva verbal contra Bagdad, mientras que el Pentágono calentaba motores. Después, durante todo el mes de septiembre han sonado los tambores de guerra. El discurso de Bush en la ONU el 12 de septiembre, en un clima de inquietud y reflexión vinculado al aniversario del ataque a EEUU en 2001, fue el momento clave de su estrategia diplomática. Pero, ¿qué hay dentro del “dossier Sadam” que lleva semanas abierto sobre el escritorio del presidente en el Despacho Oval? Ciertamente muchas acusaciones concretas, discutibles, pero también una serie de consideraciones inconfesables aunque evidentes para todos.

Los cargos contra Sadam
-LA FALTA DE INSPECCIONES: tras el final de la Guerra del Golfo en 1991, que supuso que EEUU y sus aliados liberaran Kuwait y pusieran bajo estricta vigilancia al rais, Bagdad recomenzó silenciosamente a reconstruir su arsenal. Hasta 1998, la ONU consiguió mantener en el país a sus inspectores para tratar de controlar el desarme, pero desde hace cuatro años, tras su expulsión, nadie tiene una idea precisa sobre lo que sucede dentro de las fronteras iraquíes. Para que el UNMOVIC, el grupo de Naciones Unidas compuesto por 220 expertos de 45 países y dirigido por Hans Blix, pueda reanudar las inspecciones necesitará tiempo: sólo para desplegar el programa de trabajo necesitará 60 días y varias semanas para empezar a producir resultados concretos. No parece que la Doctrina Bush aguante semejantes plazos.

-NUCLEAR: es sabido que desde hace años el dictador iraquí sueña con realizar un artefacto nuclear que le permita tener bajo constante amenaza el área del Golfo. Estuvo a punto de lograrlo y muchos expertos sostienen que sólo un bombardeo de la aviación israelí, que destruyó la central donde estaban trabajando los científicos nucleares de Sadam, frenó efectivamente sus ambiciones. Pero, según los servicios de inteligencia occidentales, Bagdad habría adquirido grandes partidas de uranio de países africanos. EEUU teme que ahora le falten seis meses al régimen para disponer de un artefacto nuclear, mientras que Gran Bretaña - el aliado más seguro de Bush - habla con más prudencia de dos años. Sean cuales sean los plazos, a la luz de la Doctrina Bush EEUU no piensa permitir que un gobierno que en el pasado ha demostrado su conexión con los terroristas - como demostró hace unos meses la muerte del tristemente célebre Abu Nidal, que se refugiaba en Bagdad - pueda tener en sus manos armas nucleares. Pero el debate acerca de las capacidades reales de Irak en este terreno sigue abierto. Muchos científicos sostienen que el programa nuclear de Sadam está definitivamente acabado.

-ARMAS QUÍMICAS Y BIOLÓGICAS: el primer ministro británico, Tony Blair, que asumió la tarea de explicar al mundo las acusaciones que pesan sobre Sadam, incluso en nombre de Bush, sostiene que Bagdad puede emplear armas de destrucción masiva de este tipo 45 minutos después de que lo decida el rais. Los inspectores del UNSCOM, la anterior estructura investigadora de la ONU, lograron hacer destruir al menos 690 toneladas de agentes químicos. Pero los exilados iraquíes y los servicios de inteligencia sostienen que en los últimos cuatro años la producción se ha reanudado a gran escala en los locales secretos de los “palacios presidenciales” (hasta ahora intocables para las inspecciones), en laboratorios móviles y en estructuras subterráneas accesibles sólo a través de pozos invisibles excavados en el desierto. Sadam dispondría del mortífero gas nervino, VX y otras sustancias de efecto inmediato, ya experimentadas sobre miles de kurdos en los años ochenta. Todavía más terrible sería la amenaza biológica: cuando los inspectores dejaron Irak en 1998 todavía faltaban en su lista 17 toneladas de sustancias de cultivo que sirven para producir ántrax y existe la sospecha de que grandes reservas se hallan escondidas en alguna parte del país.

-MISILES: Las inspecciones condujeron al desmantelamiento de 800 misiles Scud (Sadam lanzó unos noventa contra Arabia Saudita e Israel durante la Guerra del Golfo), pero EEUU y Gran Bretaña aseguran que el régimen tiene escondidos algunas docenas en el desierto junto con rampas de lanzamiento móviles. En este tiempo se habrían desarrollado nuevos misiles capaces de alcanzar distancias de 600 Km., muy superiores al límite legal de 150 Km. impuesto por la ONU a Bagdad para su armamento de legítima defensa.

En este escenario inquietante, la objeción que acompaña los tambores de guerra de la Casa Blanca es siempre la misma: «¿Qué hay de nuevo? ¿Por qué la guerra precisamente ahora?». La situación no parece distinta de la de los últimos cuatro años y EEUU y Gran Bretaña no han aportado ninguna “prueba del delito”, que demuestre Sadam se prepara para usar armas de destrucción masiva. Los tiempos de la ofensiva de la Casa Blanca y del Pentágono resultan sospechosos también en EEUU. La oposición democrática ha aprovechado la ocasión para atacar con decisión la política anti-iraquí por boca del ex contrincante de Bush, Al Gore, y también entre las filas republicanas hay quien discrepa.

El Secretario de Estado, Colin Powell, un superviviente de la Guerra del Golfo, aun defendiendo la necesidad de actuar contra Sadam, ha logrado que Bush espere a la ONU, mientras que otros “halcones” como el vicepresidente, Dick Cheney, el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, abogaban por actuar sin demoras. Muchos observadores, sin embargo, opinan que ralentizar la carrera hacia Bagdad en realidad favorece a la Casa Blanca que contaba con atacar después de Navidad. El motivo es simple: detrás de la crisis iraquí proyectan su sombra las inminentes elecciones. El 5 de noviembre EEUU acude a las urnas para una votación muy importante para Bush. Hay que renovar la Cámara, un tercio del Senado y 36 gobernadores de 50. Los equilibrios son inciertos y los expertos no eluden evidenciar un dato que pone a Bush fuera de sí, pero que aparece tremendamente concreto sondeos en mano: si la campaña electoral se centra en la crisis de la economía, la reforma de las pensiones y los problemas que afectan al ciudadano medio en estos tiempos de vacas flacas, los demócratas ganan. En cambio, si los comicios se centran en la amenaza del terrorismo y de “Satán Sadam” (ahora que Osama Bin Laden se ha convertido en un tema tabú pues no se le encuentra), los republicanos esperan arrasar con muchos escaños.

El rais, que para Bush padre e hijo ya es un enemigo de familia, a la postre podría revelarse paradójicamente como el mejor “aliado” electoral del presidente.

Visto desde Irak
¿Cómo reaccionan Saddam y los suyos ante el anunciado ataque norteamericano? ¿Qué pasará con el país y cuál será su futuro? Confederación, desmembramiento o ¿qué? En medio de todo este embrollo, la situación cada vez más dramática de los cristianos iraquíes

CAMILLE EID

Avanza a ritmo acelerado la maquinaria bélica contra Irak. Ya nada podrá detenerla: ni Europa con su oposición o reticencia, ni la perplejidad de los vecinos árabes de Irak, ni el fallido objetivo de crear una amplia coalición contra “el enemigo”. El presidente Bush defiende que el derrocamiento de Saddam se inscribe en la misma lógica estratégica que justificó la guerra de Afganistán, pero no convence a muchos gobiernos que tan sólo hace un año eran uña y carne con Estados Unidos. En la capital iraquí, mientras tanto, muchos saben que la aceptación - ya sea aparente o pragmática - de admitir “sin condiciones” a los inspectores de la ONU no sirve para detener el ataque y que es sólo cuestión de tiempo. Cinco meses como máximo. Los norteamericanos dispondrán de un pequeño lapso de tiempo entre el - esperado - fracaso de la misión de los inspectores de la ONU, que se esperan en Bagdad hacia mediados de octubre, y el inicio del ramadán, el mes sagrado del ayuno, si no quieren provocar otra reacción violenta en el mundo islámico.

“Tutela internacional”
Sin embargo, aplazar la rendición de cuentas a finales de año o a principios del próximo no cambia la suerte del régimen iraquí. A lo sumo, las incógnitas giran una vez más en torno a lo que vendrá después de Saddam y dependen en gran medida del tipo de ataque que se adopte. Un primer escenario plantea una operación militar anglo-americana sin el apoyo de la oposición iraquí, considerada débil y poco fiable tras largos preparativos para el despliegue de al menos doscientosmil hombres. De ahí surgiría una “tutela internacional” sobre Irak como Estado federal. El mantenimiento de la unidad territorial de Irak es una condición que muchos de los países vecinos (Arabia Saudita, Turquía y Jordania en concreto) exigen para consentir a las fuerzas aliadas que salgan de bases afincadas en sus territorios.

Otro escenario prevé, en cambio, un ataque conjunto entre tropas norteamericanas y fuerzas de la oposición kurda y chiíta. El jerife Ali bin al-Hussein, un descendiente de la familia real iraquí, participó en Washington el pasado 9 de agosto en una reunión a la que fueron convocadas otras fuerzas de la oposición, lo cual indica que la opción monárquica no se puede descartar definitivamente. En este caso, podría ver la luz un gobierno de coalición que representara a todos los componentes de la sociedad iraquí, similar al modelo introducido en Afganistán después de la caída de los talibanes, con el papel del jerife como garante por encima de las partes.

Golpe militar
Tampoco pueden excluirse escenarios más terribles, como el de un golpe militar. A lo largo de su carrera política, obviamente Saddam ha procurado barrer con todo, ahuyentando este peligro mediante repetidas purgas y la sustitución de los generales más ambiciosos. Sin embargo, esta hipótesis sigue siendo fundada, como demuestran los contactos entre los ex-generales y oficiales en el exilio para tratar de levantar una junta militar. Con todos los riesgos del caso; el primero, la fragmentación de Irak en diversas entidades confesionales y étnicas rivales, incluyendo un Estado kurdo al norte y otro chiíta al sur.

La comparación con Israel
Sea el que sea el futuro escenario, a nadie escapan los efectos devastadores de una guerra emprendida sin la “bendición” de la ONU. El principio de guerra preventiva, de hecho, permitirá a cualquier otro país legitimar sus aventuras bélicas en nombre de sospechas, pretextos, objeciones o intereses particulares. Por otro lado, sería contraproducente una resolución “firme y decidida” del Consejo de seguridad que demuestre su fuerza en el ámbito político sólo frente a Irak. Saddam Hussein reitera la comparación entre la posición de la ONU en el conflicto de Irak y la del conflicto de Israel después de que el Estado judío decidiera ignorar la resolución 1435, que exige poner fin al asedio de Arafat. En suma, el Consejo de seguridad no puede hacer la guerra a Irak y después hacer la vista gorda cuando Israel no aplica sus resoluciones, so pena de perder toda su credibilidad. Si en lugar de Israel hubiese sido el amo de Bagdad el que afirmara que «esa resolución no será aceptada y nuestra política no se verá influida lo más mínimo», muchos países hubieran superado sus dudas a la hora de sumarse a la coalición anti-iraquí. Y EEUU asume aquí una grave responsabilidad al plantear tan sólo tímidos reclamos cuando las resoluciones se refieren a su aliado israelí.

Los cristianos
¿Qué garantías tienen en este contexto los cristianos iraquíes? La larga presencia de un cristiano, Tareq Azíz, en el círculo del dictador, ha llevado a muchos iraquíes a identificar a los cristianos con el régimen. Ahora, en el caos que se avecina, muchos temen ver abatirse la venganza sobre las diferentes comunidades, que obligaría a muchos fieles a engrosar el número de exiliados que ha abandonado el país en los últimos doce años. Otros temen que los cristianos paguen el precio de una intervención “extranjera”. El precedente de Afganistán, como se ha visto, se tradujo en periódicos atentados y masacres contra los fieles cristianos en el cercano Pakistán. Una comunidad que, según una lógica perversa, se considera la responsable local de los intereses occidentales.

Los más pesimistas afirman que después de la guerra se asistirá a una completa redistribución de Oriente Medio. Los primeros en pagar las consecuencias serán los palestinos, pero inmediatamente después los cristianos, y no sólo iraquíes. La guerra de liberación de Kuwait permitió a Damasco ejercer su poder sobre el vecino Líbano a cambio de su apoyo a los aliados. Numerosos indicios dan a entender que el mismo “bazar” podría repetirse, si se ofreciera a Siria una anexión definitiva del país de los cedros, y a Turquía la ambicionada y rica provincia iraquí de Mosul... en aras de liberar la zona de dictaduras y ocupaciones territoriales.