Contra falsos fantasmas

La financiación pública a las familias para la educación de sus hijos

A finales de junio la Corte Suprema ha decidido que los cheques escolares son una disposición constitucional que permite la asistencia a las escuelas privadas sin violar la separación entre Estado e Iglesia impuesta por la Constitución. La batalla política será encendida. Esperemos que con consecuencias positivas también para Europa...

MARCO BARDAZZI

Será un otoño de batallas en el frente de la enseñanza en EEUU. Políticos, grupos de presión y organizaciones sindicales han pasado el verano estudiando una sentencia de 98 páginas, depositada por sorpresa por la Corte Suprema de EEUU el pasado 27 de junio, el último día de trabajo para los nueve jueves más importantes del país antes de las vacaciones de verano. La sentencia, aprobada después de una atormentada votación llena de consecuencias polémicas por 5 contra 4, ha tenido el efecto de despertar de meses de cansancio y adormecimiento al movimiento americano para las reformas educativas, que se había quedado semi paralizado y estéril después del 11 de septiembre de 2001, observando a un país dedicado a discutir solo de guerra y terrorismo.

La Corte Suprema ha escrito una página en la historia, decidiendo que los cheques escolares son una disposición constitucional, y que financiar con dinero público a las familias para permitir a los hijos asistir a escuelas privadas no viola la separación entre Estado e Iglesia impuesta por la Constitución. Es más, los jueces han sancionado que favorecer la elección del tipo de escuela a la que llevar a los hijos no tiene nada que ver con la religión - aunque la mayoría de los colegios privados en EEUU están en manos de la Iglesia -, y que en cambio tiene mucho que ver con la palabra clave de toda la historia de EEUU, desde los tiempos de la Declaración de Independencia hasta hoy: libertad. Las asignaciones escolares, según los jueces supremos, no ponen al gobierno en la posición anticonstitucional de promover la religión, porque son las familias las que eligen frente a un vasto menú de escuelas públicas, privadas o religiosas.

Listos para despegar
La sentencia de Washington ha puesto rápidamente en movimiento la máquina de las reformas. La Corte se ha pronunciado acerca de un caso específico, el de la ciudad de Cleveland (Ohio), pero las consecuencias de la que ha sido definida como una de las decisiones más importantes de los últimos 50 años en EEUU se dejarán sentir en todo el país. Los parlamentarios de al menos ocho estados - California, Tejas, Colorado, Minnesota, Arizona, Indiana, Virginia y Utah - han pasado el verano presentando proyectos de ley que podrían abrir el camino a los cheques escolares en el plazo de un año o algo más. En Florida, el estado del gobernador Jeb Bush, hermano del presidente de EEUU, existe ya la única legislación estatal que prevé asignaciones para el estudio, pero se trataba hasta hace poco de un experimento. El sello de constitucionalidad impreso por la Corte más autorizada del país hará ahora despegar el programa de los cheques locales. Incluso la Casa Blanca, distraída hasta ahora con Osama bin Laden, empieza a moverse.

George W. Bush había hecho del cheque escolar uno de los caballos de batalla de su campaña presidencial en el 2000, pero en cuanto llegó al poder tuvo que enfrentarse a un Congreso que no tenía la intención de dejarle abierto el camino en este frente, insistiendo en la inconstitucionalidad de la financiación pública a las familias para asistir a escuelas privadas (ahora anulada por la Corte Suprema). El presidente quería dar hasta 1.500 dólares de fondos federales a cada familia que escogiese el camino privado y sacase a sus hijos de escuelas públicas que no diesen resultado. Ahora la idea emerge de nuevo en la Casa Blanca, bajo la forma de una propuesta para el 2003 de deducciones fiscales de 2.500 dólares por familia. Ante a la sentencia del caso Cleveland, Bush ha reaccionado con énfasis: «La Corte Suprema - ha dicho el presidente - ha ofrecido la esperanza de una educación de calidad a los padres y a los niños de todo el país. Esta decisión abre el camino para otros programas innovadores de elección escolar, de modo que ningún niño en América se quede atrás».

Grandes números
La batalla política se espera caliente, y con toda probabilidad se hará eco de las mismas posiciones que emergieron dentro de la Corte Suprema, cuyos nueve jueces reflejan con sus ideas todo el abanico de posiciones culturales que conviven en EEUU. Esto llamará la atención sobre un panorama educativo hecho de grandes números. En el año escolar 1999-2000 había en EEUU 46’9 millones de estudiantes en las escuelas públicas y 5 millones en las privadas. Una grandísima parte de los centros privados está gestionada por entes ligados a la Iglesia católica que, sin embargo, tienen cada vez más dificultad en mantener su presencia (y los grandes daños ligados al escándalo de la pedofilia no están ayudando ciertamente): en 2001 se abrió 50 nuevas escuelas católicas en EEUU, pero se cerraron 90.

La Corte debía pronunciarse sobre la constitucionalidad del programa de cheques de Cleveland, que permite dar a las familias de bajos ingresos ayudas de hasta 2.250 dólares por niño para permitir la asistencia a escuelas privadas, las únicas que garantizan niveles dignos de enseñanza en una ciudad que tiene uno de los peores sistemas educativos públicos de América. La objeción de los que decían “no” a los cheques era que en la práctica se trataba de una forma de financiación a las realidades religiosas, dado que el 95% de las escuelas privadas que participan en el programa están ligadas a la Iglesia.

La mejor educación posible
Pero los jueces supremos han establecido por primera vez con claridad que hablar de escuelas privadas no significa necesariamente hablar de financiación pública de la religión. «Ningún observador razonable - ha escrito el presidente de la Corte, William H. Rehnquist, según el parecer de la mayoría firmado también por los jueces Sandra Day O’Connor, Antonin Scalia, Anthony M.Kennedy y Clarence Thomas - puede pensar que un programa neutral de elección privada, en donde la ayuda estatal alcanza a las escuelas religiosas exclusivamente como resultado de las numerosas decisiones independientes de individuos privados, lleve consigo el imprimátur del apoyo gubernamental a las Iglesias». El juez Thomas, uno de los miembros más conservadores de la Corte, ha ido todavía más lejos, acusando a los opositores a los cheques de razonar «según el ideal novelesco de la educación pública universal», en perjuicio de las familias menos pudientes «que quieren sencillamente la mejor educación para sus hijos, de la que ciertamente tendrán necesidad para prosperar en nuestra sociedad avanzada y altamente tecnificada».

Los cuatro jueces en minoría, dando voz a un movimiento anti cheques que hasta ahora podía escudarse en la presunta inconstitucionalidad de las ayudas y que ahora ha desaparecido, no han estado menos duros. El juez liberal John Paul Stevens ha expresado su malestar ante los espectros de los “desórdenes religiosos” en los Balcanes, en Irlanda del Norte y en Oriente Medio, para poner en guardia a EEUU: «Cada vez que quitamos un ladrillo del muro que se ha levantado para separar la religión y el gobierno, aumentamos el riesgo de tumultos religiosos y debilitamos los fundamentos de nuestra democracia».

Las reacciones de los que han trabajado en este campo se han caracterizado por la conciencia común de que la sentencia abre de nuevo todos los caminos en el terreno de la educación. «El debate cambiará ahora, habrá proyectos de ley, se producirán consultas, se producirá una actividad legislativa en todo el país», ha pronosticado David Brennan, un abogado de Cleveland, uno de los promotores del programa de los cheques. «Las batallas políticas están destinadas a crecer y a hacerse violentas», ha añadido Michael Guerra, presidente de la National Catholic Educational Association.

El caso Jonathan
Los sindicatos de profesores, que temen daños para las escuelas públicas si aumentan los recursos destinados a las privadas, afilan sus cuchillos. «Los cheques son una pésima política para la educación», ha dicho Sandra Feldman, presidente de la American Federation of Teachers.

El verdadero problema, para los partidarios de las ayudas escolares, será encontrar el dinero necesario para garantizar programas eficientes, en un país obligado a una política de recortes para hacer frente a la crisis económica y a los gastos de las acciones militares en curso y en proyecto. Pero incluso en una América que debe estar atenta a las cuentas, será difícil evitar confrontarse no solo con la sentencia de la Corte, sino también con las historias de niños cuya vida ha cambiado por un cheque escolar. Es el caso de Jonathan Galloway, 13 años, de Pensacola (Florida), que a pesar de las altas calificaciones conseguidas hasta hace dos años, cuando iba a la escuela pública, había llegado hasta la mitad de la enseñanza primaria sin apenas saber leer (y no es un caso aislado en EEUU). Ahora Jonathan va a la Sacred Heart Cathedral School, financiado gracias a un cheque, y, según su madre, Cassandra, su actitud hacia el estudio ha cambiado completamente: «Ahora se lleva al colegio los libros de Harry Potter... Pero sobre todo a empezado a valorarse y a tener confianza en sí mismo».